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Gestión de agua: ideas para evitar una crisis en Colombia

Pese a ser uno de los nueve territorios más ricos en agua del mundo, al menos un tercio de la población en Colombia urbana padece de estrés hídrico.

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La disponibilidad de agua para el consumo humano es un desafío que no sólo amenaza con mantener a buena parte de la población global en condiciones de pobreza, sino que constituye una bomba de tiempo que pone en peligro la sustentabilidad misma de nuestra civilización. El futuro luce complejo: más del 36 % de la población mundial vive en regiones con escasez de agua y se proyecta que alrededor del 50 % pueda encontrarse en riesgo por el estrés hídrico para 2050.

De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 71 % de la población mundial (5.200 millones de personas) cuenta con agua potable administrada de manera segura, pero alrededor de 844 millones aún carecen de ella. Cerca de 2.900 millones de personas cuentan con saneamiento seguro, pero 2.300 millones padecen dificultades para gozar de saneamiento básico y 892 millones practican la defecación al aire libre, por lo que no sorprende que de acuerdo con Unicef más de 800 niños mueran al día por diarrea provocada por agua contaminada y malas condiciones de higiene.

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El acceso al agua limpia y saneamiento es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la serie de lineamientos planteados por las Naciones Unidas para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad para 2030. Según cálculos del Banco Mundial, Los países deben cuadriplicar el gasto a US$150.000 millones al año para brindar agua potable y saneamiento universal.

Para las ciudades, el impacto es significativo. Según datos de la misma ONU, 156 millones de personas que habitan en contextos urbanos no poseen conexiones eficientes a servicios de agua y 700 millones viven en condiciones insalubres. El acceso a agua potable, saneamiento e infraestructura municipal es un imperativo, sobre todo frente a la crisis provocada por la pandemia de Covid-19, la cual ha demandado el aumento exponencial de medidas de higiene para evitar contagios y la propagación del virus, y ha generado una presión aun mayor sobre recursos fiscales de países y municipios. 

El planeta requiere de soluciones creativas, orientadas al mercado y con visión de largo plazo. Las inversiones deben estar mejor coordinadas y dirigidas para garantizar que los servicios lleguen a los más vulnerables, a la vez que los gobiernos deben involucrar más al sector privado para cubrir los altos costos. Colombia, un país con vastos recursos hídricos, no es la excepción.

El problema es casi irónico: pese a ser uno de los nueve territorios más ricos en agua del mundo (Colombia está clasificada dentro de los 10 primeros países del mundo en términos de recurso renovable de agua per cápita), un tercio de la población colombiana urbana padece de estrés hídrico. El desajuste entre una alta disponibilidad de agua y una demanda excesivamente concentrada ha redundado que Colombia sea altamente vulnerable a riesgos de escasez hídrica en el mediano y largo plazos.

Ante este panorama, la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales) y la Corporación Financiera Internacional (IFC) con el apoyo de la Cooperación Económica y Desarrollo de la Embajada de Suiza en Colombia (SECO) y el Banco Mundial, organizaron recientemente el webinar Agua en tiempos de crisis: Retos y buenas prácticas en la gestión integral del recurso hídrico paras las ciudades colombianas, donde también participaron la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos y Comunicaciones de Colombia (ANDESCO) y Empresas Municipales de Cali (EMCALI), la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), la Gobernación de Antioquia y un exdirector de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

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Las conclusiones fueron contundentes. Colombia ha dado pasos importantes para mejorar la institucionalidad del agua, ideando una serie de programas y políticas orientadas a incrementar la seguridad hídrica con la recuperación y sostenibilidad de los recursos hídricos. El agua potable disponible, sin embargo, sigue siendo limitada: la cobertura del abastecimiento de agua gestionado de manera segura alcanza el 73 % a nivel nacional (es decir, el 27 % de la población colombiana no recibe agua limpia), el 48 % está conectado a una planta de tratamiento y tan sólo el 42,8 % del agua residual recolectada es tratada.

