Tras cuatro años, el Banco Agrario llega al cambio de Gobierno con una cartera de $25 billones, desembolsos por $45,2 billones y una mayor apuesta por el crédito rural, la inclusión financiera y la digitalización.

Un banco más fuerte, más cercano y más moderno que hace cuatro años. Así es como define Hernando Chica Zuccardi, presidente de la entidad, la banca que entrega a Ana María Rincón en el proceso de transición gubernamental. Un empalme que no es menor: el Banco Agrario es la institución con mayor presencia territorial del sistema financiero colombiano y uno de los principales instrumentos de política pública para llevar crédito formal al campo.

Lo que se transfiere en esta transición es, entonces, más que una entidad financiera: es la herramienta que sostiene buena parte de la inclusión financiera rural del país.

El equipo de empalme del presidente electo Abelardo De la Espriella encendió las alarmas a finales de julio sobre el Banco Agrario de Colombia, al pedir a la administración saliente suspender contratos u operaciones financieras de alto impacto para proteger el patrimonio público durante la transición. En medio de ese contexto, Chica hace un balance de la gestión que deja sobre la mesa, con cifras que, según él, hablan por sí solas.

El balance en números

La transformación más visible está en el tamaño de la cartera. En 2022, los activos de crédito del Banco Agrario estaban en $16 billones. Hoy alcanzan $25 billones, un aumento de más de $8 billones. En paralelo, los desembolsos pasaron de niveles de entre $24-$25 billones a $45,2 billones, con un crecimiento del 62% en monto desembolsado.

Pero más que el tamaño, la composición de ese crédito muestra hacia dónde estuvo dirigida la estrategia. Cerca de 70% de los activos de crédito está concentrado en la cadena productiva del agro, mientras que más de 60% de los desembolsos se destinó a ese mismo sector.

Los pequeños productores fueron uno de los principales focos. Durante la administración recibieron más de $15,8 billones en desembolsos, con cerca de 957.000 productores beneficiados. La economía popular, por su parte, recibió más de $2,7 billones.

El banco también fortaleció el crédito asociativo, una de las apuestas de la administración para financiar no solo productores individuales, sino también comunidades y cadenas productivas. Por esta vía se desembolsaron cerca de $392.000 millones, beneficiando a más de 15.000 familias rurales.

En las líneas dirigidas a poblaciones específicas, más de 331.000 mujeres rurales y más de 101.000 jóvenes rurales accedieron a financiación durante la administración. En el caso de las mujeres rurales, los desembolsos crecieron 90% frente a los periodos anteriores y llegaron a niveles de $4 billones. En jóvenes rurales, el banco superó los $2 billones.

Para Chica, parte de esta estrategia responde a la necesidad de mantener la actividad productiva del campo y, al mismo tiempo, facilitar el relevo generacional de un sector que enfrenta un envejecimiento de su población.

Crecer sin deteriorar la cartera

El aumento del crédito también puso al banco frente a otro desafío: mantener la calidad de la cartera en un periodo marcado por tasas de interés elevadas y dificultades para algunos sectores agropecuarios. El indicador de cartera vencida alcanzó sus niveles más altos en 2023 y 2024, en medio del aumento de las tasas de interés y las afectaciones que enfrentaron cadenas como el café y el cacao.

Hoy, el indicador de cartera vencida se ubica en 7,69%, según las cifras entregadas por el banco. La entidad cuenta además con una cobertura de cartera vencida superior al 100% y un indicador de solvencia de entre 16% y 17%, por encima del mínimo regulatorio de 9%.

El banco atribuye este comportamiento a una combinación de provisiones prudenciales, garantías, seguros y acompañamiento a los productores. El crecimiento también estuvo acompañado por capitalizaciones: junto con el Grupo Bicentenario, la administración retuvo hasta 60% de las utilidades para fortalecer el patrimonio.

Un desempeño que se refleja también en los resultados financieros. Desde agosto de 2022, el Banco Agrario ha generado utilidades acumuladas superiores a $2,2 billones. En el último periodo señalado por Chica, la entidad registra utilidades cercanas a $1,5 billones. Cerca de 50% de las utilidades generadas durante el periodo fue capitalizado o destinado al fortalecimiento patrimonial.

Así, el balance financiero de estos cuatro años está marcado por dos variables que deben avanzar de manera simultánea: una mayor colocación de crédito y la capacidad de sostener esa expansión con niveles de solvencia, provisiones y calidad de cartera que permitan absorber los riesgos del negocio.

La inclusión como parte del negocio

La banca pública cumple un rol fundamental en las economías del mundo, complementa los servicios que ofrece la banca privada, especialmente en zonas de baja cobertura o con poblaciones históricamente vulneradas; en pocas palabras, está donde el negocio deja de ser rentable para los privados.

Durante estos cuatro años, la entidad vinculó cerca de 1,5 millones de clientes. De ellos, más de 200.000 tuvieron su primera experiencia con crédito formal. El banco también reporta 193.219 personas incorporadas al sistema financiero formal y más de 607.000 nuevos clientes de ahorro, según los diferentes cortes utilizados por la entidad.

