Mientras el turismo colombiano gana terreno como fuente de divisas, las agencias enfrentan una caída de 3% en el empleo, el impacto de la apreciación del peso y mayores costos laborales.
Colombia sigue ganando terreno como destino turístico internacional y el sector apunta a cerrar el año con más de US$12.000 millones en divisas. Sin embargo, detrás de ese crecimiento hay una señal que empieza a preocupar a las agencias de viajes: sus ingresos nominales caen 1,3% y el empleo se contrae 3%, según las cifras monitoreadas por la Asociación Colombiana de Agencias de Viajes y Turismo (Anato).
La explicación está en una combinación de factores que continúa apretando los márgenes de las empresas: la apreciación del peso frente al dólar, el incremento de los costos laborales, las altas tasas de interés y la informalidad están poniendo presión sobre un negocio que, pese a su crecimiento en el flujo de viajeros, todavía no logra convertir toda esa dinámica en mayor empleo para las agencias.
“Tenemos una diferencia en cambio alrededor de un 20% desde el año pasado a este. Nunca habíamos tenido una caída del dólar y una apreciación del peso tan rápido en tan corto tiempo”, dijo Paula Cortés Calle, presidenta ejecutiva de Anato, en entrevista con Forbes Colombia.
A esto se suma el aumento de 23% del salario mínimo, un factor especialmente relevante para las agencias de viajes. Según Cortés, entre 85% y 90% de los trabajadores de estas empresas tienen como base un salario mínimo, mientras que buena parte del resto de sus ingresos está ligada a comisiones por ventas. En este escenario, el sector busca con el nuevo Gobierno mecanismos de alivio tributario que permitan contener los costos y evitar una mayor pérdida de empleo.
La seguridad, el otro costo del turismo
Ahora bien, la presión sobre las agencias no es el único reto. Para Anato, la seguridad sigue siendo el principal factor que puede determinar si un destino turístico se vende o no.
“Cualquier destino turístico se vende a través de la seguridad”, afirmó Cortés. El problema, explica, no se limita a la percepción de los viajeros dentro de Colombia. Los llamados travel warnings emitidos por otros países también pueden terminar afectando las reservas. El impacto es particularmente sensible en el mercado estadounidense, que representa cerca de 30% de los visitantes internacionales de Colombia y es el principal mercado emisor para el país. Según Cortés, cuando un gobierno emite una alerta de viaje, el efecto puede trasladarse incluso al costo de los seguros de los viajeros.
“Las pólizas de seguro lo primero que dicen es que si el país tiene un travel warning, el seguro no paga”, explicó.
La preocupación llega incluso cuando Colombia mantiene una trayectoria positiva en la llegada de extranjeros. Según las cifras entregadas por Cortés, el país registra un crecimiento cercano a 5% en los visitantes internacionales.
Un nuevo Gobierno y una vieja discusión
Es en medio de este escenario que Anato llega a su Congreso número 30, que comienza el 26 de agosto en Barranquilla y reunirá a cerca de 1.200 personas de la cadena turística durante la semana. El encuentro ocurre además en los primeros meses del nuevo Gobierno, lo que le da al sector una oportunidad para poner sobre la mesa las prioridades que considera necesarias para los próximos cuatro años.
Para Anato, la discusión va más allá de una agenda coyuntural. El gremio presentó una hoja de ruta para el periodo 2026-2030 con prioridades como seguridad, formalización, competitividad, conectividad y fortalecimiento de la política turística.
La apuesta de Cortés es que el turismo deje de verse únicamente como una actividad asociada al ocio y sea tratado como una industria estratégica. Y las cifras ayudan a explicar por qué. Con un crecimiento de más de 9% en las divisas durante el primer trimestre, la presidenta de Anato sostiene que, si el comportamiento se mantiene, el turismo podría terminar consolidándose como un renglón exportador de mayor peso que productos tradicionales como el café, el carbón y las flores.
La apuesta, por eso, no es solo por atraer más viajeros, sino por convertir ese crecimiento en una política económica de largo plazo. De ahí su advertencia frente al nuevo Gobierno.
“En 5 años Colombia habrá perdido una gran oportunidad si no tiene al turismo como una política pública a largo plazo que trascienda gobiernos”.
La discusión que llega a Barranquilla, entonces, no es solamente cuántos turistas llegarán a Colombia. También es cuánto empleo puede generar el sector, cuánto dinero puede dejar en el país y qué tan preparado está para crecer sin que la seguridad, la informalidad y los costos terminen frenando a las empresas que sostienen buena parte de la industria.
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