Carlos Valencia, presidente de TransUnion para América Latina, analiza el aumento del 30% en los ciberdelitos, los cuellos de botella regulatorios en el país y la información financiera de los colombianos.
La acelerada digitalización de los servicios bancarios abrió oportunidades de mejora en el servicio, pero también ventanas de vulnerabilidad que hoy son explotadas a una velocidad sin precedentes. En este escenario, herramientas como la inteligencia artificial actúan como un arma de doble filo, facilitando operaciones más eficientes y seguras, pero a la vez empoderando a redes criminales con capacidades cada vez más sofisticadas.
La radiografía de este fenómeno evidencia una “fatiga de ciberseguridad” entre los usuarios. Según el estudio Consumer Pulse de 2026 de TransUnion, el 66% de los consumidores financieros colombianos reportó estar expuesto al fraude digital. Dentro de estas amenazas, el vishing (llamadas telefónicas engañosas) lidera con un 40% de incidencia. Pese a la alerta constante, la reacción defensiva de los clientes está disminuyendo, dejando el camino libre a los atacantes.
Para Carlos Valencia, presidente de TransUnion para América Latina, la mitigación real ya no depende de barreras individuales, sino de una colaboración transversal. “La velocidad en la que están desarrollando sus capacidades los estafadores es importante, creo que ha faltado más colaboración en el ecosistema. El fraude sigue en aumento, vemos tasas de crecimiento superiores al 30% a lo largo de toda la región”, explicó en entrevista con Forbes Colombia, y aclaró que en algunas zonas geográficas, el éxito de estos ataques llega a rozar el 50%.
Mientras trabaja por reducir los niveles de vulnerabilidad, TransUnion se consolida en el segmento de historiales crediticios en la región, donde compite principalmente con Datacrédito Experian. A principios de este año, la compañía completó la adquisición del Buró de Crédito en México, una movida que replica la fórmula de su entrada a Colombia hace una década con la compra de la Central de Información Financiera (CIFIN), hoy el país es el hub de innovación regional para la compañía de origen estadounidense.
En este segmento, uno de sus retos principales retos es desmitificar el mito de que los burós operan como “listas negras”. Según la última fotografía de su base de datos en Colombia, el 90% de la información es positiva y solo el 10% corresponde a reportes negativos. Bajo esta óptica, el ejecutivo advierte que los proyectos de “borrón y cuenta nueva” terminan perjudicando al mercado, pues eliminar el comportamiento histórico atenta contra la capacidad analítica de diferenciar los buenos de los malos riesgos.
En materia de política pública, el estancamiento de las modificaciones del recaudo del 4×1000, establecidas en la reforma tributaria de 2022, sigue siendo un punto crítico. Sobre el tema, Valencia aseguró que “desde el punto de vista técnico y de la información, el sistema está preparado para salir. Lo que falta es darle claridad a los jugadores de cuáles son los criterios con los que se va a evaluar que la salida sea válida y dentro del marco de la ley”, dijo el directivo, reiterando la necesidad de que el Gobierno emita lineamientos definitivos.
De cara al futuro, la hoja de ruta del sector apunta hacia la integración de la inteligencia artificial responsable y la consolidación del Open Finance. El uso de datos alternativos, como el historial de compras en almacenes o pagos de servicios públicos, permite perfilar con mayor certeza a la población que no tienen crédito formal.
“Se añade mucho valor a una decisión cuando se pone la data alternativa encima, porque conoce mejor al consumidor y puede personalizar más la decisión. Una de las fuentes más interesantes que habilita el Open Finance es poder entender las transacciones de los clientes”, concluyó Valencia.
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