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La sofisticación empresarial también tiene cara de startup

La pandemia simplemente les abrió el camino a nuevas oportunidades para transformar el estatus quo, tarea que pueden hacer con más agilidad (y con menos plata) que su competencia corporativa.

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Innovación

Por: Isabela Echeverry*

A propósito del día del emprendimiento que se celebra el 16 de abril, nos tomamos un momento para celebrar a los emprendedores que hoy en día posicionan al Valle del Cauca. Hoy reconocemos a aquellos que gracias a su empuje, resiliencia y creatividad ayudan a diversificar y sofisticar el tejido empresarial y a posicionarnos como líder nacional en el ranking de sofisticación y diversificación económica del Consejo Privado de Competitividad 2020-2021.

La foto de los 95 emprendedores destacados que han hecho parte de alguna de las versiones de ValleE o Valle Impacta se ve así: la mayoría son hombres (71%), sus caras revelan unos 40 años, el 57% de ellos fue a la universidad, un 30% llegó a hacer la maestría, y siempre está el petit comité del doctorado (2%). Pero lo que hace que se destaquen es el desempeño superior en sus indicadores económicos entre el 2014 y 2018, pues mientras el PIB de la región en este periodo creció 33%, según el DANE, algunas de las compañías demostraron crecer en ventas 133%, en su utilidad neta 160% y generar en promedio 52 empleos de manera constante. Y no hay que olvidar que el CONPES 4011 cita que la generación de empleo de calidad (no auto empleo) es la clave en la generación de riqueza y del fomento al emprendimiento en Colombia.

Ahora, entre las startups y scaleups destacadas resaltan las tecnologías 4.0 como los sistemas de administración y optimización empresarial, el big data, el internet de las cosas y la realidad virtual. Estas compañías son STP Networks (e-commerce y apps para la transformación digital), Grupo BIT (big data para retail), Inpel (IoT para optimizar consumo de energía), Kerberus Ingeniería y Wekall (sistemas para administrar la omnicanalidad), Image Arts (economía naranja vía productos de realidad virtual), Omnicon (software para optimización de plantas industriales en USA, Corea, Turquía y 30+ países). Estas empresas tienen la capacidad de escalar sus soluciones a nivel global y generar innovaciones en grandes empresas del Valle del Cauca.

En Cali están 2 de los mejores hospitales de América Latina según América Economía. De la mano de ese crecimiento han surgido empresas de servicios para la industria como Tiqal, que con su software Daruma optimiza procesos clínicos para entregar seguridad al paciente, o empresas como Lynks Ingeniería que nacieron como una IoT que monitorea y optimiza el recurso hídrico en el Agro y pasaron a identificar una necesidad latente en el monitoreo de cadenas de frío, por ejemplo, la cadena de las vacunas COVID-19. Emprendimientos como TDX que se ha enfocado en el nicho de telemedicina (radiología), Pródigos que con su APP acompaña a los abuelitos y ancianos, y Progressus que lleva sus servicios de psicología a la comunidad hispanoparlante en Estados Unidos a través de plataformas virtuales.

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Así como existen multinacionales que dinamizan los sectores belleza y cuidado personal del Valle del Cauca, los emprendedores que innovan en este sector no se quedan atrás. Empresas como Laboratorios LSant, Botanique, Naturesse y Klaxen están creando productos más responsables y conectados con esta nueva realidad en el mundo de la nutrición, cuidado personal y desinfección. Mientras que los emprendedores en el competido mundo de los alimentos surgen, no para competir con los grandes, sino para resolver necesidades del mercado de una manera im-pe-ca-ble. Pacífico Snacks hoy en día exporta el 100% de su producción a las tiendas Trader Joe’s en USA y Más Brownie sigue conquistando los corazones de los colombianos llegando a través de Pricesmart mientras que se prepara para lanzar productos al mercado californiano.

Finalmente, en el inexplorado mundo de lo ambiental, el Valle del Cauca está fortaleciendo un tejido emprendedor que incorpora startups y scaleups en diferentes verticales de la sostenibilidad: economía circular, energías limpias, turismo y conservación. En el mundo de la moda, Della Terra y Vitality Sportswear se destacan por usar materiales reciclados mientras que Mobius, Novatio y Greendipity innovan en la forma de entregar energías renovables. En el difícil mundo del reciclaje y la economía circular, Terrarum, REVA, Ecobot y Ricol dan ejemplo demostrando cómo desarrollar modelos de negocio innovadores a partir de la basura.

