Colombia importó 1,55 millones de sacos de café en los últimos doce meses, frente a un consumo interno cercano a 2,4 millones. Germán Bahamón propone que los empaques informen claramente el origen del grano para que el consumidor sepa qué está tomando.
Colombia es el tercer productor mundial de café, detrás de Brasil y Vietnam, y uno de los principales exportadores del grano. Pero también importa una cantidad significativa del café que utiliza su industria. En los últimos doce meses ingresaron al país 1,55 millones de sacos, frente a un consumo interno cercano a 2,4 millones, una realidad que llevó al gerente de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), Germán Bahamón, a plantear un debate sobre el origen del café que compran los consumidores.
El directivo propone establecer una norma que obligue a informar de manera clara y legible en los empaques de dónde proviene el café, de tal forma que el consumidor pueda identificar fácilmente si está comprando un producto elaborado con 100% café colombiano.
“Que quien está frente al anaquel pueda distinguir, sin lupa y sin ser experto, si lo que se lleva a su casa es café 100% de Colombia”, señaló.
El gerente de la FNC aclaró que las importaciones son legales y que una parte responde a una necesidad de abastecimiento de la industria, especialmente en momentos como el actual, cuando existe una menor disponibilidad de café colombiano.
La producción nacional alcanzó 1,09 millones de sacos de 60 kilos en agosto, una caída de 12% frente al mismo mes de 2025. En los últimos doce meses llegó a 12,58 millones de sacos, con una reducción de 15%.
El comportamiento se produce en un año afectado por la variabilidad climática. Cenicafé proyecta una cosecha de 12,2 millones de sacos para el año calendario 2026, de acuerdo con sus estimaciones técnicas y el seguimiento de las condiciones productivas en las diferentes regiones cafeteras.
La menor disponibilidad también se refleja en el comercio exterior. Colombia exportó 1,05 millones de sacos en agosto, 10% menos que un año atrás, y acumuló 11,69 millones durante los últimos doce meses, una reducción de 12%.
El precio también revela el origen
Pero Bahamón considera que no todas las importaciones pueden explicarse exclusivamente por las necesidades de abastecimiento. Una parte, sostiene, responde a lo que denomina una “arquitectura de precio”.
El argumento parte de la estructura de costos del café colombiano. El valor del grano está relacionado con la cotización internacional en la Bolsa de Nueva York, la prima correspondiente al origen colombiano y la tasa de cambio. Por debajo están los costos que enfrenta el productor: jornales, fertilizantes, recolección y demás gastos necesarios para sacar adelante la cosecha.
“El café tostado, por debajo de cierto punto de precio en góndola, no puede ser colombiano. No es una opinión. Es aritmética”, afirmó Bahamón.
Su planteamiento introduce una discusión diferente a la de restringir las importaciones. La Federación reconoce el funcionamiento del libre mercado y la necesidad de que la industria pueda abastecerse de café extranjero. Lo que cuestiona es que el consumidor no disponga de información suficientemente visible para conocer el origen del producto que está comprando.
“Aquí nadie está haciendo nada indebido. Importar es legal y hoy puede ser necesario. Respetamos el mercado libre y respetamos profundamente a la industria colombiana. No es una pelea”, aseguró.
Saber qué café hay en el empaque
La propuesta de Bahamón es construir una regulación que permita que el origen tenga una visibilidad comparable a información básica como el contenido del producto.
La Federación plantea discutirla con la industria, el Gobierno y el Congreso, sin dirigir la exigencia contra una empresa determinada. El objetivo, según el dirigente cafetero, es que la decisión entre comprar café colombiano o de otro origen corresponda al consumidor.
“Si lo sabe y aun así elige algo distinto a Colombia, es su libertad y la respetamos. Pero que sea una decisión informada”, sostuvo.
El debate sobre el origen adquiere además relevancia por la magnitud del mercado interno. Los colombianos mantuvieron un consumo cercano a 2,4 millones de sacos durante los últimos doce meses, pese a los elevados precios registrados por el café.
La discusión, sin embargo, no permite concluir por sí sola que el café importado sea de menor calidad. Para establecerlo sería necesario conocer los países de procedencia, variedades, características y precios del grano que ingresa a Colombia. Lo que sí plantea la Federación es una relación entre determinados segmentos de precios y la imposibilidad económica de abastecerlos exclusivamente con café nacional.
Para Bahamón, transparentar el origen es también parte de una estrategia más amplia: aumentar el valor de la categoría, educar al consumidor e industrializar una mayor proporción de la producción de las más de 500.000 familias cafeteras colombianas.
En un país cuya identidad económica está estrechamente ligada al café, la discusión planteada por la Federación termina en una pregunta sencilla: cuando un colombiano compra un paquete de café, ¿sabe realmente de dónde salió el grano que contiene?
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