El cambio climático y la pérdida de la naturaleza pueden volverse la mayor amenaza macroeconómica. Con una brecha de aseguramiento regional del 81%, la inacción corporativa trasladará inminentemente este costo a las finanzas públicas estatales.

La convergencia de desastres naturales, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad ha convertido a la naturaleza como una de las principales amenazas macroeconómica de la década. Según el Grupo Swiss Re, una de las mayores aseguradoras del mundo, tan solo en América Latina, las pérdidas económicas derivadas de catástrofes naturales ascendieron a US $100.000 millones en los últimos diez años. El peligro también radica en que apenas el 19 % de esos bienes estaban asegurados, es decir, la gran proporción de las pérdidas económicas no cuentan con ninguna cobertura.

En Colombia, el gobierno nacional había estimado que la reconstrucción de los territorios damnificados por el terremoto del 10 de agosto costaría alrededor de $30 billones de pesos, aproximadamente US$9.500 millones. Sin embargo, cálculos recientes de la Federación de Aseguradores de Colombia (Fasecolda) advierten que las pérdidas de bienes asegurados alcanzan los $6,5 billones de pesos, cifra podría sugerir que la magnitud del de los daños totales sería mayor.

De hecho, para dimensionar el impacto económico, nada más en la última semana este sector reportó pagos adicionales por $215.533 millones en indemnizaciones, lo que refleja un crecimiento del 37,7 % en la cantidad de transacciones tras la emergencia geológica.

De acuerdo con Rich Moyer, experto en riesgos climáticos, las diferentes situaciones ocasionadas por el cambio climático como inundaciones, incendios o altas temperaturas tienen un alto costo económico que aún no se ha medido cabalmente y que pueden afectar el desarrollo de los países de América Latina, pues los gobiernos se ven obligados a desviar capital de infraestructura, tecnológica o educación para atender emergencias sanitarias y proyectos urgentes de reconstrucción.

Recientemente el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), indicó que el 50 % del Producto Interno Bruto (PIB) global depende directamente del ambiente y sus servicios ecosistémicos, lo que convierte al deterioro progresivo de los ecosistemas en un gran vector de riesgo para la estabilidad corporativa, el crecimiento económico y el mundo empresarial. A este escenario se suma un desequilibrio alarmante en la asignación global de capital: en 2023, la economía global destinó US $7,3 billones a actividades con impactos perjudiciales para la naturaleza, frente a apenas US $220.000 millones invertidos en su conservación y restauración.

La Asociación Colombiana de Actuarios (ACA) viene advirtiendo que el cambio climático dejó de ser exclusivamente un problema ambiental y se está convirtiendo en un problema financiero que puede comprometer las economías nacionales y locales.

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