La llegada del nuevo gobierno coincidió con una ola de adquisiciones, inversiones y consolidación empresarial. El reto ahora será convertir ese giro en más exploración, mayores reservas y crecimiento.

Ante un auditorio lleno de empresarios, ejecutivos y expertos reunidos en el Congreso Colombia Genera de la Andi, en Cartagena, Felipe Bayón lanzó una idea que entonces iba a contracorriente de la política energética del país. La soberanía energética, dijo el CEO de GeoPark y expresidente de Ecopetrol, no era únicamente una discusión ambiental, sino una decisión económica.

Colombia -que durante décadas fue autosuficiente en petróleo y gas- empezaba a depender cada vez más de las importaciones de gas, con efectos directos sobre los costos de los hogares, la industria y la generación eléctrica. El país, insistió Bayón, dispone de recursos suficientes. Lo que hace falta es la decisión de desarrollarlos.

Aquella intervención -en marzo- ocurrió cuando el debate energético seguía dominado por la transición hacia fuentes renovables y por la decisión del gobierno de Gustavo Petro de no firmar nuevos contratos de exploración de hidrocarburos. Meses después, el escenario cambió de manera radical.

Con la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia, la seguridad energética está en el centro de la agenda económica. El nuevo gobierno se propone recuperar la autosuficiencia en gas y producir más petróleo, y reabrir el debate sobre el desarrollo de los yacimientos no convencionales mediante fracking, una tecnología que la administración anterior pretendió prohibir con varios proyectos de ley que llevó al Congreso.

El mensaje quedó aún más claro con la designación de Luis Felipe Henao como presidente de la junta directiva de Ecopetrol. En una reciente columna en El Tiempo, el exministro defendió la aplicación inmediata del fracking y sostuvo que el país ya no tiene tiempo para seguir realizando proyectos piloto mientras disminuyen las reservas de hidrocarburos. “Fracking sí, pero fracking ya”, escribió, al plantear que una de las prioridades de la nueva junta será impulsar el desarrollo de los yacimientos no convencionales para recuperar la autosuficiencia energética.

Felipe Bayón, CEO de Geopark. Foto: Geopark.

Las cifras ayudan a explicar ese giro. El más reciente Informe de Recursos y Reservas de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) mostró que las reservas probadas de petróleo cerraron 2025 con un horizonte cercano a siete años, mientras que las de gas descendieron hasta 1.717 giga pies cúbicos, suficientes para menos de cinco años de consumo al ritmo actual de producción. Más preocupante aún, las reservas probadas de gas se han reducido cerca de 46% en el último quinquenio, según Naturgas.

Para Luz Stella Murgas, presidenta del gremio, ese comportamiento es un llamado urgente a acelerar el desarrollo de nuevos proyectos. “Colombia tiene gas natural atrapado en tierra firme y costa afuera, y dispone del conocimiento técnico para desarrollarlo”, afirmó, al sostener que el cambio de gobierno representa una oportunidad para recuperar la confianza, atraer inversión y fortalecer la seguridad energética.

La preocupación no proviene únicamente de los productores de gas. Frank Pearl, presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas (ACP), ha advertido que, de mantenerse las tendencias actuales de exploración y producción, Colombia podría enfrentar un fuerte deterioro de su autosuficiencia petrolera hacia el final de la década, con consecuencias sobre las finanzas públicas, la balanza externa y la competitividad de la economía.

Ese contexto ayuda a explicar por qué el sector vive hoy una de las mayores reconfiguraciones de los últimos años. No solo está cambiando la política energética. También empieza a cambiar el mapa empresarial.

La semana pasada, la canadiense Gran Tierra Energy acordó vender la totalidad de sus activos de exploración y producción en Colombia y Ecuador a la francesa Maurel & Prom por un valor de US$1.330 millones, poniendo fin a más de dos décadas de operaciones como uno de los principales productores independientes del país.

Aunque Gran Tierra deja el país, los activos permanecen en manos de un operador internacional con experiencia en hidrocarburos y capacidad financiera para continuar su desarrollo. En otras palabras, el capital no desaparece; cambia de dueño.

