El desempleo llegó a 9,4% y aparecen señales de concentración salarial, mayores costos por hora y presión fiscal. Los expertos advierten que aún no es posible atribuir estos movimientos únicamente al incremento del mínimo.
Nueve meses después del aumento de más de 23% del salario mínimo en Colombia, el mercado laboral ofrece una fotografía menos concluyente de lo que anticipaban algunas de las advertencias que acompañaron la decisión a comienzos de año.
El desempleo subió en agosto y la tasa de ocupación cayó frente al mismo mes de 2025, pero la informalidad no aumentó. Al mismo tiempo, comienzan a aparecer otras señales: una mayor concentración de trabajadores con ingreso cercano al salario mínimo, un aumento del valor de la hora trabajada y presiones sobre las cuentas pensionales.
Son datos que empiezan a marcar la discusión sobre cuánto debería aumentar el salario mínimo en 2027.
Desde una perspectiva de mercado laboral, en agosto, la tasa de desempleo nacional llegó a 9,4%, frente al 8,6% registrado un año atrás, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). La tasa de ocupación, por su parte, cayó de 58,4% a 57,4%.
La informalidad ofrece una señal distinta. Entre mayo y julio se ubicó en 54,6%, ligeramente por debajo del 55% registrado en el mismo período del año anterior.
Los datos, por sí solos, no permiten establecer que el comportamiento reciente del mercado laboral sea consecuencia del incremento del salario mínimo.
“Nueve meses son insuficientes para establecer causalidad: no podemos afirmar que el aumento del desempleo o la menor ocupación sean consecuencia directa del incremento del salario mínimo”, explicó a Forbes Colombia Luz Karime Abadía, decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Javeriana.
Para Abadía, además del salario mínimo, el comportamiento del empleo está expuesto a variables como el crecimiento económico, las tasas de interés, la incertidumbre y los costos no salariales.
Más trabajadores alrededor del mínimo
Anif identifica otra señal en la estructura de los ingresos laborales. La entidad denomina “compresión salarial” a una menor dispersión de los ingresos alrededor del salario mínimo: aumenta la proporción de trabajadores que gana exactamente ese valor y disminuye la de quienes se encuentran por encima.
De acuerdo con cálculos compartidos con Forbes Colombia por Fabián Suárez, jefe de Estudios Sectoriales de Anif, entre los asalariados la proporción de trabajadores que devenga exactamente un salario mínimo pasó de 36% a 37,5%, mientras la de quienes ganan por encima de ese umbral disminuyó de 36,9% a 34,4%.
El comportamiento también aparece entre los independientes. Quienes reciben exactamente un mínimo pasaron de representar 9,9% a 10,5%, mientras aquellos con ingresos superiores bajaron de 21,2% a 20%.
Suárez explica que, aunque la ocupación ha crecido durante parte de 2026, las nuevas posiciones no necesariamente se están traduciendo en una mayor proporción de trabajadores con remuneraciones superiores al mínimo.
La lectura debe hacerse con cautela. Las cifras muestran cambios en la distribución de los ingresos laborales, pero no permiten concluir por sí solas que el aumento del mínimo sea la única causa de ese comportamiento.
Una hora de trabajo más costosa
A la discusión se suma la reducción gradual de la jornada laboral. Anif calcula que, para quienes devengan el salario mínimo, el valor de la hora trabajada pasó de $7.736 con una jornada de 46 horas semanales en el primer semestre de 2025 a $10.422 con la jornada de 42 horas y el nuevo salario mínimo en el segundo semestre de 2026.
El incremento es de 34,7% en aproximadamente año y medio y responde al efecto combinado del aumento salarial y la reducción de la jornada.
La reducción progresiva de 48 a 42 horas semanales fue establecida por la Ley 2101 de 2021 sin disminución del salario mensual. El resultado es que, incluso sin modificar nuevamente el ingreso mensual, el valor de cada hora trabajada aumenta a medida que disminuye la jornada.
Suárez advierte que los mayores costos laborales pueden tener implicaciones sobre las decisiones de contratación. Según explicó a Forbes Colombia, aunque la contratación no ha presentado crecimientos negativos, las nuevas ocupaciones, ante los mayores costos, “no han logrado ser remuneradas por encima del mínimo legal”.
