ANIF advierte que Colombia registra el segundo mayor encarecimiento de la electricidad, el gas y otros combustibles de la región frente a la prepandemia. La creciente dependencia del gas importado y la amenaza de El Niño podrían aumentar la presión sobre las tarifas.

Colombia enfrenta un problema energético que va más allá de los riesgos de desabastecimiento. Los precios de la electricidad, el gas y otros combustibles han aumentado 55,5% frente al período previo a la pandemia, el segundo mayor incremento de América Latina, después de Chile, donde el alza alcanza el 71,5%.

Las cifras fueron presentadas este miércoles por la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) durante el seminario Energía para volver a crecer, organizado conjuntamente con el Centro Regional de Estudios de Energía (CREE). El encarecimiento de la energía amenaza con convertirse en un obstáculo para la competitividad de la industria y podría añadir nuevas presiones sobre la inflación. 

José Ignacio López, presidente de ANIF, advirtió que las actividades industriales son especialmente vulnerables al aumento de los costos energéticos, lo que reduce su capacidad para competir tanto en el mercado nacional como en el internacional. Además, parte de esos incrementos puede trasladarse a los precios que pagan los consumidores.

La situación podría agravarse por la creciente dependencia del gas importado. Según ANIF, las importaciones pasaron de representar prácticamente cero a cubrir el 30,8% del suministro nacional en apenas tres años, con corte a julio de 2026. La producción local de gas acumula una década de caída, mientras que la de petróleo no logra recuperarse. 

A este escenario se suma la amenaza del fenómeno de El Niño. ANIF estima que, si se presenta con fuerza, el encarecimiento de la energía y los alimentos podría elevar la inflación de cierre de año del 6,6% previsto actualmente al 7,3%, complicando su convergencia hacia el rango meta del Banco de la República.

Las advertencias coinciden con las preocupaciones expresadas por Acolgen sobre los riesgos para el suministro eléctrico en el corto plazo, ante los retrasos de proyectos de generación y transmisión, la estrechez de energía firme y las dificultades para garantizar el abastecimiento de gas para las plantas térmicas.

El costo de depender del gas importado

Tomás González, exministro de Minas y Energía y director del CREE, advirtió que, sin nuevas fuentes nacionales, Colombia podría llegar a depender hasta en un 100% del gas importado durante la próxima década, con consecuencias para la estabilidad de las tarifas de los hogares y las empresas.

Tomás González, exministro de Minas y Energía y director del CREE.

El exministro planteó que el país debe avanzar en la electrificación y las energías limpias, pero sin abandonar la producción nacional de hidrocarburos, que considera indispensable para sostener la economía y financiar la transición energética. 

La discusión también tiene una dimensión fiscal. Según ANIF, la participación del sector de minas y canteras en el recaudo del impuesto de renta corporativa cayó del 36,2% en 2012 al 6,3% en 2025. Por su parte, el CREE calcula que, por cada peso de PIB que pierda el sector de hidrocarburos, la industria tendría que generar $2,8 adicionales para mantener constante el recaudo tributario.

De acuerdo con las modelaciones del Centro, una contracción precipitada del sector sin una sustitución fiscal real reduciría en más de $400 billones los aportes públicos hacia 2050, asfixiando la capacidad del Estado para financiar programas clave de reducción de pobreza, salud y vivienda en las regiones.

Para enfrentar estos desafíos, ANIF pidió agilizar las licencias ambientales, ofrecer seguridad jurídica e incentivar los proyectos de generación de energía. El CREE, por su parte, planteó una estrategia que combine seguridad del suministro, equidad y protección ambiental, con mayor electrificación, adaptación climática y desarrollo de proyectos de la mano de las comunidades.

Reportado por Narciso De la Hoz G.

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