La lista se queda corta ya que una y otra vez estos emprendedores demuestran que son imparables. La pandemia simplemente les abrió el camino a nuevas oportunidades para transformar el estatus quo, tarea que pueden hacer con más agilidad (y con menos plata) que su competencia corporativa. Este 16 de abril recuerden agradecer a su red de emprendedores, muchas veces son los héroes invisibles que no sólo sostienen familias,  sino que además es gracias a ellos que nosotros podemos percibir el valor de productos y servicios cada vez más sofisticados. Y si quiere ir un poco más allá, porque el COVID le movió el piso y lo dejó cuestionándose sobre el legado de su vida, lo invito a convertirse en mentor de un emprendedor. Todas las redes locales están conectadas a través de las cámaras de comercio, universidades, aceleradoras o incubadoras. Acérquese a una de ellas y se sorprenderá de todo lo que puede aportar – y aprender en el proceso de acompañar a un futuro gran empresario de la región.

Contacto:

Isabela Echeverry*

*La autora es politóloga con énfasis en Relaciones Internacionales de Saint Anselm College en New Hampshire, USA. Magister en Asuntos Internacionales, con un enfoque en Desarrollo Económico y Político del School of International and Public Affairs de Columbia University en Nueva York. Se ha desempeñado en cargos ejecutivos y gerenciales en los sectores público, privado y en entidades sin fines de lucro y actualmente es la directora de Emprendimiento e Innovación de la Cámara de Comercio de Cali. Su propósito superior es promover la estrategia para el crecimiento e innovación del Valle del Cauca.​

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes.

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No necesitamos empresarios buenos

El mundo vive una ‘oleada de moralismo’, en donde se critica la acción política y también la empresarial. ¿Por qué no debe hablarse de empresarios “buenos” o “malos?

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Foto: Pixabay

Las sociedades, cada tanto, viven oleadas de moralismo. Me refiero a periodos en los que surge una obsesión colectiva por juzgar moralmente todos los ámbitos de la vida de las personas. En la actualidad, el mundo occidental vive una de estas oleadas. La expansión internacional de la corrección política, a la que incluso en Latinoamérica ya hemos tenido que acostumbrarnos, es parte de este proceso.

Las consecuencias de la actual oleada son muchas y la discusión al respecto es amplia. No obstante, existe un espacio al que el moralismo ha llegado y sobre cuyas consecuencias se habla muy poco. Les hablo del moralismo en la actividad empresarial.

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Tradicionalmente, de las empresas se esperaba que buscaran generar el máximo valor posible a sus accionistas, cumpliendo, por supuesto, con todos los requisitos definidos en la Ley. Eso no basta ahora. Ya no es suficiente que una empresa genere empleos con todas las garantías legales, que pague a tiempo a sus proveedores, que ofrezca productos de calidad a precios competitivos, que no evada impuestos, y que respete todas las medidas de protección al consumidor y al medio ambiente. Hoy, la opinión pública espera que las empresas sean “buenas”.

Se espera que las empresas ofrezcan remuneraciones extraordinarias a sus empleados y proveedores, que se sumen a cuanto movimiento social esté de moda, y que tengan un CEO que monte en bicicleta y use lenguaje incluyente.

Yo pienso que este nuevo ideal de empresa “buena” es inapropiado. Permítanme explicar por qué.

Primero que todo, la búsqueda de empresas “buenas” alimenta la ilusión de que es posible mantener los estándares de vida modernos, evitando todo tipo de impacto negativo de hacerlo. Y aunque sería hermoso que esto fuera posible, realmente no lo es. Toda actividad productiva tiene impactos ambientales, sociales, culturales, y económicos; y dada la producción necesaria para satisfacer los niveles de consumo actuales, las magnitudes de aquellos impactos son realmente altos. 

Si nos limitamos a pensar en los impactos ambientales, por ejemplo, deberíamos tener claro que producir implica tomar recursos de la naturaleza y transformarlos. Esto, inevitablemente, afecta el curso de los ecosistemas de donde aquellos recursos son extraídos y el de los ecosistemas donde los residuos del consumo son depositados. Es decir, la esencia material misma del mundo en el que vivimos hace que los impactos negativos de la producción sean inevitables.

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Es más, sabemos que estos impactos son tales que, con la tecnología disponible en la actualidad, necesitaríamos de varios planetas Tierra para permitir que toda la población del mundo disfrutara de los estándares de vida promedio de un país desarrollado.

