Aunque Bre-B logró una adopción masiva en poco tiempo, un informe de SoFi Tech Solutions revela que el volumen de transferencias inmediatas ha trasladado la fricción a los sistemas operativos de las entidades financieras en Colombia.

El despliegue masivo de Bre-B en Colombia transformó los pagos en tiempo real de una novedad a una exigencia estándar del consumidor financiero. En su primer aniversario, la plataforma alcanzó más de 36 millones de llaves registradas y 1.796 millones de transacciones, acumulando un valor de $263.990.661 millones con un tiquete promedio de $146.966. Sin embargo, esta velocidad operativa de cara al cliente reveló un desafío profundo para las entidades financieras.

La extrema facilidad transaccional generó una paradoja: mientras los usuarios mueven dinero al instante, en el back-office de los bancos se ha creado un embudo operativo. Así lo evidencia la edición para Colombia del reporte de la Banca Adaptativa elaborado por SoFi Tech Solutions. Lily Mendia, directora de ventas bancarias para Latinoamérica de la firma, explica en entrevista con Forbes Colombia que el éxito del modelo trasladó la fricción a sistemas internos que no estaban preparados para soportar la magnitud de esta demanda.

En Colombia, solo el 6,2% de las empresas se considera preparada para escalar su infraestructura frente a fluctuaciones transaccionales masivas. El 19,8% de las organizaciones reporta que su principal dolor es la escalabilidad hacia nuevos usuarios; aunque un cliente puede vincular una llave digital en segundos, las infraestructuras de incorporación y los motores de verificación de identidad (KYC) en tiempo real sufren retrasos críticos ante la avalancha de inscripciones.

“En un entorno donde iniciativas como Bre-B han elevado las expectativas del usuario hacia pagos instantáneos, la rapidez transaccional dejó de ser una ventaja para convertirse en el estándar mínimo”, dijo Mendia. “Hoy, el verdadero reto es la personalización de la experiencia digital a escala. La fricción operativa aún frena a las instituciones, pero para liderar en la era de la banca adaptativa, debemos orquestar y automatizar los flujos digitales”.

Esta limitación técnica toca la mayor preocupación de los líderes del sector: la seguridad. Al evaluar qué componentes fallarían primero ante un crecimiento exponencial de transacciones, el 38,3% de los directores de tecnología (CTO) y directores de información (CIO) encuestados señala que el mayor riesgo de colapso se concentra en la infraestructura de prevención de fraude y riesgo.

Entre tanto, el consumidor también percibe el riesgo. El estudio Consumer Pulse de 2026 de TransUnion, segura que el 66% de los consumidores financieros colombianos reportó estar expuesto al fraude digital. Dentro de estas amenazas, el vishing (llamadas telefónicas engañosas) lidera con un 40% de incidencia.

Frente a este escenario, la Inteligencia Artificial (IA) entra a reconfigurar la industria bajo el modelo de la banca adaptativa. La tecnología permite procesar altos volúmenes de datos para leer hábitos, ubicaciones geográficas y patrones de consumo en tiempo real. El objetivo es anticiparse a los picos de uso y mitigar amenazas sin sacrificar la agilidad que el mercado ya da por sentada.

“La AI nos ayuda a analizar si una transacción es potencialmente fraudulenta porque no está alineada con los patrones que normalmente hace esa persona”, explicó Mendia. “Las aplicaciones hoy nos permiten identificar dónde está el usuario. Si efectivamente está en Cartagena, pero la transacción se generó en Brasil, obviamente no es real. Toda esa información que tomamos con respecto al monto y ubicación ayuda a estos modelos a dar una calificación y bloquear anomalías”.

El rezago operativo ubica a Colombia en una posición compleja frente a sus pares regionales. Mientras el 69,1% de las empresas colombianas ve frenada la innovación de sus productos por limitaciones internas, en Brasil esta barrera afecta solo al 19,6%. Además, Colombia comparte con Argentina los tiempos de desarrollo más lentos de la región: en ambos mercados, alrededor del 80% de las organizaciones tarda más de seis meses en lanzar un nuevo servicio financiero.

Para destrabar esta fricción operativa sin reemplazar por completo los sistemas centrales legacy, la estrategia se vuelca hacia la nube. Evolucionar hacia arquitecturas digitales ágiles e impulsadas por APIs permite escalar la capacidad de procesamiento en cuestión de segundos durante los días de pago o alto consumo, ofreciendo resiliencia proactiva ante los picos de demanda.

El acceso a los rieles de pago inmediato ya está democratizado. En los próximos años, la verdadera competencia del ecosistema financiero no se centrará en quién mueve el dinero, sino en la usabilidad, la agilidad de los canales y la capacidad de las entidades para ofrecer productos a la medida sin que sus operaciones colapsen.

“La diferenciación está en la experiencia del usuario. Ya no estamos hablando del riel de pago, al que hoy todo el mundo tiene acceso, ni de las soluciones del back-end porque el cliente no las ve”, concluyó Mendia. “Esa capacidad de ir hacia donde el cliente lo necesita, de manera personalizada, simple y sin fricción, es donde realmente podemos marcar una diferencia”.

Lea también: Bre-B gana terreno al efectivo y prepara su salto a pagos empresariales