El peso colombiano continúa ganando terreno. Con su mayor apreciación en una década, abre la semana por debajo de los $3.300 y reaviva el debate sobre los efectos de un dólar barato.
Una caída del dólar puede sonar atractiva: el peso se fortalece, las importaciones se abaratan y viajar al exterior resulta más económico. Sin embargo, en una economía cuyo sector exportador sigue siendo altamente sensible a la tasa de cambio, un dólar barato también trae consigo grandes costos. Sectores como el cafetero, el bananero y el floricultor ven reducir sus ingresos cuando los dólares que reciben valen menos en pesos, afectando la inversión, el empleo y su capacidad para competir.
DATOS CLAVE
La divisa abrió la jornada del 14 de julio en $3.230, por debajo de la TRM de $3.248,87, y se mantuvo cerca de sus mínimos recientes, impulsada por un menor riesgo político, las altas tasas de interés locales y un entorno internacional que ha favorecido al peso colombiano.
La tasa de cambio toca mínimos no vistos desde inicios de 2020.
El peso colombiano se consolida como una de las monedas con mejor desempeño en América Latina durante 2026, con una apreciación de 22,6%.
Citi prevé que la debilidad global del dólar continuará respaldando al peso colombiano. El banco estima una tasa de cambio de $3.527 por dólar al cierre de 2026 y de $3.746 en 2027.
SECTORES PRODUCTIVOS BAJO PRESIÓN
Los principales gremios agroexportadores (café, flores, banano, aceite de palma, azúcar y aguacate advirtieron que la caída de 23% de la tasa de cambio en el último año ha reducido significativamente su competitividad internacional.
En el caso de los caficultores, el impacto es directo. Aun con cotizaciones favorables en los mercados internacionales, sus ingresos se ajustan a la baja cuando el dólar pierde valor frente al peso. Según Germán Bahamón Jaramillo, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), “la principal preocupación para las familias cafeteras continúa siendo la fuerte revaluación del peso colombiano, su impacto sobre el ingreso del productor y el debilitamiento del aparato exportador”.
Tan solo una variación de $100 en el dólar puede modificar en aproximadamente $34.000 millones el valor de las exportaciones de café, bajo el supuesto de que el volumen exportado no cambie.
A la apreciación del peso se suman otros factores que presionan la rentabilidad del sector exportador. Los costos laborales, logísticos y tributarios continúan pagándose en pesos, mientras que las nuevas exigencias regulatorias en los mercados internacionales podrían incrementar entre un 10% y un 12,5% los costos para productos como flores, azúcar y aguacate.
Para los gremios, el problema no es únicamente un dólar barato. La apreciación del peso coincide con mayores costos internos y nuevas exigencias regulatorias, una combinación que reduce los márgenes del sector exportador y limita su capacidad para invertir, generar empleo y mantener su competitividad en los mercados internacionales.
¿QUIÉNES SÍ SE BENEFICIAN DE UN DÓLAR BARATO?
Ahora bien, no todos pierden cuando cae la tasa de cambio. Para los consumidores y las empresas que dependen de bienes importados, un dólar más barato representa un alivio en los costos. Productos como tecnología, vehículos, maquinaria, medicamentos y materias primas pueden resultar más económicos, lo que también ayuda a contener presiones sobre la inflación.
El efecto también se siente en el bolsillo de quienes planean viajar al exterior. Con un peso más fuerte, los colombianos necesitan menos pesos para comprar dólares, lo que reduce el costo de tiquetes, alojamiento y gastos durante las vacaciones de mitad de año.
Las empresas que pagan licencias de software, servicios en la nube o insumos importados también pueden ver una reducción en sus costos operativos.
En contraste, para las personas que reciben ingresos en dólares (como algunos freelancers, consultores o trabajadores remotos contratados por empresas extranjeras) la apreciación del peso significa que, al convertir sus pagos a pesos colombianos, reciben menos dinero por el mismo trabajo.
Más allá de la coyuntura cambiaria, el desafío para Colombia no es solo convivir con un dólar barato, sino fortalecer la competitividad de su aparato exportador. En un comunicado, ANIF advirtió que “esta realidad exige ir más allá de la coyuntura de la tasa de cambio y enfocarse en la competitividad estructural y la mitigación del riesgo”.
En ese sentido, el reto pasa por diversificar la oferta exportable, incorporar mayor valor agregado a los productos y reducir la dependencia de la tasa de cambio como principal factor de competitividad.
