Marcela Meléndez y Andrés Pardo destacan que el acompañamiento del FMI podría aportar credibilidad y facilitar financiamiento. Sin embargo, advierten sobre la necesidad de una senda verificable para corregir el desequilibrio de las finanzas públicas.
El acercamiento al Fondo Monetario Internacional (FMI) anunciado por el presidente Abelardo De La Espriella fue recibido favorablemente por economistas que ven una oportunidad para recuperar la confianza y reducir el costo del financiamiento del país. El respaldo, sin embargo, viene acompañado de una advertencia: los recursos externos no reemplazan las decisiones necesarias para corregir el desequilibrio fiscal.
Aunque el Gobierno todavía no ha precisado qué mecanismo buscará, Marcela Meléndez, directora ejecutiva de Fedesarrollo, considera que el anuncio representa la posibilidad de contar con una entidad independiente que acompañe la construcción de una senda creíble de sostenibilidad fiscal.
“Es la señal de disciplina fiscal que necesitan los mercados”, afirma. A su juicio, la importancia de un eventual acuerdo va más allá de obtener un préstamo del Fondo: su acompañamiento puede facilitar el acceso a recursos del Banco Mundial, el BID o CAF.
“No necesariamente se trata de acceder a un crédito directo del Fondo, sino de tener esa señal de disciplina que da el acompañamiento permanente”, explica Meléndez, quien espera que haya un plan aprobado antes de terminar el año. Advierte, sin embargo, que el proceso tomará tiempo por la necesidad de aprobación del Directorio Ejecutivo del organismo.
Andrés Pardo, exviceministro de Hacienda y director de Estrategia Macroeconómica para América Latina de XP Investments, pone el énfasis en las condiciones que Colombia tendría que ofrecer.
“El primer paso es comenzar con un programa fiscal sólido y verificable. No es suficiente anunciar una reforma fiscal ambiciosa o recortes de gasto difíciles de cumplir”, sostiene.
Ese programa, explica, debe incluir una reducción realista del déficit primario -el balance entre ingresos y gastos antes del pago de intereses-, supuestos conservadores de recaudo y control efectivo del gasto. También considera necesario modificar la regla fiscal para establecer una trayectoria que pueda cumplirse.
“El financiamiento externo no sustituye el ajuste fiscal; simplemente compra tiempo para implementarlo sin presionar innecesariamente las tasas de interés”, señala.
Entre las alternativas, Pardo plantea una Línea de Precaución y Liquidez, instrumento que considera más viable en el corto plazo que recuperar la Línea de Crédito Flexible. Su propuesta incluye combinar el respaldo del Fondo con recursos de otras multilaterales y garantías parciales que permitan conseguir financiamiento privado en mejores condiciones.
César Pabón, Director Ejecutivo Investigaciones Económicas de Corficolombiana, coincide en que una línea precautoria podría servir como seguro frente a la incertidumbre, aunque subraya que “no es un cheque en blanco” y requeriría medidas de ajuste y seguimiento. La elegibilidad de Colombia y el instrumento que eventualmente se utilizaría siguen pendientes de definición.
José Ignacio López, presidente de ANIF, también calificó positivamente el anuncio. “Colombia necesita un ajuste fiscal y financiamiento externo más barato”, manifestó, al lamentar la pérdida de acceso a la Línea de Crédito Flexible durante el gobierno anterior.
Colombia contó con ese instrumento desde 2009. El acceso quedó suspendido en abril de 2025 por no completarse la revisión requerida. Durante el gobierno de Gustavo Petro, la evaluación del FMI encontró un deterioro fiscal que impedía cumplir los requisitos para restablecerlo. MinHacienda solicitó cancelar el acuerdo, decisión efectiva desde el 1 de octubre.
Colombia tiene un antecedente en 1999, cuando el anuncio de un acuerdo con el FMI por US$2.700 millones brindó la confianza necesaria para abandonar la banda cambiaria y dejar flotar el peso. Ese cambio también abrió el camino para consolidar el esquema de inflación objetivo del Banco de la República.
Para los economistas, el alcance del nuevo acercamiento dependerá del programa que presente el Gobierno. Como plantea Meléndez, el valor del respaldo del FMI estaría también en la revisión constante de los compromisos y en la posibilidad de corregir el rumbo durante su ejecución.
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