Por supuesto que estos impactos se pueden atenuar y pueden ser justificables si los beneficios generados por ellos son mayores. El punto es que los dilemas morales de la producción no son independientes del consumo. Entonces, es una completa hipocresía que las clases medias y altas juzguen al aparato productivo por no ser suficientemente “bueno”, mientras ellas disfrutan de todas las comodidades que éste les permite.

De otro lado, pedirles a las empresas que sean “buenas” ha dado pie al surgimiento de una narrativa de “empresario-héroe” que ha menoscabado la regulación estatal. En la narrativa del “empresario-héroe”, lo que las empresas dicen hacer no es buscar mayores beneficios, sino tratar de hacer al mundo un lugar mejor.

Basta con ver lo que oficialmente declaran como su misión algunas de las corporaciones más grandes del mundo: Facebook, “Darle poder a las personas para compartir y hacer un mundo más abierto y conectado”; Airbnb, “Crear un mundo donde tú puedes pertenecer en cualquier lugar”; Microsoft, “Empoderar a cada persona y cada organización del planeta para lograr más”. Este lenguaje corporativo de reinado de belleza es acompañado por la imagen de líderes empresariales amigables de camiseta y tenis viejos.

Bajo esa narrativa, la intervención del Estado no solo es innecesaria, sino perjudicial. ¿Por qué habría de querer regularse a los héroes de la historia?

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Esto contrasta con la narrativa clásica del empresario egoísta, el viejo desagradable de traje y corbata concentrado en maximizar sus beneficios. Esta narrativa clásica, aunque generaba menos simpatía en la opinión pública, tenía una ventaja clara y era la de hacer evidente la necesidad de un Estado que supervisara y regulara al empresario.

Por último, promover las empresas “buenas” genera unas ineficiencias enormes, ya que desvía recursos de cosas importantes a tonterías cosméticas. El mundo no necesita millones de dólares en publicidad y relaciones públicas gastados por petroleras, para convencernos de que no contaminan, o por empresas tecnológicas, para mostrarnos que no generan productos adictivos. La sociedad estaría bastante mejor reconociendo abiertamente los impactos negativos de esas actividades y usando aquellos recursos en mitigar dichos impactos.

De forma similar, buena parte de los recursos físicos, humanos, y financieros que deberían dirigirse a los proyectos productivos más rentables, son sistemáticamente absorbidos por proyectos que, aunque bien intencionados, no son viables como empresas. La sociedad ganaría más promoviendo proyectos realmente rentables y canalizando sus excedentes a iniciativas sin ánimo de lucro que sí estén convenientemente diseñadas para lograr objetivos de bienestar más general.

Nada de esto implica que las empresas deban estar libres de exigencias morales. Sin embargo, esto sí muestra que promover una cultura en la que la opinión pública juzga a las organizaciones a la luz de una moral para la cual no están diseñadas, no hace más que dificultar su funcionalidad original y promover el enmascaramiento de muchas de sus actividades. Que las empresas puedan hacer muchas cosas, no quiere decir que deban hacerlo. Las empresas tienen como función primordial generar bienestar mercantil. Ese es un objetivo valioso y, como tal, debemos defenderlo.

Claro que el bienestar mercantil no abarca todo lo que quisiéramos como sociedad. También es cierto que el bienestar mercantil puede deteriorar nuestras vidas en otras dimensiones. Pero la solución a esto es fortalecer las instituciones que complementan y regulan a la actividad empresarial. Y la búsqueda de la empresa “buena” lo que genera es lo opuesto, el deterioro de estas instituciones.

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Entonces, en vez prestarle atención a la cosmética, deberíamos concentrarnos en la esencia de los costos que vienen de la actividad económica y en las responsabilidades sistémicas detrás de ellos.

No habrá soluciones mágicas, después de todo, aquellos costos nunca desaparecerán del todo. Sin embargo, lo que sí es claro es que el capitalismo no será un sistema más digno a partir de consumidores que quieren cada vez más y que creen que todo será solucionado por una nueva generación de empresarios heroicos que derrocarán a los viejos empresarios villanos.

