Al cumplir su primer año, Bre-B se acerca a 1.800 millones de transacciones por $262,6 billones. El efectivo pasó de ocho de cada diez operaciones en 2022 a seis actualmente y el sistema prepara su expansión a pagos empresariales.
Bre-B, el sistema de pagos inmediatos del Banco de la República, completa su primer año de operación con cerca de 1.800 millones de transacciones por $262,6 billones y comienza a mostrar señales de uno de los objetivos que acompañaron su creación: reducir el peso del efectivo en los pagos cotidianos de los colombianos.
“Cuando nosotros arrancamos este recorrido en 2022, ocho de cada 10 transacciones se hacían en efectivo; hoy se hacen seis”, dijo Ana María Prieto, directora del Departamento de Sistemas de Pago del Banco de la República, en entrevista con Forbes Colombia.
Prieto advierte que Bre-B no es el único factor detrás de ese cambio, pues durante estos años también han avanzado otros mecanismos de digitalización de la economía. Sin embargo, considera que el sistema ha dado un impulso importante al proceso.
Las cifras de utilización parecen apuntar en esa dirección. Bre-B tiene 36,1 millones de clientes registrados y el valor promedio de sus operaciones ronda actualmente los $147.000. Más significativo aún, según Prieto, es que entre 60% y 70% de las transacciones se realizan por montos inferiores a $100.000.
“Bre-B se está utilizando realmente para el pago cotidiano, para el pago minorista, que es justo allí en donde queremos estar como un complemento o alternativa al pago en efectivo”, explicó.
El crecimiento también ha superado las expectativas iniciales del Emisor. Prieto atribuye el resultado a la unificación de la experiencia de los usuarios, la creación de una marca común para identificar los pagos inmediatos y la incorporación de un amplio número de participantes.
Cuando comenzaron las conversaciones para construir el sistema, el Banco trabajaba con unas 40 entidades. Actualmente participan más de 250 entre bancos, compañías financieras, cooperativas, entidades microfinancieras y fintech.
El desafío ahora es aumentar la intensidad de uso. Aunque prácticamente todos los adultos del país tienen al menos una llave inscrita, de las aproximadamente 110 millones existentes unas 45 millones han sido utilizadas para recibir al menos un pago, según Prieto.
A ello se suma la expansión de los códigos QR. Desde enero son interoperables, lo que permite que un usuario pueda escanear el código de un comercio y pagar desde una entidad diferente. El mecanismo ya está disponible tanto mediante códigos físicos en establecimientos como a través de datáfonos.
Las transferencias entre personas naturales mediante Bre-B se han ofrecido hasta ahora sin costo para los usuarios. Sin embargo, la regulación permite que cada entidad financiera determine las tarifas aplicables a sus clientes.
La siguiente etapa
El próximo salto estará en los pagos empresariales. El Banco de la República publicó el 2 de octubre para comentarios un nuevo paquete regulatorio que amplía los casos de uso de Bre-B.
La propuesta permitirá incorporar operaciones entre empresas, recaudos, pagos a proveedores y dispersiones de nómina, además de pagos del Gobierno. El Banco espera terminar 2026 con estas definiciones incorporadas a la regulación.
También se abre la puerta a servicios de valor agregado como pagos recurrentes y comercio electrónico, ampliando el alcance de una infraestructura que inicialmente se concentró en transferencias entre personas y pagos en comercios.
Por ahora, el límite máximo por transacción permanece en $12,1 millones (1.000 UVB, o unidades de valor básico) y las entidades pueden establecer topes inferiores por monto o número de operaciones. Prieto considera que todavía existe margen suficiente para incorporar los nuevos usos empresariales, especialmente entre pequeñas empresas, emprendimientos y mipymes, aunque señaló que el Banco evaluará en el futuro si resulta necesario revisar esos límites.
El balance y los próximos pasos de la transformación de los pagos serán precisamente uno de los temas alrededor del foro que realizará este martes el Banco de la República, en la Biblioteca Luis Ángel Arango.
Para el Emisor, la referencia internacional inevitable es Pix, el sistema brasileño que transformó los pagos en ese país. Prieto considera que Colombia puede recorrer un camino similar.
El objetivo, explicó, es consolidar la adopción de los pagos digitales y continuar restándole terreno al efectivo, pero también utilizar esta nueva infraestructura para impulsar la inclusión financiera, la formalización y, eventualmente, mejorar el diseño y la focalización de políticas públicas.
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