A un año de su lanzamiento, el ecosistema de pagos inmediatos convirtió al sector solidario en el motor para bancarizar a los microempresarios y aprovechar la data transaccional.

A un año de su lanzamiento, el sistema de pagos inmediatos de Colombia probó ser un éxito. El Banco de la República reportó más de 36,1 millones de clientes registrados y más de 1.812 millones de transacciones, la masiva adopción tuvo impacto directo en la disminución del efectivo que pasó de representar el 70% de las transacciones en Colombia al 66% en el último año.

El sistema financiero lidera la cruzada para reducir el uso del efectivo, buscando combatir la informalidad, la ilegalidad y la inseguridad que a menudo rodean las transacciones físicas. Hasta ahora, su mayor desafío había sido cultural: transformar la arraigada costumbre del colombiano de a pie de usar billetes y monedas en sus pequeños gastos cotidianos. Bre-B llegó a digitalizar esta tradición.

El ticket promedio de las transacciones a través de Bre-B es de menos de $150.000, y el sistema está conformado, en su mayoría, por cooperativas financieras. De los 245 participantes de Bre-B, 172 son cooperativas vinculadas a través del nodo Visionamos.

“Reconocer al sector cooperativo marca la diferencia porque en Bre-B estamos en igualdad de condiciones las entidades grandes con las pequeñas, operando sin fricciones tanto en municipios como en capitales”, explicó Melva Rojas Paladinez, gerente General de Visionamos.

El sistema resolvió un dolor histórico para el microempresario, que solía ahorrar en su cooperativa pero movía el dinero a la banca tradicional para pagar a proveedores y evitar los altos costos de transferencia. Bre-B retuvo esa liquidez. “Llegó a solucionar el circuito del dinero, especialmente en los municipios. Ahora los clientes pueden recibir pagos en su cuenta de la cooperativa porque Bre-B habilita las transacciones directas, solucionando el ecosistema de pagos de la base de la pirámide”, dijo la ejecutiva.

Sin embargo, persisten retos regulatorios como el cobro del 4×1000. Aunque la reforma tributaria de 2022 estableció cambios, la implementación no ha ocurrido y de acuerdo con la vocera, esto depende de la voluntad política y de una infraestructura tecnológica nacional que aún está en desarrollo. “Desde el ecosistema de Visionamos desarrollamos la herramienta y estamos listos para aplicarlo, pero necesitamos una plataforma interoperable que conecte a todas las entidades financieras para hacer el cálculo de forma unificada”, explicó Rojas

De cara al futuro, la hoja de ruta apunta a escalar los pagos gubernamentales, empresariales y transfronterizos, además de detonar una revolución en el microcrédito. La huella transaccional será vital para sustituir modelos informales de financiamiento como el ‘gota a gota’. “Los datos son el petróleo de este siglo. Conocer los hábitos a través del riel de Bre-B permitirá analizar el score crediticio de personas sin historial, como los trabajadores del agro, para traerlos a la formalidad y otorgarles préstamos basados en su comportamiento”, analizó Sonia Gómez, directora de Soluciones en ACI Worldwide.

Para los próximos cuatro años, el sector solidario busca apalancar estos avances tecnológicos con una mayor incidencia política. A través de mesas de trabajo con el Ministerio de Hacienda y la promoción de una reforma a la ley cooperativa, las agremiaciones buscan nivelar la cancha para captar pensiones y administrar recursos públicos, consolidándose como el motor indiscutible de la economía popular en Colombia.

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