El foco está especialmente en los segmentos con mayores barreras de entrada.:

  • El Banco Agrario concentra 51% de la colocación de microcrédito del mercado y mantiene una relación crediticia con más de 740.000 pequeños productores.
  • La entidad también asegura que cerca de 800.000 familias de pequeños productores y de baja escala han tenido acceso a crédito de inclusión.
  • En paralelo, más de 70% de los activos de crédito está asociado a objetivos de desarrollo sostenible.
  • Una apuesta que también se refleja en la cobertura física. El Banco Agrario tiene presencia en 99% del territorio nacional y es la única presencia bancaria en 460 municipios.
  • Su red cuenta con 796 oficinas y 141 puntos Banco Agrario Más Cerca. A esto se suman más de 1.100 brigadas de atención realizadas durante los últimos tres años y medio, con las que la entidad ha llevado crédito, educación financiera y otros servicios a veredas y barrios.

El giro hacia los canales digitales

Si el crecimiento de la cartera es uno de los grandes cambios financieros, la transformación tecnológica es probablemente el más visible en la operación diaria. Hace cuatro años, cerca de 40% de las transacciones se realizaban por canales no presenciales. Hoy esa proporción supera 56%.

El cambio también alcanzó el proceso de crédito. El 100% de las solicitudes de pequeños y medianos productores nace actualmente de manera digital y se tramita por esa vía hasta la aprobación y el desembolso. Más de 30.000 solicitudes de crédito pasan por el nuevo proceso digital asistido, que incorpora biometría, firma electrónica y garantías desmaterializadas. Según el banco, esto ha permitido reducir hasta cinco días los tiempos de aprobación.

La entidad también reporta más de 430.000 billeteras Bico activas, de las cuales más de 84% corresponde a mujeres. En el sistema de pagos inmediatos, el banco registra más de 2,1 millones de transacciones por $1,1 billones.

“Soy un convencido de que no se le puede dejar todo a la tecnología”, dice Chica. Para el presidente, la digitalización debe servir para hacer más eficiente la operación, ampliar los canales y reducir tiempos, pero sin perder el contacto con los clientes, especialmente en las zonas rurales.

En esa misma línea, el banco habilitó Wi-Fi gratuito en sus oficinas, una medida que ha generado más de 2 millones de sesiones y 409.000 usuarios, según las cifras entregadas por la entidad.

Parte de esos recursos se ha utilizado para fortalecer el patrimonio. Cerca de 50% de las utilidades generadas durante el periodo fue capitalizado o destinado a ese fortalecimiento. La combinación es importante para una entidad pública cuya misión no es únicamente rentabilizar el capital, sino también atender segmentos donde la banca comercial enfrenta mayores costos o menores incentivos para operar.

El desafío ha sido, precisamente, mantener ambos objetivos al mismo tiempo: ampliar la inclusión financiera sin deteriorar la solidez del banco.

Lo que queda sobre la mesa

La nueva administración recibirá varios proyectos todavía en ejecución. Entre ellos la Carpeta Única, que busca integrar en un solo sistema la información de los clientes y que, según Chica, registra un avance cercano a 85%.

También avanzan los desarrollos asociados a Open Finance y Open Data, nuevas etapas de digitalización del crédito y la transformación tecnológica de la tesorería. A esto se suman el crédito digital para nuevos clientes y economía informal, un hub de recaudos, una futura cuenta de nómina digital, proyectos relacionados con remesas internacionales y factoring digital. En este último caso, el modelo operativo y de negocio ya está definido, el proveedor fue seleccionado y las pruebas de integración tecnológica fueron superadas, según la entidad.

Los retos que recibe la nueva administración

Uno de los principales desafíos está relacionado con el riesgo climático. La exposición del Banco Agrario a las actividades agropecuarias hace que fenómenos como El Niño puedan tener efectos sobre la producción, los ingresos de los productores y, en consecuencia, sobre la cartera.

A esto se suma la entrada de nuevos jugadores al sistema financiero, desde fintech hasta bancos digitales, en un contexto de mayor competencia y avance del Open Finance. El banco tendrá que mejorar sus niveles de eficiencia y velocidad de respuesta sin perder la presencia territorial que constituye una parte central de su modelo.

La seguridad digital será otro frente. A medida que aumenta la operación por canales digitales, también crecen los riesgos asociados a ataques cibernéticos y protección de datos. Para responder a ese escenario, la entidad asegura haber invertido en un nuevo centro de monitoreo.

Fuera de los asuntos estrictamente financieros y tecnológicos, quedan además retos que atraviesan al campo colombiano: la seguridad en los territorios, la formalización de la propiedad rural, el ordenamiento productivo, la infraestructura, la agrologística y el relevo generacional.

El Banco Agrario llega así al cambio de Gobierno con una cartera de $25 billones, desembolsos por $45,2 billones, utilidades acumuladas superiores a $2,2 billones desde agosto de 2022 y presencia en 99% del territorio nacional. Son cifras que muestran el crecimiento de la entidad durante los últimos cuatro años, pero también dejan una agenda abierta para la administración que comienza: mantener la calidad de la cartera, enfrentar los riesgos del sector agropecuario, competir en un sistema financiero más digital y sostener la cobertura en los territorios donde el acceso al crédito sigue siendo más limitado.

El balance, en últimas, no solo estará en cuánto crédito logre colocar el Banco Agrario en los próximos años, sino en qué tan sostenible resulta esa expansión frente a los riesgos financieros, climáticos y competitivos que enfrenta la entidad.

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