El exministro afirma que el gobierno Petro debilitó el sistema de salud y propone ajustes al modelo de aseguramiento, mayor transparencia y reglas estables para garantizar su recuperación.

A quien asuma la cartera del ministerio de la Salud le corresponderán algunos de los retos más duros del próximo gobierno. Hay ministerios en los cuales es posible diferir las decisiones, una obra civil puede ser muy importante, pero la sociedad puede funcionar sin ella. Sólo los servicios públicos esenciales afectan tanto la funcionalidad de una sociedad como la carencia de los servicios de salud.

Existe una relativa elasticidad frente a la cobertura de salud. En poblaciones donde los servicios han sido deficientes las poblaciones tienden a aceptar lo que los gobiernos les ofrecen. Los malos desenlaces de alta morbilidad y mortalidad suelen pasar desapercibidos. Sin embargo, cuando las poblaciones tienen una mayor apropiación y auto cuidado de su salud; tanto el acceso, como la calidad de la atención en salud, se transforman en asuntos de alta relevancia social.

Es el caso de países de altos ingresos y de aquellos que llegan a la cobertura universal, como Colombia. A partir de la Ley 100 de 1993 los colombianos nos acostumbramos a recibir del sistema de salud los servicios y medicamentos que requeríamos para mantener un buen estado de salud. No teníamos un sistema perfecto, porque esos no existen, pero el sistema colombiano logró el milagro de dar una cobertura decente de servicios, con un presupuesto extremadamente reducido que no supera los US$1,200 per cápita al año. Pero es un tremendo esfuerzo para la economía, que supera el 8% de nuestro Producto Interno Bruto anual.

Acceso y cobertura se lograron mediante la implantación de un modelo de aseguramiento social, la integración de todo el sistema hospitalario en un mercado que funciona con reglas universales y proporciona los mismos beneficios para toda la población sin distingo de condiciones socioeconómicas, formalidad laboral, capacidad de contribución, lugar de residencia, edad o riesgo de enfermar y de generar gasto médico.    

Colombia logró un nivel de desarrollo que no existe en ningún otro país de Latinoamérica y comparable a los sistemas más avanzados, como los de Holanda o Alemania. El eje de la transformación fue la integración de las capacidades públicas y privadas, bajo un modelo regulado y donde los incentivos de mercado se aplican de manera transversal, para alinear los agentes del sistema en modelos de contratación, mecanismos de pago y sistemas de gestión de riesgos de salud. 

Ese desarrollo fue sometido a un proceso de demolición intencionada por parte del gobierno Petro, bajo una visión miope y torpe. La propuesta de reforma Petro no tenía elementos de mejora; se basaba en una concepción ideologizada contra todo aquello que representara intervención privada y cualquier forma de lucro. Los resultados fueron desastrosos y se cuentan en miles de muertes evitables y en crecimiento inusitado de la carga de enfermedad.

La buena noticia es que el sistema resistió. Pero ha quedado en un estado lamentable, con dos crisis interconectadas: Una financiera y otra en el acceso a servicios medicamentos y tecnologías de salud. Cómo reflotar el sistema es el reto del gobierno entrante. 

Es urgente abordar en el corto plazo la crisis financiera, tema difícil con el deterioro fiscal que recibe el gobierno. Pero en simultánea es necesario solucionar varios problemas que arrastraba el sistema y que se agravaron en los anteriores cuatro años.

Hay que ajustar las reglas de funcionamiento del aseguramiento en salud que ejercen las EPS. Esto debe incluir límites a la cobertura de tecnologías médicas a partir de los modelos de costo efectividad, para los cuales el país ha desarrollado capacidades suficientes en el Instituto de Evaluación Tecnológica en Salud (IETS). El modelo de aseguramiento debe ser territorializado para generar especialización por regiones que permitan hacer más eficiente la gestión de la red de servicios y obtener resultados homogéneos. Hay que impulsar un modelo preventivo basado en los diferentes perfiles de riesgo de las regiones del país. Es urgente mejorar la gestión de información del sistema e implantar modelos de salud digital para evitar tanta oscuridad en las cuentas del sector y hacer transparente, y en línea, la información médica.

Pero también hay retos que atañen al sector privado. Se necesita invertir con reglas de juego explícitas y transparentes. Un sistema con cientos de millones de transacciones y toma de decisión en tantas manos, donde se generan rentas -y también oportunidades para la corrupción-, necesita una regulación de los conglomerados económicos y el ejercicio de posiciones dominantes; tal como existe en el sector financiero. La información sobre contratación, compra y pago debe ser pública y abierta, así como las relaciones societarias y eventuales conflictos de interés.

Lo anterior debe llevar a ajustes de la institucionalidad del sector para evitar que nuevos gobiernos -a punta de decisiones políticas- vuelvan a menoscabar el capital social de los colombianos que representa su sistema de salud. Estos son solamente algunos de los retos y desafíos para el nuevo ministro.

* Ex ministro de Salud, médico y máster en Economía de la Universidad Javeriana. Máster en Salud Pública / Salud Ocupacional de la Harvard School of Public Health, en Boston, y doctor en Salud Pública, del Instituto Nacional de Salud Pública de México.

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