La nueva administración ha reducido la incertidumbre entre inversionistas y empresarios, pero la emergencia encuentra al país con poco margen fiscal. La ANDI plantea que recuperar la confianza debe traducirse en inversión, empleo y cohesión social.

Colombia comienza a mostrar un cambio en el ánimo de empresarios e inversionistas, impulsado por las expectativas frente al nuevo Gobierno. Sin embargo, el terremoto de magnitud 7,4, que deja 288 fallecidos, plantea una prueba inesperada: financiar la reconstrucción en medio de unas cuentas fiscales ya deterioradas.

Algunas señales financieras respaldan esa percepción. Según Bloomberg, las empresas colocaron cerca de $4 billones en bonos en el mercado colombiano durante los primeros siete meses de 2026, superando todo lo emitido en 2025. Por ahora, buena parte corresponde a entidades financieras refinanciando deuda, pero comienza a aparecer actividad fuera del sector bancario.

La agencia señala que el cambio hacia un Gobierno percibido como favorable al mercado ha aumentado el apetito por los activos colombianos. Los TES con vencimiento en 2028, por ejemplo, registran rendimientos cercanos al 12,2%, frente al 14,7% alcanzado en mayo.

José Ignacio López, presidente de ANIF, dijo a Bloomberg que existe interés del sector privado por retomar planes de inversión. La entidad estima que la inversión empresarial podría aumentar desde alrededor del 16% del PIB en 2025 hasta el 18% en los próximos dos años.

A ese ambiente se suma la respuesta empresarial a la emergencia. Más de 500 empresas aportaron $201.000 millones para la reconstrucción durante el 11° Congreso Empresarial Colombiano de la ANDI, que finalizó el viernes en Cartagena.

“Es clave la posibilidad de construir esperanza, se emprende, de que las empresas inviertan y, si algo he sentido, es que tenemos un mejor estado de ánimo”, dijo Bruce Mac Master, presidente de la ANDI, al cierre del encuentro.

Mac Master considera que Colombia necesita recuperar el optimismo después de años de confrontación, aunque advirtió que “no es volver al statu quo”. A su juicio, el país tiene ahora una sociedad “más exigente e impaciente”, con millones de personas que buscan mejorar sus condiciones de vida.

La factura de la reconstrucción

El terremoto, sin embargo, cambia parte de la ecuación. Una primera estimación de Munir Jalil, economista jefe de BTG Pactual, calcula que la reconstrucción podría requerir más de $20 billones, alrededor de 1% del PIB.

El antecedente de 1999 muestra la dimensión potencial del desafío. Andrés Pardo, de XP Investments, recuerda que el terremoto del Eje Cafetero produjo pérdidas estimadas en 2,2% del PIB y exigió recursos públicos para la reconstrucción equivalentes a cerca de 1% del producto durante tres años.

El Gobierno cuenta ahora con instrumentos contingentes, entre ellos US$450 millones del Banco Mundial cuyo desembolso ya fue anunciado y una facilidad del BID por hasta US$400 millones. Pero son recursos que cubrirían solo una fracción de una reconstrucción de gran escala.

César Pabón, gerente de Investigaciones de Corficolombiana, advierte que un esfuerzo adicional cercano a 1% del PIB llegaría cuando el déficit fiscal ronda el 8% y la deuda supera el 60% del PIB, según cifras mencionadas por el ministro de Hacienda.

Ese contraste resume el desafío que enfrentará el nuevo Gobierno: convertir la mejora de la confianza en inversión y crecimiento mientras encuentra cómo pagar la reconstrucción y ordenar las finanzas públicas.

Mac Master lo planteó en términos más amplios: “No basta con crecer”. Para el presidente de la ANDI, el crecimiento debe producir más empleo, mejores condiciones de vida y cohesión social. “Los países no cambian cuando cambian los gobiernos, sino cuando toda la voluntad de la sociedad cambia de dirección”.

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