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LinkedIn: Javier Mejía Cubillos
*El autor es Asociado postdoctoral en la división de Ciencias Sociales de la Universidad de Nueva York- Abu Dhabi. Ph.D. en Economía de la Universidad de Los Andes. Investigador de la Universidad de Burdeos e investigador visitante en la Universidad de Stanford.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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El trabajo remoto no genera burn out, los malos hábitos sí

Para una nueva modalidad de trabajo deben existir nuevas herramientas y hábitos. Este es el primer paso para no caer en el estrés o burn out a causa del trabajo remoto.

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Burn out

Aunque para muchos el trabajo remoto se ha convertido en una fuente de estrés y sobre carga laboral, no se puede negar que esta modalidad de trabajo logra que seamos más productivos y eficientes.

Mucho se ha hablado que esta nueva modalidad de trabajo está acabando con la salud mental de las personas. Pero la única razón por la que esto está pasando es porque las empresas están abordando el tema con las mismas herramientas y los mismo hábitos que utilizaban para trabajar presencialmente, y ahí es donde está el error.

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Tradicionalmente se pensaba, y me incluyo en esto, que, estar en una oficina todo el día era sinónimo de que las personas estaban teniendo mejores resultados y haciendo un mejor uso de su tiempo. Yo era de los que creían que tener a todo el equipo en un mismo lugar, 8 horas al día, me iba a asegurar que las cosas pasaran más rápido.

En Fitpal intenté hace cuatro años implementar un sistema de trabajo en casa, pero falló rápidamente. Hoy, que llevo trabajando más de 1 año, construyendo Ontop de una manera 100 % remota, me doy cuenta que en esa época no funcionó, porque no sabía cómo manejar ese sistema de trabajo que es tan diferente. No había implementado un sistema de comunicación integrado en la compañía como Slack. ¿Para qué? Si todo el mundo estaba encerrado en la misma oficina. Si necesitaba a Juan Pablo, bastaba con ir a su puesto y hablarle. No se tenía un protocolo de reuniones y video llamadas. Las reuniones eran un poco más improvisadas y esto hacia que no honráramos nuestro tiempo tanto como ahora lo hacemos en Ontop.

Voy a proponer una serie de ideas que podrán causar algo de controversia. Las oficinas no necesariamente están diseñadas para tener mayor productividad. Una oficina tradicional está llena de distracciones que interrumpen nuestros flujos de trabajo y periodos de concentración. Compañeros de trabajo charlatanes o jefes que vienen a nuestro puesto a preguntarnos por cosas, son algunos de los factores que sacan a las personas de su estado de flow y hacen que sea más difícil volver a estados de concentración profundos. 

En el trabajo remoto, tenemos la oportunidad de organizar nuestro tiempo y espacio para tener estos momentos de trabajo dedicado sin interrupciones. Sí, podemos tener bombardeos de mensajes por Slack, pero podemos decidir encender la funcionalidad de “no molestar” y responderlos tan pronto acabemos nuestro periodo de concentración.

Aunque una de las cosas que más me hace falta del trabajo presencial son los almuerzos y los descansos, y por supuesto son muy importantes en la construcción de cultura de una compañía, no es un secreto que en las compañías muchas veces se abusa de estos espacios.

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Esto no quiere decir que un trabajador remoto no pueda hablar con sus compañeros, tener un almuerzo tranquilo u organizar coffee breaks. De hecho, en Ontop estamos fomentando estos espacios porque entendemos la importancia de hacerlo. La clave es organizarlos bien, establecer su periodicidad, para asegurarnos que ese tiempo se respete y podamos seguir con nuestras tareas diarias sin problema. Los trabajadores remotos optimizamos nuestro tiempo de tal manera que combatimos la ineficiencia.

Las claves

Lo que antes era un beneficio ahora se ha vuelto una necesidad. Debido al Covid-19 el trabajo ha tenido que evolucionar. Muchas empresas han tenido que volverse completamente remotas por la pandemia. La clave de la productividad no es volvernos máquinas que no paran, por el contrario, es enseñarles a los equipos la disciplina de tener rutinas que involucren espacios dedicados de trabajo sin interrupciones, y espacios de esparcimiento y descanso.

Estos espacios de descanso, que recargan la energía, se pueden aprovechar de una manera increíble, sacándole más provecho del que podríamos sacarles a los coffee breaks o almuerzos en una oficina tradicional. Por ejemplo, un espacio de descanso podría involucrar pasar tiempo con nuestra familia, que está comprobado eleva nuestros niveles de serotonina y por ende nos da más felicidad. O por qué no parar y ver esa serie de Netflix que tanto nos gusta desde nuestra cama.

