La frase del nuevo Presidente pone la responsabilidad del “milagro” en todos. El fin ahora no es sobrevivir, sino progresar.
“Ha llegado el momento de poner al servicio del progreso el carácter con el que durante décadas hemos enfrentado la adversidad” fue una de las frases pronunciadas por el nuevo Presidente de la República al cierre de su discurso de posesión, y probablemente uno de los cimientos más importantes para lograr el “milagro”.
En el ámbito empresarial, quisiera interpretar esta frase como un reto a las compañías colombianas a ponerse grandes metas, recordándoles que tienen las capacidades para lograrlas. Les pide que sean el director técnico del partido de fútbol que piensa y planea la victoria, y no el arquero que se dedica a evitar los goles.
Les pide ser aún más ambiciosas y construir una historia de progreso: que no se concentren simplemente en arreglar sus problemas y ejecutar acciones para proteger su parcelita, sino en lograr una meta ambiciosa de innovación y conquista de otros mercados. Las invita, como decía Carlos Enrique Piedrahíta, ex-CEO de Nutresa, a hacer lo máximo posible, no lo mínimo exigido.
Les pide invertir ahora, a pesar de que los riesgos siguen siendo altos, para que esa inversión sea un mitigante de dichos riesgos y un catalizador del progreso, y alcance una mayor rentabilidad.
El trabajo de las empresas colombianas no terminó con su contribución a que se presentara el cambio en el ciclo político. El siguiente paso para demostrar que el modelo de país del anterior Presidente no trae desarrollo es participar activamente en la implementación del modelo por el que se votó en la anterior elección, para que la profecía se cumpla a sí misma.
Pienso que la frase reconoce también el carácter con el que nuestras empresas enfrentaron los problemas, recordándonos que están vigentes las capacidades para alcanzar metas ambiciosas. Capacidades adquiridas gracias al carácter formado luego de afrontar dificultades no solo en el último cuatrienio, sino en varias décadas de historia. Haber sobrevivido en un país con guerrilla, narcotráfico, corrupción (del Estado y del sector privado) y deficiencias del sistema de justicia (entre muchos otros obstáculos) da todas las credenciales a las empresas colombianas para tener éxito.
Coordinarse para alcanzar el progreso
Ninguno de esos problemas se ha arreglado, y difícilmente se arreglarán si el sector público y el privado no trabajan coordinadamente para lograr el “milagro”. No puede el sector privado comportarse como el empleado mediocre que echa la culpa a su jefe de todo lo malo que pasa en su trabajo y se echa flores por todo lo bueno. Debe asumir su rol y responsabilidad.
Es un juego de señales y acciones. El discurso del nuevo Presidente envió ya señales de política que deberían empezar a traducirse en acciones, para que sean creíbles y generen la confianza que permitiría esa coordinación. Es lógico esperar ahora que las empresas respondan también con señales contundentes.
La principal señal que deben dar las empresas es volver a invertir, desengavetando proyectos y estructurando otros aún más ambiciosos. Hacerlo ahora mismo, en medio de los actuales riesgos, convierte esa decisión en una señal costosa y creíble, y permite también esperar mayores rentabilidades que las que lograrían si esperan a que el “papá gobierno” arregle todo antes de empezar a comprometer el capital.
Los que esperen para invertir a que se arregle el lío fiscal y bajen los costos de capital, a que el país esté libre de violencia, a que se arregle el lío de la salud, a que cambien las normas que hacen difíciles los trámites de licenciamiento, a que pase el fenómeno de El Niño, etcétera, probablemente no solo tendrán rentabilidades menos atractivas y correrán el riesgo de que otros les quiten participación de mercado, sino que pondrán en riesgo la coordinación que se necesita para arreglar estos mismos problemas.
La mejor estrategia de defensa ante los problemas del país es entonces el ataque. La inversión es necesaria para crecer y para que se arregle el problema fiscal, para generar empleo y bajar la delincuencia, y para generar impuestos que, entre otras cosas, vuelvan viable el sistema de salud y permitan el correcto funcionamiento del arreglo energético del país. Para generar equidad.
El lobby que las empresas llevan a cabo en el Congreso es también parte de esa coordinación. Promover y apoyar proyectos de ley que busquen generar competitividad con impuestos más progresivos, por ejemplo, debería tener más impacto en el “milagro” deseado que el mal cabildeo que realizan algunas compañías que piensan en lo individual y no en lo colectivo, es decir, que piensan en proteger su tajada de la torta y no en hacerla crecer.
La frase del nuevo Presidente pone la responsabilidad del “milagro” en todos. El fin ahora no es sobrevivir, sino progresar. Es el momento de que las empresas muestren su carácter invirtiendo, resistiéndose a ser parte de las prácticas corruptas, apoyando buenas iniciativas políticas y no solo a políticos que les hagan favores, pagando los impuestos que hay que pagar y pensando ambiciosamente.
Por: Felipe Gómez Bridge*
*El autor es Managing Director de Ashmore Colombia.
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