Los fertilizantes son fundamentales para la productividad agrícola y la seguridad alimentaria del planeta. El reto es cómo integrar tecnologías que reducen su huella de carbono, apostar por una nutrición más eficiente de los cultivos para impulsar una agricultura más productiva sin dejar de lado la sostenibilidad.
En una finca cafetera, el rendimiento de la cosecha empieza a definirse mucho antes de recoger los primeros granos. El diagnóstico del suelo, la selección de los nutrientes y las cantidades aplicadas inciden en la productividad y en la taza que se toma un colombiano, o es premiada en competencias internacionales. La huella ambiental también tiene un punto de partida mucho antes a la siembra, en los procesos utilizados para fabricar los fertilizantes.
Cada 13 de octubre, el Día Mundial de los Fertilizantes recuerda la importancia de estos insumos para la agricultura y la seguridad alimentaria. La fecha conmemora la patente del proceso Haber-Bosch, presentado en 1908, que permitió producir amoníaco a escala industrial y sentó las bases de la fabricación moderna de fertilizantes nitrogenados, nada menor cuando estimaciones dicen que cerca de la mitad de la producción mundial de alimentos depende de los fertilizantes minerales.
Su contribución a la seguridad alimentaria, sin embargo, depende de la eficiencia con la que se producen y utilizan. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que en 2050 el mundo deberá producir un 49 % más de alimentos que en 2012, por lo que aumentar la productividad sin deteriorar la capacidad de los suelos exige mejorar la nutrición de los cultivos, optimizar el uso de los recursos y reducir las emisiones asociadas a la cadena agrícola.
Andrés Useche Díaz, vicepresidente de la Región Andina de Yara, compañía global de nutrición de cultivos con más de cinco décadas de presencia en Colombia, explica que la reducción de emisiones forma parte de una trayectoria de inversión en tecnología que comenzó décadas atrás y pasa por combinar la transformación de procesos industriales con el desarrollo de fertilizantes de menor huella de carbono y el acompañamiento técnico a los productores.
“Pasamos del PowerPoint a la realidad. A finales de los años noventa desarrollamos tecnología para reducir el óxido nitroso en la producción de fertilizantes y, hacia 2005, ya habíamos reducido cerca del 50 % de nuestras emisiones de producción. Esa experiencia nos ha permitido seguir avanzando con soluciones que hoy están disponibles para contribuir a una agricultura más productiva y limpia”, señala.
La apuesta tiene dos dimensiones. Por una parte, busca disminuir las emisiones generadas durante la fabricación de fertilizantes. Por otra, trasladar esos avances a los cultivos mediante productos, recomendaciones agronómicas y proyectos que conectan productividad, sostenibilidad y oportunidades de mercado.
La planta de Cartagena convierte la descarbonización en una ventaja competitiva
En Cartagena, Yara incorporó tecnología de catalizadores para reducir las emisiones de óxido nitroso generadas durante la producción de ácido nítrico. De acuerdo con las cifras confirmadas por la compañía, las emisiones mensuales de este gas pasaron de 126 toneladas en 2020 a 3,87 toneladas en 2025, una reducción cercana al 97 %.
La empresa también logró reducir aproximadamente un 60 % la huella de carbono de los fertilizantes producidos localmente, medida a puerta de fábrica frente a procesos convencionales. A esta transformación atribuye una mitigación cercana a las 500.000 toneladas de CO₂ equivalente al año.
La reducción de la huella industrial tiene implicaciones para una cadena agrícola que necesita responder a exigencias ambientales cada vez mayores. La planta de Cartagena abastece el mercado colombiano y suministra productos utilizados en cultivos como café, flores, palma de aceite, papa y banano. La compañía complementa esta operación con instalaciones de mezclado y acondicionamiento en Yotoco, Valle del Cauca, que apoyan la distribución hacia distintas regiones del país.
Para Useche, contar con capacidad productiva local también representa una ventaja logística y operativa. “Tener una planta aquí es una ventaja para los agricultores y para el país, porque nos permite abastecer el mercado nacional y aprovechar una infraestructura en las dos costas. En un país donde los costos de transporte y las dificultades de infraestructura vial representan desafíos para la competitividad, esa capacidad industrial tiene un valor que va más allá de la operación de Yara”, explica.