En Ontop, muchas personas de nuestro equipo hacen ejercicio en estos espacios. Hacer ejercicio a las 11 am en el mundo prepandemia, en las oficinas tradicionales, es un lujo que solo algunos se podrían dar. Tal vez las personas en Google y creo que ni esos podrían alcanzar el nivel de calidad y desconexión que uno logra estando remoto.

Una de las grandes ventajas del trabajo remoto es el ahorro de tiempo y energía que logran las personas al no tener que transportarse a una oficina. Estudios afirman que en promedio las personas gastan dos horas al día transportándose de sus casas al trabajo. ¡Dos horas! Trancones, buses, filas, los carros pitando y el movimiento de una ciudad que empieza sus labores, hacen que lleguemos drenadas al nuestro espacio de trabajo habiéndonos quitado la energía que necesitábamos por la mañana para sacar adelante nuestras cosas.

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Y ni hablar de llegar a la casa por la noche, después de 8 horas trabajando. Llegamos totalmente apagados y resulta retador conectarnos con nuestra familia y compartir con ellos en un buen estado de ánimo. Trabajando de manera remota, nos transportamos de nuestro cuarto a nuestro estudio y conservamos toda la energía para implementarlo en esas primeras horas de la mañana que son tan importantes.  Al tener más energía, podemos estar de un humor más agradable, reducir nuestros niveles de estrés y cortisol y por ende ser más creativos y eficientes resolviendo problemas.

Algunos dirán que estoy obviando el tema de salud mental, que por cierto he tocado en otros artículos. He descubierto en este tiempo, que, si las empresas le enseñan a las personas los buenos hábitos para ser exitosos trabajando remotamente, ninguno de los males que hoy en día tenemos a causa del trabajo remoto serán prevalentes en sus equipos: aislamiento, burn out, estrés, sobre carga.

El trabajo remoto no incrementa el burn out de la gente. Lo que lo incrementa es la falta de buenos hábitos y prácticas. Los departamentos de Recursos Humanos tienen que invertir fuertemente en los siguientes años para enseñarle las personas a trabajar mejor. Esta tendencia no va a parar, y necesitamos hablar más de esto. En Ontop estamos listos para ayudarles en lo que necesiten en cuanto a trabajo remoto. El mundo cambió, y la real pregunta es si ustedes van a cambiar con el mundo o se van a seguir resistiendo.

Contacto:
LinkedIn: Julián Torres*
Twitter: @juliantorresgo
*El autor es administrador de empresas de la Universidad de los Andes. Es cofundador de Fitpal y Ontop, una plataforma que le permite a las empresas contratar globalmente de forma legal y rápida.

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Eres tu principal motivador: ¿Cómo te estás hablando?

Las palabras que nos decimos a nosotros mismos de manera consciente o inconsciente influyen en nuestro éxito. Le contamos cómo permanecer atento a este aspecto.

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Los Navy SEAL son tal vez la fuerza élite militar más prestigiosa y preparada del mundo. Fundada en 1962 durante la Presidencia de John F. Kennedy, como una unidad de combate para llevar a cabo misiones en Tierra, Mar y Aire (de ahí su nombre Sea, Earth and Land), los SEAL se han caracterizado por llevar a cabo las misiones más delicadas y difíciles del mundo, teniendo que capturar enemigos de gran valor en terrenos dificiles, recolectar inteligencia e información sensible y realizar complicadas operaciones de demolición debajo del agua.

El proceso para convertirse en SEAL es conocido por su alto nivel de exigencia y su alta tasa de deserción. La gran mayoría de los militares que entran al programa, no lo terminan. La gran mayoría se dan por vencidos en la muy conocida Semana del Infierno (en inglés Hell Week) durante la cual los aspirantes son sometidos a más de 110 horas sin dormir, al igual que a largas jornadas en las que les toca cargar troncos y balsas pesadas en sus cabezas y como si no fuera poco, correr y nadar durante largas horas en condiciones extremas de clima, todo esto mientras son humillados y acosados por sus superiores.

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Casi todos los años, el 94 % de los aspirantes a este gran reconocimiento “tocan la campana”, queriendo decir que se retiran antes de haber culminado la semana del infiero. Simplemente el nivel de esfuerzo físico y mental es muy grande y se convierte en algo insoportable. De hecho, bastantes personas mueren al año durante este duro entrenamiento.

