La tokenización del dinero y el escalamiento de la inteligencia artificial marcarán el inicio de una nueva era competitiva en la banca donde el consumidor será el gran ganador.
Desde la era de los Medici en el año 1400, la esencia del sistema bancario ha consistido en el movimiento físico o digital de valor de una cuenta a otra. Michael Abbott, Líder Global de Banca de Accenture, sostiene que esta premisa histórica está a punto de transformarse, sin dejar atrás su escencia.
El ejecutivo planteó que la base fundamental del negocio -el capital y la confianza- permanecerá intacta, pero la infraestructura tecnológica que lo soporta sufrirá un cambio radical en la próxima década. “Nada sobre la banca ha cambiado, pero todo va a cambiar simultáneamente”, dijo Abbott en entrevista con Forbes Colombia.
El primer gran catalizador de esta transformación es la tokenización del dinero. A través del uso de ‘stablecoins’, se crea una especie de cuenta corriente global. No se trata de criptomonedas especulativas de alta volatilidad, explicó el directivo, sino de un registro común que elimina la necesidad de trasladar los fondos de una geografía a otra. Al acordar que el dinero permanece estable en un mismo punto validado por todas las partes, los costos y tiempos de transacción transfronteriza se reducen prácticamente a cero.
Suramérica se perfila como un escenario clave para este auge exponencial. En países con alta volatilidad cambiaria, estas alternativas financieras han despegado con fuerza. En Argentina, el 52% de los ‘freelancers’ ya reciben sus pagos en dólares digitales. En el caso de Colombia, los ‘stablecoins’ representan hoy el 96% del volumen transaccional del ecosistema cripto. Frente a estas cifras, los bancos y aplicaciones móviles enfrentan la urgencia estratégica de conectar estas alternativas como una forma de moneda transaccional dentro de sus plataformas.
El desarrollo acelerado de esta “banca paralela” plantea desafíos críticos para los bancos centrales, especialmente ante escenarios de devaluación monetaria en la región. Para Abbott, la respuesta requiere establecer marcos regulatorios transparentes mediante alianzas público-privadas. Estructurar normas que garanticen que estos modelos sean legales, seguros y estén respaldados por reservas tangibles de los bancos, es el paso necesario para proteger al consumidor y fomentar la competencia sin perder la fe en el sistema financiero, tomando como referente el exitoso entorno competitivo impulsado en Brasil.
Esta modernización de la infraestructura también reconfigura la batalla por los depósitos. Aunque los usuarios, incluyendo a las generaciones más jóvenes, prefieren mantener sus fondos principales en instituciones tradicionales por la seguridad que transmite una sucursal física, buscan de forma simultánea experiencias digitales más ágiles. “El consumidor está eligiendo mantener su cuenta en el banco estable y a la vez utilizar los servicios de los neobancos, un resultado con el que el consumidor siempre gana”, detalló Abbott.
El segundo pilar que reescribirá la operación interna del sector es la Inteligencia Artificial (IA). Abbott comparó el estado actual de adopción tecnológica de la industria (“la fase de feria de ciencias”) con las fábricas de 1910, que intentaban adaptar motores eléctricos a correas de transmisión anticuadas. Hoy, las entidades aplican herramientas nuevas para intentar optimizar flujos de trabajo obsoletos, en lugar de rediseñarlos desde cero. “La IA hoy es como las hojas de cálculo en la década de 1980. Sabemos que va a cambiarlo todo, pero primero hay que experimentar y aprender a usarla antes de poder escalarla”, afirmó el ejecutivo.
El modelo operativo del futuro, o ‘Zero Ops’, reemplazará los flujos de trabajo en serie por sistemas gestionados en paralelo mediante agentes interconectados de IA. Al tramitar una hipoteca, por ejemplo, el cliente ya no tendrá que llenar formularios interminables, sino conversar con un agente digital que validará e interactuará con otras herramientas en tiempo real para hacer el trabajo pesado. Esta disrupción operativa promete una eficiencia sin precedentes: la fuerza laboral de un banco de 20.000 empleados podrá ejecutar procesos con el impacto y la proyección de una entidad de 200.000 a un costo marginal mínimo.
Mercados como el colombiano se perfilan como potenciales líderes de adopción temprana de estas tecnologías, impulsados por un fuerte interés por experimentar. Sin embargo, el éxito a largo plazo dependerá de la capacidad de los directivos para integrar estas herramientas en la cultura corporativa, priorizando la ejecución ágil por encima de las decisiones dilatadas. “Las grandes compañías delegan autoridad y toman decisiones. La verdadera separación estará entre la cultura que logra una colaboración efectiva y la que se queda atrapada en la parálisis del consenso”, concluyó Abbott.
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