El Índice de Capacidades Financieras de ANIF ubicó a las mipymes colombianas en un nivel intermedio y evidenció que menos del 30% se financia con la banca tradicional.

Durante años el debate sobre las mipymes en Colombia se ha concentrado en la falta de crédito. Sin embargo, la Encuesta MiPyme ANIF 2025-2026 plantea un problema más profundo: la salud financiera de las empresas depende tanto del acceso a recursos como de la capacidad para administrarlos.

La encuesta, realizada con el apoyo de Bancóldex, el Banco de la República y CAF, y aplicada a 2.531 empresas del país, incorporó por primera vez un Índice de Capacidades Financieras (ICF), una medición que evalúa no solo el acceso a productos financieros, sino también el conocimiento, las actitudes y los comportamientos de los empresarios frente a la gestión de sus finanzas.

El resultado nacional fue de 65,3 puntos sobre 100, una calificación que el estudio ubica en un nivel intermedio.

Aunque el promedio muestra una capacidad financiera moderada, el índice revela una brecha evidente entre los diferentes tamaños de empresa. Las unidades de subsistencia obtuvieron 63,1 puntos y las microempresas 65,0, mientras que las pequeñas alcanzaron 69,3 y las medianas llegaron a 73,6. La relación es lineal: entre más grande la empresa, mayor su capacidad financiera.

El problema no es saber, es planificar

El hallazgo más revelador del informe es que el principal desafío no está en el conocimiento financiero. De hecho, ese es el componente con mejores resultados en todos los segmentos empresariales, con puntajes que oscilan entre 70,5 y 73,6 puntos.

La mayor debilidad aparece en las actitudes financieras. Este componente, que mide la capacidad de planificar, ahorrar, anticipar riesgos y tomar decisiones de largo plazo, obtuvo los puntajes más bajos del índice, entre 54,2 y 63,8 puntos.

La cifras son demostrativas: el 71,2% de las empresas de subsistencia prefiere “seguir su instinto” en lugar de hacer planes financieros detallados, y el 23,4% no elabora un presupuesto periódico para su negocio. No es que no sepan qué es un presupuesto o un plan financiero; es que, en la práctica, no lo hacen.

Esa misma brecha aparece en el uso de productos financieros. Mientras las cuentas de ahorro, las billeteras digitales y las tarjetas débito son ampliamente conocidas por la mayoría de las empresas, el conocimiento y la utilización de instrumentos como el leasing, el factoring, el capital de riesgo o el crowdfunding disminuyen considerablemente, especialmente entre las empresas de menor tamaño.

La preparación define la capacidad de resistencia

El estudio muestra que las diferencias en capacidades financieras también se reflejan en la manera como las empresas enfrentarían una eventual crisis.

Ante un choque como el robo de activos, el 44,5% de las medianas empresas recurriría a ahorros destinados para emergencias. En contraste, solo el 26,6% de las unidades de subsistencia utilizaría ese mecanismo, mientras que una mayor proporción dependería de préstamos de familiares o simplemente admitió no haber pensado cómo respondería ante una situación similar.

Algo parecido ocurre con la protección del negocio. El uso de seguros aumenta conforme crece el tamaño de la empresa, al pasar del 15,6% entre las unidades de subsistencia al 24,3% entre las medianas empresas.

Incluso la separación entre las finanzas del hogar y las del negocio —un indicador básico de formalización financiera— muestra la misma brecha: el 44,7% de las unidades de subsistencia mezcla ambas cuentas, frente a solo 8,5% de las medianas empresas.

Crédito, el reto pendiente

Las mipymes colombianas no siempre permanecen alejadas del sistema financiero porque el crédito les sea negado. La razón más frecuente para no solicitar un préstamo durante el último año fue, sencillamente, que no lo consideraban necesario, una respuesta que aparece en todos los tamaños de empresa y que alcanza el 35,2% entre las medianas. A ello se suman la preferencia por evitar el endeudamiento y la percepción de que los costos financieros siguen siendo elevados.

El resultado es que menos del 30% de las mipymes se financia con banca tradicional, y la mayoría arranca su negocio con recursos propios – entre 42,5% y 50,8% según el tamaño – o ayuda de amigos y familiares. Entre quienes sí creen que un banco les rechazaría el crédito, las razones cambian con el tamaño de la empresa: en subsistencia y microempresas pesa la falta de historial crediticio (23,8% y 29,3%); en las pequeñas, la insuficiencia de garantías (31,9%); y en las medianas, ya no es un problema de acceso sino de calidad del historial: lo que más temen son los reportes negativos en centrales de riesgo.

Más allá del acceso al crédito, el estudio sugiere que una parte importante de las barreras proviene de la propia demanda: el desconocimiento de algunos instrumentos financieros, la autoexclusión y la poca disposición a utilizar mecanismos de financiación continúan limitando el desarrollo de las empresas.

Un panorama que resulta especialmente relevante si se tiene en cuenta el peso de este segmento en la economía. Las mipymes representan cerca del 99% del tejido empresarial colombiano y generan alrededor del 40% del Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, continúan siendo particularmente vulnerables a los choques económicos debido a sus limitaciones para acceder a capital, fortalecer su planeación financiera y construir mecanismos que les permitan enfrentar periodos de incertidumbre.

Reportado por Luisa Triana

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