Los consumidores jóvenes utilizan puntos y reembolsos en efectivo para obtener más valor de sus gastos.

Jordan Sheehy no sabía mucho sobre tarjetas de crédito cuando obtuvo la primera a los 19 años. Sin embargo, sabía que construir un historial crediticio a una edad temprana podría ser beneficioso más adelante, especialmente para trámites como solicitar una hipoteca. Luego llegaron los beneficios: cuanto más gastaba con su tarjeta, más puntos y reembolsos en efectivo (cashback) acumulaba.

“Es estupendo contar con puntos como una especie de fondo de emergencia para gastos imprevistos”, comenta.

Este estudiante universitario de 23 años, residente en Victoria (Canadá), tiene tres tarjetas de crédito que utiliza para distintos fines, como la compra de alimentos, combustible y viajes. Su tarjeta de Costco le genera unos US$91 anuales en reembolsos, una cantidad suficiente para cubrir el costo de su membresía Costco Executive.

Utiliza su tarjeta CIBC Aventura Visa para viajes y reservas en Airbnb, acumulando cerca de 13,000 puntos al año, valorados en unos US$210.25. Su otra tarjeta le ofrece entre un 2 y un 6% de reembolso en compras cotidianas, como suscripciones y alimentos.

“Si el precio de los alimentos sube, tengo estos puntos que puedo utilizar para pagar esa compra”, Jordan Sheehy

Sheehy cuenta que se sumergió a fondo en la investigación de qué tarjetas ofrecían el mayor valor, recurriendo a menudo a herramientas de inteligencia artificial para comparar las comisiones frente a las recompensas. A su juicio, experimentar con cautela con las tarjetas de crédito tiene sentido mientras sigue en la universidad, aunque ello afecte temporalmente a su puntaje crediticio.

“Si vas a asumir riesgos, es mejor hacerlo cuando eres joven”, afirma.

Este artículo fue publicado originalmente por Forbes MX con información de Reuters

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