Uno pensaría que para formar mejores Navy SEAL, el ejército debe tratar de encontrar personas bastante fuertes, grandes y de unas condiciones físicas excepcionales; el típico machote. Sin embargo, un estudio que realizaron encontró que no necesitaban integrantes con estas características estereotípicas, sino necesitaban a alguien más parecido a un vendedor de seguros. ¿Por qué?

Vender una profesión bastante difícil. Tratar de convencer a alguien de algo y ser rechazados fríamente, no es algo que sea muy placentero o agradable. Adicionalmente, tener que llegar a objetivos y cuotas de ventas es estresante, en especial cuando la continuidad de nuestro trabajo depende de esto. Los vendedores de seguros, en especial, se enfrentan a un gran número de rechazos cada mes y el producto que venden no es el más atractivo o sexy del mercado. Por ende, estos profesionales, aprenden muy rápido el arte de la resiliencia. Se vuelven expertos en recibir rechazos y fracasar, y aún así, siguen trabajando y moviéndose hacia adelante.

Esta es la razón por la cual los vendedores de seguros son mejores Navy SEAL. El estudio psicológico realizado por esta institución reveló que había un tema en común entre los candidatos que tenían éxito durante la Semana del Infierno: tenían la capacidad de hablarse positivamente a sí mismos y tenían una perspectiva positiva de las cosas.

Nos decimos entre 300 y 1000 palabras cada minuto. Esas palabras pueden ser positivas (Soy capaz, yo puedo, soy capaz de resistir) o negativas (no puedo más, es muy difícil, voy a fracasar). Resulta que cuando estas palabras que nos decimos son positivas, tienen un efecto directo en nuestra resistencia a la adversidad y al dolor y nos hacen querer seguir a pesar de que todo nuestro cuerpo dice que no.

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Aunque no todos participaremos en estas duras pruebas de los SEAL, hay algo muy importante que podemos aprender de esto. Hay seres humanos en este mundo, no muy diferentes físicamente a nosotros, que han podido soportar dificultades y dolores inimaginables y nunca se rindieron. ¿Genética? No. Simplemente es un hábito de hablarse de una manera más positiva que negativa.

Paren un momento y piensen cuántas de las cosas que se dicen a ustedes mismos diariamente son negativas. Se sorprenderán. Nadie nos enseña a hablarnos a nosotros mismos de una manera amable y positiva, para maximizar nuestros chances de terminar los proyectos que nos proponemos, de ser resilientes en situaciones difíciles y de poder enfrentar nuestros fracasos. Puede sonar a un tema de auto ayuda bastante cliché, sin embargo, las investigaciones lo demuestran. Si somos más optimistas y las conversaciones que tenemos con nosotros mismos son más positivas, tendremos mejor salud e incluso seremos más suertudos porque terminaremos perseverando y creando más oportunidades para nosotros mismos.

La clave está en comenzar a contarnos mejores historias. El storytelling no es solo una habilidad que tenemos que desarrollar para cautivar inversionistas, es un hábito que podemos desarrollar para comenzar a contarnos las historias adecuadas y ponernos en un camino más prospero y exitoso.

Así que les pregunto, ¿Cuál es la siguiente historia que se quieren contar a ustedes mismos?

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LinkedIn: Julián Torres*
Twitter: @juliantorresgo
*El autor es administrador de empresas de la Universidad de los Andes. Es cofundador de Fitpal y Ontop, una plataforma que le permite a las empresas contratar globalmente de forma legal y rápida.

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Lo que serán los próximos 200 años

¿Cuáles son las limitaciones para crecer como sociedad? ¿En qué aspectos están los principales retos y oportunidades?

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“A menudo, los problemas contemporáneos no se entienden del todo hasta que se convierten en historia y pueden verse en un contexto histórico”: Herman Kahn, William Brown y Leo Martel (1976).

Hace 45 años, Herman Kahn –físico, matemático, maestro de estrategia, futurólogo, fundador del Hudson Institute y padre de los modelos de escenarios futuros de Shell– publicó junto con William Brown  –físico enfocado en energía, recursos y estudios ambientales– y Leon Martel –politólogo con experiencia en inteligencia política y militar– el libro The Next 200 Years, en donde, con la asistencia del personal del Hudson Institute, analizaron los escenarios para Estados Unidos y el mundo al año 2176.

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El libro se publicó en el año del bicentenario de los Estados Unidos, y presenta una evaluación de lo que habían sido sus primeros dos siglos y las probabilidades para los próximos dos.