Hasta ahora, sin embargo, los datos agregados de informalidad no muestran un deterioro frente al año anterior.
La inflación entra en la discusión
El aumento del salario mínimo ocurrió además en un año en el que la inflación volvió a ganar terreno.
En agosto, la inflación anual llegó a 6,24%, según el Dane. El dato mantiene la inflación por encima de la meta del Banco de la República y convierte el comportamiento de los precios en una de las variables centrales de la próxima negociación salarial.
El Banco de la República ha señalado que el incremento del mínimo de 2026 constituyó un choque relevante para los precios y las expectativas de inflación. Su equipo técnico calculó que el aumento se ubicó 17,2 puntos porcentuales por encima de la suma de la inflación pasada y el crecimiento de la productividad laboral.
Después de conocerse el incremento, las expectativas de los analistas para la inflación al cierre de 2026 pasaron de 4,6% en diciembre de 2025 a 6,4% en enero. Para la inflación básica, el ajuste fue de 4,6% a 6,7%.
El Banco de la República ha advertido, no obstante, que sus ejercicios buscan medir el impacto marginal del choque del salario mínimo y no explicar la totalidad de la inflación observada, que depende de múltiples factores.
Una cuenta adicional para Colpensiones
El efecto del salario mínimo también llegó a las cuentas públicas. Una parte importante de las pensiones administradas por Colpensiones está atada directamente al mínimo. A julio, 1,18 millones de pensionados, equivalentes al 60,8% del total de la entidad, recibían exactamente ese valor, según cálculos publicados por Anif.
El centro de estudios estima que el costo fiscal adicional asociado al incremento del mínimo sobre esas obligaciones ronda los $3,2 billones, frente al escenario utilizado como referencia en el Presupuesto General de la Nación.
La cifra debe diferenciarse del faltante total que se ha discutido alrededor de Colpensiones.
El Ministerio del Trabajo ha estimado necesidades de financiación por $5 billones para lo que resta del año y la Contraloría ha calculado $4,2 billones. Esos faltantes responden también a otros factores y no pueden atribuirse completamente al aumento del salario mínimo.
El cálculo de $3,2 billones de Anif busca aislar específicamente el efecto asociado al incremento sobre las pensiones vinculadas al mínimo.
¿Qué debería pesar en el aumento de 2027?
La discusión para el próximo año llegará con señales en direcciones diferentes.
El aumento de 2026 elevó de manera importante el ingreso nominal de quienes reciben el mínimo, mientras el mercado laboral no muestra hasta ahora un salto de la informalidad. Pero también aparecen una mayor concentración de trabajadores alrededor de ese piso salarial, un aumento del valor de la hora trabajada y presiones sobre la inflación y las cuentas públicas.
Para Fabián Suárez, de Anif, la negociación de 2027 debería volver a tener como referencias centrales la inflación esperada y la productividad laboral, con el objetivo de preservar la capacidad adquisitiva de los trabajadores.
“El riesgo de incrementar el mínimo más allá de esos parámetros para 2027 podría exacerbar los problemas planteados anteriormente”, señaló Suárez a Forbes Colombia.
El economista advierte particularmente sobre dos riesgos: dificultar la creación de nuevas ocupaciones con remuneraciones superiores al mínimo y aumentar el número de trabajadores cuyos ingresos quedan por debajo de ese nivel.
Abadía plantea una mirada más amplia. Además de inflación y productividad, considera necesario observar el crecimiento económico, el desempleo, la creación de empleo asalariado y la informalidad antes de definir el próximo incremento.
Su principal advertencia es no cargar sobre el salario mínimo objetivos que exceden al mercado laboral.
“El mercado laboral no puede sustituir la política social”, señaló.
La negociación de 2027 llegará así con una discusión distinta a la de hace un año. El aumento de 23% dejó una mejora considerable del ingreso nominal para quienes reciben el mínimo, pero también nuevas señales sobre la distribución salarial, el costo por hora, la inflación y las cuentas pensionales. Determinar cuánto del próximo incremento puede absorber la economía será ahora el centro de la discusión.
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