El mercado ya no descarta ver un dólar por debajo de los $3.000. Para algunos analistas, si el próximo gobierno cumple con sus promesas de ajuste fiscal y disciplina económica, la divisa podría acercarse a los $2.800. Sin embargo, advierten que buena parte de la caída actual responde al optimismo de los inversionistas y aún falta que las expectativas se conviertan en resultados.

La posibilidad de que el dólar caiga hasta los $2.800 ya no parece descabellada para una parte del mercado. Aunque el escenario todavía depende de que el próximo gobierno materialice sus anuncios de disciplina fiscal y reformas económicas, el optimismo de los inversionistas ya llevó a la moneda estadounidense a mínimos de varios años y podría seguir impulsando la valorización del peso colombiano. Sin embargo, los expertos advierten que buena parte de ese movimiento responde a expectativas y que todavía existe el riesgo de una corrección.

Esa fue una de las principales conclusiones de un Space de Forbes Colombia, en el que participaron Jackeline Piraján Díaz, economista principal de Davibank, y Felipe Campos, gerente de Estrategia de Inversión de Alianza Valores y Fiduciaria, quienes analizaron las razones detrás del desplome del dólar, los factores que podrían llevarlo aún más abajo y los riesgos que enfrenta la economía colombiana si el entusiasmo de los mercados termina siendo mayor que los resultados.

Por su parte, Campos explicó que el mercado está viviendo un proceso de “sobrerreacción” política similar al que ocurrió en 2022, pero ahora en sentido contrario. Según su análisis, los inversionistas están descontando un cambio hacia políticas económicas más ortodoxas, lo que ha impulsado la entrada de capitales y la valorización del peso.

“Si esa tercera etapa se materializa y el gobierno cumple con los anuncios fiscales, el dólar podría llegar a los $2.800”, afirmó, aunque aclaró que ese escenario dependerá de la capacidad del nuevo gobierno para ejecutar los recortes del gasto, presentar un paquete fiscal creíble y definir el futuro de sectores como el petrolero.

Piraján coincidió en que hoy el mercado está otorgando un “voto de confianza” al nuevo gobierno, pero fue más cauta sobre hasta dónde puede extenderse la apreciación del peso. Explicó que el comportamiento reciente del dólar está impulsado principalmente por el canal financiero y no por cambios estructurales en la economía.

Desde la perspectiva macroeconómica, señaló, Colombia no enfrenta hoy una presión importante por demanda de dólares. El déficit en cuenta corriente cayó a su menor nivel desde 2005, mientras que exportaciones, importaciones y remesas mantienen un equilibrio que no justifica por sí solo un movimiento tan pronunciado de la tasa de cambio.

La diferencia la están haciendo los inversionistas

Las altas tasas de interés del Banco de la República, sumadas a la expectativa de una corrección de las finanzas públicas, han convertido al peso colombiano en una de las monedas más atractivas para operaciones de carry trade y para inversionistas internacionales que buscan posicionarse antes de un eventual cambio económico.

No obstante, Piraján advirtió que el mercado podría estar reaccionando con demasiado optimismo. “Estamos viendo una reacción favorable a anuncios que todavía necesitan confirmación”, explicó. Si bien reconoció que el dólar podría acercarse nuevamente a niveles cercanos a los $3.000, considera que estabilizarse allí sería difícil, pues una eventual recuperación de la inversión reactivaría las importaciones de maquinaria y bienes de capital, incrementando nuevamente la demanda de dólares. Por esa razón, estima que un nivel más consistente para el mediano plazo estaría alrededor de $3.650.

Para Campos, el componente político explica buena parte de la caída reciente. Recordó que desde mayo el mercado comenzó a modificar rápidamente sus expectativas electorales y que, tras conocerse los resultados, el ingreso de inversionistas se aceleró.

A su juicio, Colombia está viviendo un fenómeno comparable al que experimentó Argentina con el cambio de gobierno, donde los mercados reaccionaron anticipadamente a un programa económico de corte ortodoxo. Esa expectativa también explicaría el fuerte interés de inversionistas internacionales por la deuda pública colombiana.

En esa línea, el estratega destacó el caso de Pimco, uno de los mayores administradores de renta fija del mundo, que incrementó de forma agresiva su exposición a títulos de deuda colombianos.

“Hubo una apuesta política”, sostuvo Campos, al explicar que la firma encontró una combinación poco habitual de tasas de interés muy altas y expectativas de una reducción del riesgo país, lo que convirtió a Colombia en una oportunidad de inversión particularmente atractiva.

Más allá de la tasa de cambio, ambos economistas coincidieron en que un dólar barato tendrá efectos muy distintos según el sector económico.

Mientras importadores, consumidores y empresas que compran maquinaria en el exterior se benefician de menores costos, exportadores de café, flores, banano y otros productos agrícolas enfrentan una pérdida de competitividad y menores ingresos medidos en pesos. En ese contexto, Piraján recomendó fortalecer las estrategias de cobertura cambiaria y evitar tomar decisiones bajo la expectativa de que el dólar seguirá cayendo indefinidamente.

Ambos coincidieron en que el mercado seguirá muy pendiente de las primeras decisiones económicas del próximo gobierno. Para Campos, la tendencia estructural favorece un peso más fuerte y considera que el dólar podría estabilizarse entre $2.800 y $3.200 durante el próximo año si las expectativas se convierten en realidad. Piraján, en cambio, insistió en que la confianza actual deberá validarse con resultados concretos antes de asumir que el país entró definitivamente en una nueva etapa cambiaria.

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