La operación refleja una tendencia que empieza a tomar fuerza en la industria. El sector no atraviesa un retiro generalizado del capital extranjero. Mientras algunos inversionistas monetizan activos desarrollados, otros aprovechan el momento para ganar escala y fortalecer su presencia en Colombia.

El capital vuelve a moverse

La venta de Gran Tierra no fue un hecho aislado. En marzo, el conglomerado filipino Prime Infrastructure Capital, controlado por el multimillonario Enrique K. Razon Jr., acordó adquirir SierraCol Energy al fondo estadounidense Carlyle en una operación que, según fuentes del mercado, rondó los US$1.500 millones.

Con una producción cercana a los 77.000 barriles equivalentes diarios y activos emblemáticos como Caño Limón y La Cira-Infantas, SierraCol representa una de las apuestas más importantes por el sector petrolero colombiano en los últimos años y la primera gran inversión internacional del grupo filipino en petróleo y gas.

La consolidación también alcanzó antes a Frontera Energy. La compañía decidió salir del negocio de exploración y producción en Colombia para concentrarse en infraestructura. Sus activos pasaron a manos de Parex Resources mediante una operación valorada en US$525 millones, una de las mayores consolidaciones recientes del sector.

Orlando Cabrales, CEO de Frontera Energy.

Para Orlando Cabrales, presidente de Frontera Energy, la transacción responde a un proceso que la industria colombiana tenía pendiente desde hace varios años.

“Es una buena noticia para el país”, afirma. A su juicio, compañías de mayor escala tendrán más capacidad de inversión, mejor acceso al mercado de capitales y mayores eficiencias operativas.

Enrique K. Razon Jr. es el presidente de International Container Terminal Services (ICTSI), operador portuario filipino con 34 terminales en 20 países, entre ellos, la Sociedad Portuaria Industrial Aguadulce, en Buenaventura.

Cabrales recuerda que Brasil atravesó un proceso similar hace algunos años. La consolidación, sostiene, terminó fortaleciendo a los operadores y elevando su capacidad de inversión. Colombia, considera, comienza ahora un camino parecido.

GeoPark también comenzó a materializar esa estrategia. La petrolera, ahora bajo el control del Grupo Gilinski, mantuvo estable su producción durante el segundo trimestre y aceleró su actividad operativa tanto en Colombia como en Argentina. En Vaca Muerta ya perforó cinco pozos y avanza en un plan de inversión superior a US$1.000 millones para elevar su producción hasta cerca de 20.000 barriles equivalentes diarios en los próximos tres años. Paralelamente, consolidó su nuevo gobierno corporativo con el ingreso de Gabriel y Dorita Gilinski a su junta directiva.

Vista en conjunto, estas operaciones muestran algo más que un cambio de propietarios. La industria petrolera colombiana avanza hacia una etapa de consolidación, con activos cada vez más concentrados en compañías de mayor escala, capacidad financiera y acceso al capital internacional.

En ese nuevo mapa hay un actor cuyo papel seguirá siendo determinante: Ecopetrol.

Un mercado que vuelve a sonreír

El giro de la política energética colombiana coincide con un momento favorable para la industria petrolera mundial.

Después de varios años marcados por la volatilidad, el Brent volvió a estabilizarse alrededor de los US$80 por barril, un nivel que mejora la rentabilidad de los proyectos de exploración y producción y vuelve a hacer atractivas inversiones que hace apenas dos o tres años parecían más inciertas.

Ese entorno ayuda a explicar por qué el capital vuelve a mirar al sector. También explica los resultados de Ecopetrol. Durante el segundo trimestre de 2026, la compañía obtuvo una utilidad neta atribuible a sus accionistas de $6,1 billones, un crecimiento de 235% frente al mismo periodo del año anterior y el mejor resultado trimestral desde finales de 2022. En el primer semestre acumuló ganancias por $9 billones, prácticamente el mismo nivel obtenido durante todo 2025.

