Tras un mes al frente de la compañía, Édgar Alfonso plantea la minería responsable como eje de su gestión y sostiene que Colombia necesita estabilidad jurídica y reglas claras para seguir atrayendo inversión.
El primer acto de Édgar Alfonso como presidente de Cerrejón no fue una reunión con inversionistas ni una presentación de resultados. Fue una visita a la comunidad wayuu de Kamusuchiwo’u, en Puerto Bolívar, donde recorrió proyectos de infraestructura, entregó una cancha de fútbol y compartió con los habitantes de una de las comunidades que participan en el proceso de consulta previa derivado de la Sentencia T-704 de la Corte Constitucional.
La escena marcó el tono de la administración que inició el 1 de julio, tras suceder a Claudia Bejarano. Alfonso quiso enviar un mensaje sobre el tipo de liderazgo que pretende ejercer: cercano al territorio, enfocado en el diálogo y convencido de que la sostenibilidad de la minería depende tanto de la confianza con las comunidades como de la eficiencia operativa.
“Me emociona iniciar esta nueva etapa desde el territorio, junto a las comunidades wayuu que hacen posible un relacionamiento directo y constructivo. Kamusuchiwo’u es un claro ejemplo de lo que podemos lograr cuando decidimos hacerlo juntos”, afirma a Forbes Colombia.
La comunidad hace parte de los acuerdos de consulta previa derivados de la Sentencia T-704. Allí se pactaron 14 iniciativas relacionadas con infraestructura, soluciones de agua, fortalecimiento cultural y generación de ingresos, de las cuales nueve ya fueron ejecutadas y tres se encuentran en desarrollo. En el conjunto del proceso, Cerrejón ha protocolizado 445 acuerdos con comunidades étnicas y ha cerrado formalmente 431, con 2.546 iniciativas sociales ejecutadas de manera autónoma por las propias comunidades.
Un mes después de asumir la presidencia, Alfonso tiene claro cuál quiere que sea el eje de su administración: demostrar que el debate sobre la minería en Colombia no debe plantearse como una disyuntiva entre producir o proteger el medio ambiente, sino como la posibilidad de hacer una minería responsable.
En ese escenario, sostiene que la prioridad será hacer sostenible a Cerrejón en todos los frentes. “La primera prioridad será siempre la seguridad de nuestra gente, porque no existe un resultado operativo más importante que la vida. La segunda es mantener una operación competitiva y eficiente que nos permita seguir generando oportunidades. Hoy Cerrejón genera más de 12.000 empleos directos e indirectos y queremos seguir siendo un motor de desarrollo para la región y el país. La tercera prioridad es fortalecer la confianza con las comunidades”, afirma. “La prioridad es hacer sostenible a Cerrejón en todos los sentidos”.
El directivo, quien hasta hace un mes se desempeñaba como director financiero de la compañía, cuenta con más de dos décadas de experiencia en la industria minera y energética. Antes de asumir la presidencia trabajó en operaciones de carbón, cobre, níquel, hierro y petróleo en Colombia, Brasil y Chile, una trayectoria que le permitió conocer distintas realidades de una industria sometida a profundas transformaciones.

Pero es al hablar del futuro de la minería cuando fija una de sus posiciones más claras. “Creo que el debate no debe ser entre producir o proteger. El verdadero desafío es hacer una minería responsable”. Como ejemplo, recuerda que Cerrejón destinó $446.000 millones durante 2025 a iniciativas de protección ambiental y a la construcción de un legado ambiental para La Guajira.
Sin embargo, sostiene que el futuro del sector no depende únicamente del esfuerzo de las empresas. “Colombia debe decidir si quiere ser un país minero. Si la respuesta es sí, necesitamos ofrecer confianza a la inversión mediante estabilidad jurídica y reglas claras”, señala. A su juicio, la minería requiere inversiones de largo plazo que solo pueden realizarse en entornos previsibles y con una política pública consistente.
Pese a su experiencia internacional, Alfonso asegura que una de las mayores fortalezas que encontró en Cerrejón no fue la tecnología ni la infraestructura, sino el compromiso de sus trabajadores. “Vi una operación con estándares comparables a los de las mejores empresas mineras del mundo y un equipo humano con un enorme orgullo por la camisa amarilla”, afirma. Ese sentido de pertenencia, dice, será uno de los principales activos sobre los que buscará construir la siguiente etapa de la compañía.
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