En un momento en donde los analistas del Hudson Institute identificaron que los mayores problemas en los años 70 eran el crecimiento poblacional, la limitada energía, la escasez de recursos naturales, la insatisfacción de la demanda alimentaria, la contaminación y la guerra termonuclear, el libro sobre los próximos 200 años fue escrito de cara a enfrentar la cuestión crítica de la segunda mitad del siglo XX: si la tecnología y el crecimiento económico destruirían la humanidad o si por el contrario mejorarían las perspectivas de paz y prosperidad.

A diferencia de los hallazgos y las perspectivas simultáneamente catastróficas y esperanzadoras presentadas al Club de Roma en 1972 en el reporte Los límites para crecer –donde un equipo de investigadores del Massachusetts Institute of Technology examinan el crecimiento explosivo de la población, el agotamiento de los recursos naturales, la producción agrícola, la producción industrial y la contaminación como factores que limitarían el crecimiento económico al año 2100–, Kahn y sus colaboradores identifican en sus estudios que no solamente la población mundial comenzaría a crecer a una tasa menor, sino también que universalmente se podría alcanzar prosperidad y altos estándares de condiciones de vida.  

Según los autores, las limitaciones para crecer podrían surgir con más probabilidad de aspectos psicológicos, sociales y culturales, o de la mala suerte y/o de las prácticas monopolistas que interfieran con la oferta, que de límites reales físicamente de recursos disponibles. Por ende, para los autores, las preocupaciones sobre el futuro de largo plazo, además de los temas ambientales, no deberían ser los aspectos tecnológicos, sino los asuntos en los cuales la humanidad es más factible que tome malas decisiones.

Estas malas decisiones se toman en parte porque no son entendidas, y en parte porque son realmente inciertas y/o irresolubles. Para Kahn y sus co-autores, incluso con un liderazgo extraordinario y con buena suerte, los resultados pueden variar inmensamente.

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Explican los analistas que los problemas de las sociedades modernas, especialmente los que afectan la calidad de vida, se derivan no de fracasos sociales, sino de grandes logros sociales. Por ejemplo, mencionan que, debido a la abundancia, las personas no tienen que esperar por posesiones o por la mayoría de las cosas que desean, y se tornan saciadas, aburridas y petulantes cuando lo consiguen y enfurecidas cuando no reciben lo que quieren inmediatamente.

Que el crecimiento económico continuo y los mejoramientos tecnológicos hacen que se exijan tasas crecimiento irrealistamente altas. Que la seguridad física, la salud y la longevidad traen consigo preocupaciones neuróticas por evitar el dolor y la muerte. O que el racionalismo y la eliminación de superstición desemboca en pérdida de la tradición y la fe y en que nada que no pueda ser justificado por la razón pueda justificarse.

Por otro lado, aunque, como veíamos al principio, para los autores muchos de los problemas actuales no pueden entenderse hasta que se ven en un contexto histórico, creen también que “la futurología puede proporcionarnos ese contexto ahora, al darnos un punto de vista artificial desde el que mirar hacia atrás: examinada en esta perspectiva a largo plazo, la cuestión actual parece bastante diferente y puede comprenderse mejor. Incluso si el futuro real se desvía del proyectado, el ejercicio merecerá la pena por las nuevas perspectivas que proporciona” (Herman Kahn, William Brown y Leo Martel, 1976).

Proponen Kahn y sus colaboradores que hay cuatro tareas pendientes para construir futuros de largo plazo: la primera es proyectar una imagen convincente de un futuro deseable, plausible y práctico, lo cual es extremadamente importante para asegurar altos niveles de moral, dinamismo y consenso de manera que el engranaje social fluya suavemente. La segunda es abordar los problemas del presente y del futuro inmediato. La tercera es afrontar los problemas desconocidos del largo plazo. Y la cuarta es pensar en la sociedad posindustrial (cambio en el poder para direccionar y manipular a los humanos y la naturaleza, menores diferencias entre las personas y competencia por los valores escasos).

Finalizo entonces con esta frase para la reflexión, atribuida a varios personajes y pafraseada por Kahn y sus colegas (1976): “los que descuidan el futuro se arriesgan a perderlo”.

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LinkedIn: María Alejandra Gonzalez-Perez
Twitter:@alegp1
*La autora es profesora titular de la universidad Eafit. Es presidente para América Latina y El Caribe de la Academia de Negocios Internacionales (AIB). PhD en Negocios Internacionales y Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad Nacional de Irlanda.