La empresa atribuyó buena parte de esa recuperación al mayor precio del Brent y a los mejores márgenes de refinación, factores que aportaron cerca de $5,6 billones a sus resultados semestrales. Una muestra de hasta qué punto la evolución del mercado internacional sigue siendo determinante para las finanzas de la principal empresa del país y, por extensión, para una parte importante de los ingresos fiscales de Colombia.

Justo cuando el mercado vuelve a recompensar la producción de hidrocarburos, Colombia inicia un giro en su política energética para recuperar reservas, estimular la inversión y aumentar la producción nacional.

En ese escenario, el papel de Ecopetrol vuelve a ser determinante.

La pieza que falta

La petrolera estatal sigue siendo responsable de cerca del 60% de la producción nacional de hidrocarburos y una de las principales fuentes de ingresos fiscales del país. Por eso, cualquier cambio en su estrategia de inversión, exploración y producción trasciende a la compañía y termina reflejándose en la economía colombiana.

Más allá del debate sobre el fracking, el desafío consiste en aumentar las reservas, acelerar el desarrollo de proyectos de gas como Sirius, fortalecer la exploración y aprovechar con mayor intensidad los campos maduros mediante técnicas de recobro mejorado. En todos esos frentes, Ecopetrol será el principal vehículo de la nueva política energética.

Luis Felipe Henao, presidente de la Junta Directiva de Ecopetrol.

La compañía llega a esta nueva etapa con una base operativa sólida. Además de la recuperación de sus resultados financieros, ha mantenido el desarrollo de proyectos estratégicos de gas y consolidado su diversificación en transmisión de energía e infraestructura, una estrategia que probablemente convivirá con el renovado énfasis del Gobierno en los hidrocarburos.

Pero el mayor desafío sigue siendo el mismo: reemplazar las reservas que Colombia consume cada año.

Los datos de la ANH muestran que, aunque las reservas probadas de petróleo lograron estabilizarse en 2025, el deterioro continúa siendo evidente en gas natural, precisamente el combustible llamado a respaldar la transición energética y garantizar el abastecimiento del país durante las próximas décadas.

En ese contexto, la discusión dejó de centrarse exclusivamente en la transición energética para volver a una pregunta más elemental: cómo garantizar que Colombia disponga de la energía suficiente para sostener su crecimiento económico.

Un nuevo ciclo

Hace apenas unos meses, Felipe Bayón advertía en Cartagena que la soberanía energética era, ante todo, una decisión económica. Hoy esa discusión ya no pertenece únicamente a la industria. Se convirtió en una de las principales banderas del nuevo gobierno y empieza a reflejarse en las decisiones de inversionistas, operadores y fondos internacionales que vuelven a mirar a Colombia.

La sucesión de operaciones corporativas de los últimos meses -la llegada de Prime Infrastructure a SierraCol, la compra de los activos de Frontera por Parex y la adquisición de Gran Tierra por Maurel & Prom- muestra que, pese a los años de incertidumbre, el país sigue contando con activos capaces de atraer capital internacional. Al mismo tiempo, compañías como GeoPark aceleran sus inversiones regionales, mientras Ecopetrol se prepara para desempeñar un papel central en la nueva estrategia energética.

El desafío, sin embargo, apenas comienza. Recuperar la autosuficiencia requerirá algo más que un cambio de discurso. Implicará transformar las nuevas señales políticas en proyectos de exploración, reposición de reservas, desarrollo de gas y producción sostenible, en un sector donde las decisiones de inversión tardan años en traducirse en barriles.

Más allá del debate sobre el fracking, lo que está en juego es la capacidad de Colombia para preservar una actividad que sigue siendo estratégica para su economía. El petróleo y el gas continúan representando una parte sustancial de las exportaciones, de la inversión extranjera directa y de los ingresos fiscales del país. La discusión, en últimas, no es únicamente energética: también es sobre crecimiento, competitividad y estabilidad macroeconómica.

El resultado de ese giro tardará en medirse. Lo que ya empezó a cambiar es el mapa del petróleo colombiano.

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