El repunte de los mercados accionarios y las dinámicas cambiarias favorables llevaron a la riqueza de América Latina a crecer por encima del promedio global. Estas son las oportunidades que se abren para las entidades financieras en este contexto.

En medio de las tensiones geopolíticas globales y la incertidumbre económica, la riqueza financiera mundial registró en 2025 su mayor crecimiento desde 2021 al expandirse 10,7% y alcanzar los US$333 billones, de acuerdo con el Global Wealth Report 2026 publicado por Boston Consulting Group (BCG).

América Latina, sin embargo, superó esta media con un incremento del 17,7% en dólares, impulsado por el repunte de los mercados accionarios y dinámicas cambiarias favorables. Aunque el patrimonio regional en moneda local aumentó 8,4%, la depreciación generalizada del dólar frente a varias divisas latinoamericanas generó un efecto multiplicador al convertir las cifras a moneda estadounidense.

Las proyecciones de BCG apuntan a una normalización hacia un crecimiento anual de 7% a 8% en los próximos años. “La riqueza en Latinoamérica creció en moneda local, pero también las monedas se apreciaron respecto al dólar, y eso hizo que, medida en dólares, creciera de forma muy importante”, explicó Federico Muxi, Senior Partner and Managing Director experto en banca privada de BCG, en entrevista con Forbes Colombia.

Mientras tanto, a nivel global Hong Kong superó a Suiza como el mayor centro de gestión de riqueza offshore. Sobre los aprendizajes que puede dejar este nuevo hub de riqueza para América Latina, Muxi asegura que a la región le falta un centro financiero interno relevante. Estados Unidos se ha consolidado como el destino indiscutible de la riqueza latinoamericana, seguido por Suiza. A su vez, los capitales de la región son la principal fuente que alimenta el negocio de gestión patrimonial offshore estadounidense.

El aumento de los costos de cumplimiento y regulaciones internacionales ha obligado a los grandes bancos globales a replegarse y concentrarse exclusivamente en fortunas superiores a los US$5 millones o US$10 millones. Esto ha dejado estructuralmente desatendido a un enorme segmento latinoamericano con patrimonios entre US$500.000 y US$5 millones. “Muchos de los grandes bancos globales se repliegan a un segmento muy alto. Esto genera una oportunidad para dos tipos de jugadores: los bancos locales que busquen potenciar sus negocios de wealth management y los independent wealth managers, que desarrollan plataformas tecnológicas para dar acceso a muchas opciones de inversión”, precisó Muxi.

Para capturar este segmento emergente de riqueza, la inteligencia artificial se posiciona como el gran habilitador. Las empresas fintech y los bancos locales están implementando esquemas de banca conversacional agéntica, permitiendo que asesores potenciados por IA escalen su nivel de servicio para atender rentablemente a clientes que antes eran financieramente inviables.

Aunque la gran transferencia intergeneracional de riqueza aún no es masiva en América Latina, el perfil del inversor de alto patrimonio está cambiando. La región -liderada en sofisticación por Brasil y Chile, seguidos de cerca por Colombia, Perú y México- enfrenta hoy a un cliente más digital, con vocación internacional y apetito por estrategias de diversificación en activos reales.

Colombia refleja estas dinámicas regionales como un mercado de alto volumen tanto onshore como offshore. Las instituciones financieras locales enfrentan el reto de seguir sofisticando sus modelos para no ceder terreno ante los jugadores independientes. “Nosotros estimamos la riqueza offshore de colombianos en unos US$50.000 millones, siendo más o menos la mitad de eso Estados Unidos y el resto distribuido entre Suiza, algunos centros de Centroamérica y el Caribe”, concluyó el experto.

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