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América Latina: La mira del emprendimiento global

El momento que está viviendo el ecosistema de emprendimiento tecnológico latinoamericano es inigualable. ¿Por qué y cómo sacarle provecho?

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Innovación

Aunque suene cliché y repetitivo, el momento que está viviendo el ecosistema de emprendimiento tecnológico latinoamericano es inigualable, y parecería que es una tendencia que aún está empezando. De hecho, el crecimiento de la región es hoy en día el más alto a nivel mundial y, de mantenerse, en aproximadamente 5 años América latina tendría un ecosistema de emprendimiento más grande que el europeo.

Todos los días leemos encabezados de noticias que anuncian rondas de inversión millonarias para startups colombianas y latinoamericanas, éxitos comerciales, aperturas de nuevos mercados por parte de estas compañías y otras noticias que nos muestran el crecimiento explosivo de esta industria. Pero no solo son noticias populares, la realidad es que tan sólo en el segundo trimestre de este año 2021 Latinoamérica logró una cifra récord en capital invertido en startups del continente. Es más, este trimestre récord es casi 3 veces más grande que cualquier otro trimestre en la historia, pues se alcanzó la cifra de 7,3 billones de dólares, mientras que el trimestre más alto anteriormente había sido de 2,6 billones de dólares (2Q2017).

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Esto parece ser apenas el inicio de una tendencia que perdurará en el tiempo por varios años, pues el increíble crecimiento también se está evidenciando en la cantidad de startups nacientes en la región. A manera de ejemplo, en Rockstart, el vehículo de inversión en el que buscamos e invertimos en startups nacientes de todo Latam, cada año hacemos una convocatoria para encontrar estas startups en las que invertiremos, en el año 2017 esta convocatoria tuvo algo menos de 400 aplicantes para ser parte del programa de Rockstart, mientras que en 2020 (la más reciente convocatoria abierta) recibimos más de 2200 solicitudes, ese crecimiento es un claro ejemplo de la explosión que hoy en día la región está viviendo en temas de emprendimiento tecnológico.

De igual manera, el capital de riesgo o “Venture Capital” mundial está poniendo sus ojos cada vez más en el continente y cada día los jugadores más relevantes del mundo hacen sus primeras inversiones en la región, mientras que muchos otros ya tienen a latinoamérica como foco importante de sus inversiones.

Así, estamos viviendo un momento en donde se alinean oferta y demanda, vemos más startups de calidad surgiendo y más inversionistas buscando startups en la región; se ha creado el match que llevamos esperando por varios años muchos emprendedores, ahora solo falta el incentivo para los inversionistas locales.

¿Cómo está Colombia en toda esta tendencia?

Colombia es sin duda uno de los epicentros más relevantes de esta ola regional. Si bien el país hasta hace poco tiempo parecía tener su caso de éxito con Rappi únicamente, hoy en día a este gigante se le han ido sumando diferentes compañías que vienen creciendo explosivamente, que hoy son referentes regionales y que parecería que todavía tienen muchos años de crecimiento por delante. Addi, Chiper, Frubana, LaHaus, Bold, Robinfood, Merqueo y varias otras vienen cada día tomando más relevancia regional y seguramente en los próximos 3 a 5 años algunas serán los nuevos unicornios colombianos.

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Ojalá en el país empecemos a apostarle con mayor fuerza al emprendimiento con capital nacional, que nuestras empresas logren seguir consolidándose y que así logremos crear un nuevo sector empresarial colombiano más fuerte cómo ruta de desarrollo económico y social del país de cara a los próximos 20 años.

Por ahora, es poco el capital local invertido en estas startups caso de éxito, pues la gran mayoría del capital recibido por estas compañias proviene de inversionistas internacionales. Se necesitan más redes de ángeles inversionistas, fondos de inversión locales, incentivos tributarios a las inversiones en etapa temprana y mayor participación del sector financiero en este tipo de activos para poder seguir fortaleciendo el ecosistema del país y sacar el máximo provecho de esta gran ola de emprendimiento tecnológico de la región.

Contacto:
LinkedIn: Felipe Santamaría
*El autor es Cofundador y Managing Director Rockstart Latam, la aceleradora internacional de startups más grande en Colombia. Ha sido emprendedor, mentor e inversionista en múltiples emprendimientos de la región. 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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