La familia colombiana, principal accionista de GeoPark con 28%, se acerca a una operación en la Faja del Orinoco. Venezuela acaba de anunciar un acuerdo energético a 25 años con Estados Unidos para impulsar la producción y atraer inversión.
El Grupo Gilinski estaría cerca de concretar su entrada al negocio petrolero venezolano de la mano de GeoPark, compañía en la que se convirtió en el mayor accionista, en momentos en que Venezuela acelera la apertura de su industria de hidrocarburos para atraer capital y tecnología extranjeros.
Según Bloomberg, citando personas familiarizadas con los planes, GeoPark estaría próxima a alcanzar un acuerdo para operar el campo Bare, ubicado en el estado Anzoátegui, en el área Ayacucho de la Faja Petrolífera del Orinoco. El activo produce crudo pesado y extrapesado, aunque su producción se ha deteriorado después de años de baja inversión y mantenimiento insuficiente.
La familia Gilinski posee una participación mayoritaria de 28% en GeoPark tras invertir US$124 millones en la compañía, en dos operaciones, con miras, entre otros objetivos, a posicionarse para entrar a Venezuela.
La eventual operación ampliaría el mapa regional de una petrolera que mantiene en Colombia el grueso de su producción y acelera simultáneamente su apuesta por Vaca Muerta, en Argentina. En el segundo trimestre, GeoPark produjo en promedio 27.271 barriles equivalentes de petróleo por día (boepd), prácticamente el mismo nivel del primer trimestre. De ese total, 25.871 boepd correspondieron a Colombia y 1.400 boepd a Argentina.

En Vaca Muerta, además, la compañía avanza en un proyecto de inversión superior a US$1.000 millones con el objetivo de llevar su producción desde alrededor de 1.500 hasta 20.000 boepd en los próximos tres años. En julio, los cambios en su directorio también evidenciaron la creciente influencia del nuevo principal accionista: Gabriel Gilinski fue ratificado como director y Dorita Gilinski y Camilo Martínez ingresaron a la junta.
La posible llegada de GeoPark a Venezuela se produce en medio de un giro mucho más amplio de la política petrolera de ese país. La nueva legislación de hidrocarburos busca atraer inversión privada y facilitar tanto la expansión de operadores existentes como la entrada de nuevos jugadores.
Ese proceso recibió un nuevo impulso con el acuerdo energético entre Venezuela y Estados Unidos anunciado el fin de semana. La presidenta encargada Delcy Rodríguez aseguró que tendrá una vigencia de 25 años y contempla el desarrollo de 17 campos estratégicos, con una meta de producción superior a 1,5 millones de barriles diarios. El esquema incluye además ocho nuevos bloques en la Faja del Orinoco y busca incorporar capital y tecnología para recuperar una industria afectada por años de desinversión y sanciones.
Rodríguez también anticipó otros acuerdos con compañías internacionales como Chevron, Repsol, Eni, Shell y BP. Venezuela espera que el pacto con Estados Unidos genere unos US$209.000 millones en ingresos para el Estado tomando como referencia un precio de US$65 por barril, aunque expertos han planteado interrogantes sobre la transparencia, estructura jurídica y condiciones del acuerdo.
Para Gilinski, la eventual operación del campo Bare supondría algo más que una nueva inversión: colocaría al grupo colombiano en uno de los mayores procesos de reapertura petrolera de América Latina, mientras GeoPark construye una plataforma regional que ya abarca Colombia y Argentina y ahora podría sumar Venezuela.
El interés del empresario caleño en Venezuela también se extiende al negocio de alimentos. Grupo Nutresa, liderado por Jaime Gilinski, acordó recientemente la compra del 100% de Industrias Tío Rico, compañía venezolana dedicada a la producción y comercialización de helados. Gilinski señaló que la operación da continuidad a la estrategia de crecimiento de Nutresa en Venezuela y consolida su apuesta por ese mercado en medio de la reapertura económica del país.
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Reportado por Narciso De la Hoz G.