En Colombia, Yara es la única compañía que produce fertilizantes de baja huella de carbono gracias a la tecnología patentada e implementada en su planta de Cartagena. Esta capacidad productiva hace parte de la experiencia global de Yara.

“Tenemos un centro de investigación en Alemania que respalda la trazabilidad de nuestras soluciones y trabajamos con terceros para verificar la reducción de la huella. Eso es fundamental porque las empresas necesitan demostrar sus avances con datos y metodologías. La sostenibilidad debe sustentarse en resultados verificables que puedan incorporarse a las decisiones de negocio”, afirma Useche.
En el Huila, los resultados se miden en la finca
La conexión entre descarbonización y productividad se concreta en el proyecto Café para un Futuro Sostenible, una iniciativa desarrollada con 100 mujeres caficultoras del Huila, en alianza con SKN Caribecafé y organizaciones vinculadas a la cooperación noruega.
El programa combina fertilizantes Yara Climate Choice™ producidos con energías renovables en Noruega, diagnóstico de suelos, formación técnica y acompañamiento agronómico. El objetivo es mejorar el rendimiento de los cultivos y la calidad del café, mientras se reduce su huella de carbono y se fortalecen las capacidades productivas y comerciales de las participantes.
Durante el primer año, el proyecto registró una reducción del 53,6 % en la huella de carbono por kilogramo de café. En el segundo año la huella por kilogramo se redujo un 75,6 %.
La historia de este café colombiano y de las mujeres que lo cultivan llegó también a Oslo Coffee Week, en septiembre de 2026, donde se presentó ante un escenario internacional y entró en el circuito comercial. Un paso que lleva el origen colombiano a nuevos mercados y demuestra cómo la calidad del café puede distinguirse también por su contribución a una producción con menor huella de carbono.
“Trabajamos también en el diagnóstico de suelos y en herramientas para mejorar el uso del nitrógeno, cada cultivo tiene necesidades diferentes y las recomendaciones deben responder a las condiciones de cada productor, mientras que las visitas técnicas y la formación permiten mejorar las decisiones sobre el manejo de los nutrientes. Lo importante es que estos avances se traduzcan en mejores recursos e ingresos para las familias y en oportunidades para que las caficultoras sigan desarrollando su negocio”, sostiene Useche.
El proyecto también busca fortalecer la posición comercial de las participantes. La calidad del grano, la trazabilidad y las prácticas de producción con menor impacto ambiental pueden contribuir a diferenciar el producto ante compradores que incorporan criterios de sostenibilidad en sus cadenas de abastecimiento y fomentar el acceso a mercados premium.
De un proyecto a un modelo escalable
El siguiente reto consiste en extender estas prácticas a más productores y cultivos. Para conseguirlo, Yara busca vincular la innovación industrial con las necesidades agronómicas y comerciales de cada cadena, apoyándose en la colaboración entre agricultores, empresas de alimentos, entidades financieras, centros de investigación e instituciones públicas.
“Cuando hablas con un agricultor, su primera necesidad no es reducir las emisiones. Quiere tener mayores ingresos para su familia, mejorar la productividad y ofrecer un producto de mejor calidad. Por eso tenemos que conectar esos objetivos con las necesidades de las partes interesadas Si logramos trabajar de forma coordinada, podemos crear un círculo virtuoso en el que las mejoras ambientales también generen beneficios económicos y las iniciativas tengan posibilidades de mantenerse y llegar a más productores”, afirma.
La escalabilidad exige, además, evaluar cada iniciativa con indicadores comparables. Los resultados obtenidos en una finca cafetera no pueden trasladarse de manera automática a una plantación de papa o palma de aceite. La productividad, la salud del suelo y las emisiones dependen de las condiciones agronómicas, las prácticas utilizadas y las características de cada cultivo.
El Día Mundial de los Fertilizantes pone de relieve una cuestión que trasciende a la industria. Para Colombia, vincular la capacidad industrial con el desempeño de los agricultores representa una oportunidad para fortalecer la competitividad del agro, desde la reducción de emisiones en la fábrica hasta su aplicación en las fincas. “El alcance futuro dependerá de que los resultados ambientales se traduzcan en mejoras productivas, oportunidades comerciales, beneficios sostenibles para quienes producen los alimentos, en últimas, que mejore sustancialmente la calidad del suelo y la calidad de vida de las comunidades”, finaliza Andrés Useche Díaz, vicepresidente y director de la Región Andina de Yara.
