Hay una pregunta que me ronda últimamente: ¿qué tiene que pasar para que algo que nos importa nos ponga en movimiento? Porque todos los días nos importan cosas. Nos conmueve una historia, nos indigna una injusticia, tenemos una idea, identificamos un problema que alguien debería resolver o pensamos que sería increíble que algo existiera. Incluso muchas veces sabemos qué habría que hacer. Y, sin embargo, la mayoría de esas cosas no pasan de ahí.
De vez en cuando ocurre algo distinto, una idea no se queda en la cabeza. Mandamos el primer mensaje, hacemos una llamada, buscamos a alguien, abrimos un documento, convocamos. Algo aparentemente pequeño rompe la inercia y empieza el movimiento. Me interesa mucho ese instante, esa distancia entre pensar que algo debería existir y decidir empezar a construirlo.
Hace unas semanas, con un amigo, tuvimos una idea: recoger libros que ya habían sido leídos y llevarlos a Chocó para albergues y comunidades afectadas por el terremoto. No teníamos una organización creada para hacerlo, ni un gran plan detrás. Teníamos una intuición y decidimos ponerla a andar. Hoy “El Libro Paseador” reúne miles de libros y cientos de personas que han levantado la mano para ayudar.
La experiencia me ha hecho recordar algo muy elemental de emprender. Con los años uno aprende a planear mejor, medir, anticipar riesgos, construir presupuestos, analizar escenarios y hacer preguntas más sofisticadas. Todo eso importa y, sin duda, aumenta las probabilidades de tomar mejores decisiones. Pero sospecho que existe una paradoja: mientras más sabemos, más argumentos tenemos para no empezar. Podemos volvernos extraordinariamente buenos explicando por qué una idea todavía no está lista.
Queremos entender el modelo antes de probarlo, queremos controlar con alguna evidencia de que aquello que todavía no existe va a funcionar. Pero buena parte de las cosas que transformaron nuestra vida comenzaron exactamente al revés. Alguien se movió con información incompleta y el movimiento produjo nueva información. La acción permitió descubrir lo que ningún análisis previo podía mostrar.
No se trata de romantizar la improvisación ni de reemplazar estrategia por entusiasmo. Se trata de reconocer que hay un tipo de conocimiento que solo aparece cuando algo empieza a moverse. Una conversación lleva a otra, una persona conoce a alguien, aparece una posibilidad que no estaba en el mapa inicial. El proyecto cambia porque la realidad responde. Hay cosas que simplemente no pueden pensarse hasta el final antes de empezar a hacerlas!!
Libro Paseador también me ha dejado otro aprendizaje que me interesa especialmente como líder. Liderar no se trata tanto de cuánto somos capaces de cargar, sino de cuánto somos capaces de movilizar.
La diferencia es importante, cargar pone al líder en el centro; movilizar hace que algo pueda crecer más allá de él. Cuando una idea conecta genuinamente con otras personas, empiezan a aparecer manos. Alguien dona un libro, otro presta una bodega, alguien hace una llamada, cientos ofrecen unas horas de su tiempo. Una persona abre una puerta y detrás aparece otra. Lo que inicialmente parecía depender de nuestra capacidad individual empieza a convertirse en algo colectivo.
Quizás una de las capacidades más importantes del liderazgo sea precisamente esa: no tener todos los recursos, todas las respuestas ni la capacidad de hacerlo todo, sino lograr que algo importe lo suficiente para que otros también quieran ponerlo en movimiento.
Y eso me lleva a una pregunta más personal: ¿qué cosas me importan lo suficiente como para moverme?
Uno puede ser bueno haciendo muchas cosas, incluso puede tener éxito haciéndolas. Pero hay algunas experiencias que producen una combinación distinta de curiosidad, energía, propósito, capacidad de convocatoria y unas ganas casi infantiles de ver qué pasa. Creo que vale la pena prestar atención cuando eso ocurre, porque posiblemente nos está diciendo algo.
Eso no significa que cada entusiasmo tenga que convertirse inmediatamente en una empresa. Tal vez algunas experiencias cumplen otra función: mostrarnos algo de nosotros mismos que habíamos dejado de ver.
Quizás crecer profesionalmente no consiste únicamente en tener cada vez más claridad sobre aquello en lo que queremos convertirnos. También puede consistir en aprender a reconocer quiénes somos cuando estamos más vivos. ¿Qué me importa tanto que logra ponerme en movimiento?
Tal vez aquello que todavía consigue sacarnos de la quietud dice mucho más sobre nosotros que todos los planes que hacemos acerca de quiénes queremos llegar a ser.
Twitter: @Saluagf
*La autora es Cofundadora de la plataforma Symplifica, que trabaja por lograr la formalización de los empleados del hogar en Latam. En su instagram @saluagarciafakih promueve el emprendimiento y comparte sobre su experiencia como emprendedora. Cuenta con un Máster en Emprendimiento e Innovación de la Universidad del Rosario, Máster en Liderazgo de EADA Barcelona y es Especialista en Marketing de EAFIT.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.
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