Juan Camilo Restrepo, Andrés Pardo y Juan Pablo Zárate analizaron en un Space de Forbes Colombia las lecciones de 1999 y las opciones actuales: financiamiento más barato, recuperación de la inversión y acuerdos políticos para corregir las cuentas públicas.
En 1999, Juan Camilo Restrepo y los miembros de la Junta Directiva del Banco de la República alquilaron un avión con sus tarjetas de crédito para regresar de Washington a Bogotá. Debían firmar la resolución que ponía fin a la banda cambiaria, el sistema que mantenía la cotización del dólar dentro de unos límites, y volver a la capital estadounidense para una ceremonia con los organismos multilaterales.
Según recuerda el entonces ministro de Hacienda, las negociaciones estaban listas cuando llamó al presidente Andrés Pastrana. El mandatario le preguntó dónde firmarían los documentos y, al saber que sería en la embajada colombiana, le advirtió sobre los cuestionamientos que podría provocar hacerlo fuera del país.
“Llegamos acá, fuimos al piso quinto del Banco de la República, firmamos la resolución que daba por terminada la banda cambiaria”, relató Restrepo. Luego regresaron a Washington.
La anécdota ilustra una lección que el exministro considera vigente: un acuerdo internacional exige tanto decisiones técnicas como trabajo político. Hoy, cuando Colombia vuelve a buscar un mayor acompañamiento del Fondo Monetario Internacional (FMI), la tarea también pasa por presentar medidas concretas y conseguir respaldo para ejecutarlas.
Ese fue uno de los puntos de encuentro entre Restrepo y los exviceministros de Hacienda Andrés Pardo y Juan Pablo Zárate durante un Space de Forbes Colombia. Los tres ven beneficios en el acercamiento al organismo, pero advierten que el financiamiento debe acompañar la corrección de los desequilibrios fiscales y la recuperación del crecimiento.
La confianza que abre otras puertas
Para Restrepo, el principal aporte del Fondo en 1999 fue su capacidad para reunir el respaldo de otros acreedores en medio de las restricciones de financiamiento que enfrentaba el país. El acuerdo con el FMI, que contemplaba unos US$2.700 millones y no llegó a desembolsarse, ayudó a dar credibilidad al programa económico.
“Fue el aval del Fondo ante la comunidad financiera lo que le dio mucha viabilidad a toda la operación”, recordó. El acompañamiento de los organismos multilaterales contribuyó, según su relato, a destrabar también el crédito de los bancos.
Su recomendación actual parte de esa experiencia: Colombia debe llevar un programa propio, cuantificado y ejecutable. A su juicio, el Gobierno necesita precisar el contenido de la anunciada ley de rescate, explicar cómo lograría el ajuste y demostrar que las medidas pueden abrirse paso en el Congreso.
“Llegó el momento de que una simple visión general pase a una cosa concreta”, sostuvo. El respaldo del FMI dependerá también, advirtió, de que la propuesta tenga viabilidad técnica, política y jurídica.
Un paquete de financiamiento
Andrés Pardo, exviceministro de Hacienda y exdirector de Estrategia Macroeconómica para América Latina de XP Investments, plantea combinar varias fuentes: recursos del Fondo, préstamos de otros organismos multilaterales y garantías que permitan acceder a crédito de bancos internacionales en mejores condiciones.
El valor del FMI, explicó, está en el “sello de credibilidad” que aporta su acompañamiento. Ese respaldo podría reducir la percepción de riesgo, facilitar otros préstamos y aliviar los intereses que paga Colombia.
En su propuesta, las garantías del Banco Mundial o del BID podrían respaldar parte de las operaciones con la banca comercial internacional. Con ello, el país tendría alternativas para cubrir sus necesidades de recursos sin depender exclusivamente de nuevas emisiones de bonos.
La magnitud del financiamiento requerido hace relevante esa diversificación. Según el Plan Financiero citado en un análisis de ANIF, los desembolsos externos previstos pasan de $40,8 billones en 2026 a $87,7 billones en 2027. Pardo considera que conseguir sumas de ese tamaño únicamente mediante emisiones en los mercados internacionales sería inviable para Colombia.
ANIF también ilustra el posible alivio en intereses: calcula una tasa de 3,7% efectivo anual para una eventual Línea de Precaución y Liquidez, bajo determinados supuestos, frente a cerca de 6,6% en bonos externos de plazos comparables. La diferencia sería de 2,9 puntos porcentuales, aunque el costo final dependería del monto y los cargos aplicables.
Pardo identifica esa línea precautoria como una opción para el país y reconoce que implicaría condiciones y seguimiento. Restrepo, por su parte, insiste en privilegiar un programa diseñado por Colombia y evitar un acuerdo tradicional con exigencias más amplias. El instrumento que eventualmente se negocie sigue siendo una cuestión abierta.
El problema que el crédito no resuelve
Juan Pablo Zárate, exviceministro e investigador de Fedesarrollo, advierte que Colombia dispone de herramientas que no tenía antes de la crisis de 1999. La flotación permite absorber presiones cambiarias y el Banco de la República cuenta con credibilidad para enfrentar choques.
Sin embargo, esas fortalezas no eliminan el problema de las cuentas públicas. “Ninguna herramienta va a servir si no atacamos el problema fiscal de fondo”, señaló.
Su preocupación se concentra en el déficit primario: los ingresos no alcanzan para cubrir los gastos incluso antes del pago de intereses. Por eso, reducir el costo de la deuda ayudaría, pero no bastaría para estabilizar las finanzas del Estado.
Zárate plantea trabajar en tres frentes: corregir ese déficit, impulsar un crecimiento sostenible y conseguir tasas de interés más razonables. El acompañamiento del Fondo puede apoyar el proceso, especialmente al facilitar financiamiento y fortalecer la confianza.
Pardo coincide en que el esfuerzo debe incluir medidas para reactivar la inversión. Considera difícil lograr un ajuste de dos puntos del PIB en un solo año y sostiene que mejorar las condiciones para invertir en infraestructura, energía y otros sectores permitiría complementar las medidas fiscales con mayor crecimiento y recaudo.
La negociación también está en el Congreso
El desafío, para Restrepo, exige explicar las medidas y construir mayorías. Advierte que el Gobierno debe presentar las cifras, los proyectos de ley y los instrumentos que utilizará para ejecutar el ajuste, además de negociar con un Congreso donde no cuenta con un respaldo holgado.
“La tarea no es solo ir a Washington”, afirmó. Su llamado es a emprender un trabajo político que permita convertir los anuncios en decisiones.
Zárate añade que la discusión debe explicar por qué corregir las cuentas públicas resulta necesario para sostener los compromisos sociales del Estado. Para evaluar los avances propone observar el resultado primario del Gobierno, la tasa de inversión y la trayectoria de la deuda.
El costo de un fracaso, concluyó, trascendería al Ejecutivo: “Si esto sale mal, no solo sale mal para el Gobierno, sale mal para todo el mundo”.
Reportado por Narciso De la Hoz G.
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