La compañía vallecaucana consolida un modelo de inversión social sostenida, con $12.050 millones en becas y auxilios educativos en cinco años y una apuesta por la sostenibilidad con foco social de amplio impacto.
Después del terremoto que golpeó al Valle del Cauca y el Eje Cafetero, la atención se concentró en la fase inmediata de auxilio. Sin embargo, la reconstrucción de un territorio se juega en un horizonte más largo, cuando las cámaras ya se apagaron y las comunidades afectadas todavía enfrentan carencias estructurales. Harinera del Valle, con ocho décadas de operación en el país, respondió a esa emergencia con una estrategia en dos etapas que combina asistencia inmediata y construcción de capacidades permanentes.
En la primera fase, la compañía movilizó ayudas humanitarias, entregó alimentos y activó el voluntariado de sus colaboradores. En una segunda etapa, la Organización Harinera del Valle donó $20.000 millones destinados a la reconstrucción y reactivación de los territorios afectados, con énfasis en educación y salud. La decisión de concentrar el recurso en esos dos frentes no responde a una coyuntura aislada, sino a una línea de inversión que la compañía sostiene desde hace años.
“Ninguna donación inmediata va a alcanzar para hacer todo lo que se necesita, pero la idea es hacer programas de mediano plazo. La donación funciona como una semilla que activa procesos de recuperación educativa en las zonas afectadas, más que como una réplica exacta de la infraestructura perdida”, explicó Juan Carlos Henao, gerente general de Harinera del Valle.
Una estrategia de inversión social con retorno de largo plazo
La lógica detrás de la donación se conecta con un historial de inversión educativa que Harinera del Valle mantiene desde antes de la emergencia. En los últimos cinco años, la compañía ha destinado $12.050 millones a becas y auxilios educativos, una cifra que incluye 115 Becas Arcesio Paz Paz y 21.516 auxilios educativos para colaboradores y sus hijos.
Para Henao, ese gasto opera como una inversión con retorno medible en el tiempo, no como un costo asistencial. “Todas esas inversiones tienen retorno, a veces no son tan visibles inmediatamente, pero todo tiene retorno. Nosotros identificamos en la educación un mecanismo directo de productividad interna y de estabilidad en las comunidades donde operamos, particularmente en Dagua, Palmira y Villa Rica, municipios donde Harinera del Valle somos uno de los principales generadores de empleo formal”, afirmó el gerente general.

El resultado de esa política se refleja en la composición actual de la planta laboral. La compañía reporta casos de tres generaciones de una misma familia vinculadas a la operación, así como trayectorias internas de ascenso que incluyen a un colaborador que ingresó como jardinero y hoy dirige una de las plantas de producción. Ese tipo de movilidad interna funciona como evidencia operativa de que la inversión en capacitación se traduce en desarrollo de talento propio.
Educación como eje central del modelo de sostenibilidad
Harinera del Valle articula su estrategia de sostenibilidad alrededor de tres frentes complementarios, que incluyen el componente ambiental, el fortalecimiento de comunidades cercanas a sus plantas y el desarrollo educativo interno. Dentro de ese marco, la iniciativa Amasando Futuro atiende específicamente a población en condición de vulnerabilidad, principalmente mujeres cabeza de familia en zonas alejadas de los cascos urbanos.
El programa nació de la interacción cotidiana de los asesores técnicos de la compañía con panaderías de barrio y evolucionó hacia un esquema formal de formación en panadería, repostería, emprendimiento y desarrollo humano. “El objetivo comercial es indirecto, la compañía no vende insumos a estas comunidades como fin último, sino que busca habilitar capacidades productivas que generen ingresos autónomos. La idea es que se genere progreso alrededor de este conocimiento que estamos transmitiendo”, señaló Henao.
La iniciativa ya suma tres ciclos ejecutados en Palmira, Villa Rica y Dagua, con participación de comunidades rurales dispersas que normalmente quedan fuera del radio de intervención de programas sociales urbanos.
Formación Dual y el cierre de brechas de talento en el Valle del Cauca
El tercer componente de la estrategia educativa de Harinera del Valle es Formación Dual, un modelo inspirado en esquemas de educación técnica europeos que combina estudio y práctica laboral simultánea. La compañía lo implementó hace año y medio con apoyo de una organización suiza y actualmente cuenta con 42 estudiantes activos distribuidos en ocho ciudades, principalmente Cali y Bogotá, además de Medellín, Dagua, Palmira y Bucaramanga.

El modelo opera en alianza con el SENA y con instituciones educativas externas, y ya registra 20 graduados en sus dos primeras promociones. Para la compañía, el programa cumple una doble función operativa, forma talento técnico en áreas donde existe rotación estructural, como el canal de ventas y panadería, y aporta insumo de personal capacitado para reemplazos internos sin necesidad de contratación externa inmediata.
“Este tipo de alianza entre sector privado y entidades públicas debe profundizarse, incluyendo mecanismos como obras por impuestos, que permiten canalizar recursos hacia proyectos locales con mayor agilidad que los flujos presupuestales centralizados. Esto tiene que ser en compañía del Estado, porque solos es imposible”, finalizó Juan Carlos Henao, gerente general de Harinera del Valle
La estrategia de Harinera del Valle plantea un argumento de negocio para la reconstrucción del Valle del Cauca, en el que la rentabilidad y la inversión social operan como componentes de un mismo modelo de sostenibilidad corporativa ya que como recalca el gerente de la organización, “sin educación no hay futuro”.
