El fútbol se concentró en los tres países anfitriones, pero se extendió por todo el mundo, lo mismo pasó con las transferencias financieras durante el torneo.
Ser anfitrión del Mundial de Fútbol es una gran responsabilidad que viene acompañada de ciertos beneficios como incremento en las visitas, aumento de la demanda hotelera y de servicios y una derrama económica para el país o las ciudades sede. En la última Copa del Mundo, a pesar de que Donald Trump quiso ser protagonista, la economía de su país no tuvo el mismo reflector.
Mientras el Presidente estadounidense celebraba anulaciones de tarjetas rojas en redes y se colaba en las fotos de la final, algunos negocios de su país seguían esperando el alza en ventas que venía como promesa implícita de ser el país con más partidos entre los tres anfitriones.
Según datos de la Oficina Nacional de Viajes y Turismo de Estados Unidos, durante la fase de grupos, que se llevó a cabo entre el 11 y el 27 de junio, las llegadas internacionales solo aumentaron 0,2% frente al mismo periodo del año anterior. En junio, disminuyó la llegada de turistas desde Europa (-1,2 %) y Asia (-5,6 %), dos regiones que dominan las llegadas internaciones, mientras que los viajeros de África (+13,8 %) y Sudamérica (+4,7 %) aumentaron las visitas.
En paralelo, de acuerdo con la empresa de análisis CoStar, aunque los hoteles de las ciudades sede del Mundial subieron las tarifas de las habitaciones, no experimentaron un aumento en la ocupación ni en la demanda.
Sin embargo, eso no quiere decir que los hinchas del fútbol no hubieran gastado miles de millones de dólares durante el evento deportivo más grande del mundo. Según datos de Visa, patrocinador oficial de la Copa del Mundo, las transacciones transfronterizas en las ciudades sede aumentaron casi 20% interanual durante el torneo, los aficionados de Colombia, Puerto Rico, Reino Unido, Argentina y Brasil generaron los niveles más altos de gasto internacional en ciudades sede.
El gasto se extendió por todo el globo, un caso destacable es el de Noruega, país que no había asistido a la fiesta mundialista en este siglo. La llegada del equipo vikingo a cuartos de final generó “importantes aumentos en el gasto de consumidores y en la actividad transaccional tanto dentro del país como a nivel internacional, mientras los aficionados apoyaban a su selección”, según datos de Visa. En Noruega, el volumen de transacciones prácticamente se duplicó durante los partidos, además, el gasto aumentó en más de 60 países de todo el mundo cuando jugó Noruega.
“La Copa Mundial demostró cómo los eventos globales pueden generar un valor económico de gran alcance para negocios, ciudades y comunidades. Durante unos días inolvidables, ciudades enteras cobraron vida con nuevos visitantes, nuevo gasto y nuevas oportunidades para los negocios locales. A través de la red de Visa, pudimos observar cómo estas economías surgían, se trasladaban de ciudad en ciudad y conectaban a millones de aficionados con los comercios y comunidades anfitrionas del evento deportivo más grande del mundo”, estableció afirmó Frank Cooper III, Líder Mundial de Marketing de Visa.
Si bien el Mundial si concentró operaciones financieras en las ciudades sede; algunas como Boston, Guadalajara, y Atlanta registraron una buena dinámica, la realidad es que el movimiento económico se desplegó a lo largo del globo y muchos negocios estadounidense apenas llegaron a las cifras que esperaban en sus proyecciones más cautas.
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