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Del orgullo y la identidad social

¿Cómo opera nuestra identidad social en situaciones de crisis como la actual? Acá un análisis.

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¿Quiénes somos?, ¿de qué lado estamos?, ¿a quiénes defendemos? La respuesta a estas preguntas está en una buena proporción dictada por nuestra identidad o nuestras identidades sociales. La identidad social es el concepto que una persona tiene de sí misma dependiendo de si esta se percibe como perteneciente o no a un grupo social.

Las identidades sociales son importantes para quienes se ocupan del marketing, pues estas guían el comportamiento de los clientes y consumidores en determinados momentos, los íconos de los grupos funcionan como líderes de opinión a favor o en contra de productos, marcas o ideas, y las narrativas alrededor de la identidad sirven para crear, a su vez, la narrativa del producto en cuestión o de una campaña en particular.

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En 1981 fue publicado por primera vez el libro “Grupos humanos y categorías sociales” del psicólogo social Henri Tajfel (1918-1982). Las contribuciones más conocidas de Tajfel fueron el estudio de los aspectos cognitivos del prejuicio y la teoría de la identidad social.

La teoría de identidad social parte de dos suposiciones: las personas a veces se ven y actúan como individuos, y otras veces, como miembros de un grupo. 

Tajfel nació en una familia judía en Polonia. Cuando tenía 18 años tuvo que emigrar de su país natal dado a que al ser judío conseguir educación universitaria era extremadamente difícil. Inmigró a Francia donde estudió Química. Al mismo tiempo aprendió francés y desarrolló una fuerte afinidad por la cultura francesa y los estilos de vida parisinos a comienzos de la década de los años treinta.

En 1939 fue llamado a prestar servicio militar en el ejército francés y, un año después, fue tomado como prisionero por el ejercito alemán. Entre 1940 y 1945 estuvo en diferentes campos de prisioneros en Alemania y Austria, y fue liberado después de la guerra. Durante todos esos años mantuvo una identidad francesa, razón por la cual pudo sobrevivir, ya que si las autoridades alemanas descubrían que era un polaco judío podría haber sido asesinado. 

Explica Peter Robinson, discípulo de Tajfel, que con frecuencia su Maestro se refería a su experiencia como prisionero viviendo bajo el manto de una falsa identidad. Esta experiencia le permitió reflexionar sobre el continuo unidimensional en donde en un lado está el comportamiento interpersonal, las relaciones con los demás y las características individuales (personalidad, actitud), y en el otro, el intergrupal, en donde el comportamiento está determinado por su pertenencia a cierto grupo o categoría social.

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En su experiencia como prisionero en la Segunda Guerra Mundial, Tajfel, comprendió que no importaban sus características individuales o la cercanía de las relaciones personales con los guardias alemanes, ya que del hecho de que no se enteraran de su categoría social (ser judío polaco) dependía su supervivencia. Por ende, determinó que sus atributos personales y características como individuo eran irrelevantes, una vez su identidad social se revelara.

Las experiencias de vida extrema de Tajfel, influenciaron para crear la teoría de identidad social, en la cual los grupos de los cuales hacen parte las personas (familia, clase social, religión, nacionalidad, equipo de futbol, afiliación política, asociaciones profesionales, etc.) son una de las principales fuentes de autoestima y orgullo, y son los grupos, los que nos dan nuestro sentido de identidad y de pertenencia social en el mundo.

Según Tajfel, al juzgar a otras personas, al crear estereotipos, al aprender una segunda lengua, al incumbirnos con injusticias sociales, no estamos actuando de manera aislada como individuos, sino como seres sociales que derivamos una parte importante de nuestra identidad de los grupos y las categorías sociales a las que pertenecemos, y nos comportamos en concordancia con esta consciencia de pertenencia. 

De la identidad social es de dónde surge la división que hacemos entre “ellos”, y “nosotros”, y de donde surgen las categorías que creamos para encasillar socialmente a los demás.

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Tajfel explica que los estereotipos (poner personas en categorías) hace parte del proceso cognitivo de tender a agrupar y, al hacerlo, acentuamos tanto las diferencias entre los grupos como las similitudes dentro del mismo grupo, causando con esto los prejuicios.

Para el investigador Peter Herriot, los populistas y fundamentalistas enfatizan aún más los elementos de las identidades sociales con expresiones como la de los “verdaderos creyentes”, etc.; al mismo tiempo que dan a entender la existencia de opuestos estigmatizados, los “falsos creyentes”; se establece con esto, entonces, un escenario de conflicto y se consigue movilizar seguidores en contra de un enemigo despersonalizado.

Independientemente de cuántas, cuáles, y qué tan fuertes sean nuestras identidades sociales, tomar conciencia de lo que está pasando, las señales de apoyo, solidaridad, y empatía, dan cuenta de sensibilidad y existencia de espíritu humano. 

Contacto
LinkedIn: María Alejandra Gonzalez-Perez
Twitter:@alegp1
*La autora es profesora titular de la universidad Eafit. Es presidente para América Latina y El Caribe de la Academia de Negocios Internacionales (AIB). PhD en Negocios Internacionales y Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad Nacional de Irlanda.

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