Un informe reciente del Banco Mundial – Colombia: Un Cambio de Rumbo: Seguridad Hídrica para la Recuperación y Crecimiento Sostenible– señala que el cambio climático y el crecimiento poblacional han llevado al país a padecer síntomas extremos de inseguridad hídrica, los cuales van desde sequías intensas a severas inundaciones. Para mitigar los impactos negativos de estos fenómenos, apunta el reporte, se necesitan inversiones prioritarias orientadas a optimizar el desempeño del sector y catalizar el potencial de crecimiento y recuperación, sobre todo ahora que finalice la emergencia sanitaria de la Covid-19.

Una propuesta fundamental formulada en el webinar consiste en cambiar el enfoque económico lineal con el que se aborda la problemática hídrica a una economía circular, es decir, a aquella que intercambia el ciclo típico de gestión de cuencas hidrográficas, producción, uso y disposición a favor de la mayor gestión del recurso hídrico y del agua, reutilización y reciclaje posible. Cuanto más tiempo se usan los materiales y los recursos, más beneficio para todas las partes interesadas (stakeholders) y el medio ambiente.

La economía circular en el manejo del agua consiste en transformar un recurso en una nueva oportunidad con la recuperación del agua residual, reducción de pérdidas a través de la mejora de la eficiencia, el reúso de agua con tratamiento mínimo para diferentes procesos, el reciclaje de agua tratada y la restauración de agua a la fuente con la misma o mejor calidad como preservación y sostenibilidad del recurso hídrico.

El cambio de paradigma en lo referente al saneamiento debe contemplar la planificación del recurso hídrico a nivel de cuenca, la gestión del agua, la transformación de plantas de tratamiento de aguas residuales a instalaciones para la recuperación de recursos, la aplicación de modelos de negocio innovadores y la promoción de políticas institucionales que salvaguarden y aseguren la perdurabilidad de la sociedad y del medio ambiente.

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Las limitaciones actuales no son fáciles de sortear: la reducida capacidad de las empresas prestadoras de servicios para financiar nuevas inversiones, tarifas bajas de distribución y saneamiento para sostener gastos operativos, la crisis económica reflejada en una baja capacidad de pago por parte de los usuarios y, ahora, las complicaciones intrínsecas a la pandemia.

Colombia ha desarrollado un plan de recuperación pospandémico que contempla la generación de empleo, el crecimiento verde y el apoyo a sectores vulnerables. Una gestión responsable y correcta del agua es crucial para hacerle frente a estos tiempos de crisis, pues una adecuada inversión en seguridad hídrica conducirá a la creación de empleo, un mayor equilibrio de la infraestructura verde y mejorará la salud de la población con menos recursos.

Hoy más que nunca se requiere apoyar la construcción de proyectos bancables con la tecnología e innovación necesarias para solucionar problemas y formular estructuras idóneas de financiamiento. No hay alternativa. Una gestión eficiente del agua también puede contribuir sustancialmente a reducir la migración y el número de desplazados internos, lo que redunda en una mayor paz y seguridad para el país. Es hora de redoblar esfuerzos. Juntos podemos lograrlo.

Por: Naoll Cyrille Mary*
*El autor es Senior Operations Officer de la Corporación Financiera Internacional (IFC), miembro del Grupo Banco Mundial e institución mundial de desarrollo centrada en el impulso al sector privado en los mercados emergentes.

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Dólar global y dólar local

El análisis de esta divisa contempla dos tipos diferentes. Para entender su movimiento es necesario tener en cuenta qué afecta su oferta o demanda. Acá algunos básicos sobre el análisis del dólar.

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Foto: Unsplash

Un tema que trato con mucha frecuencia, en medios, columnas, conferencias y clases es el del dólar, creo que es por ser uno de los activos más discutidos y opinados en el mercado local. ¿La razón? Se siente mucho más cercano a todos nosotros que otros, si no pregúntese cuantas veces han comprado dólares para un viaje o recibido un giro del exterior y luego compárenlo con las operaciones que hayan hecho en acciones o bonos, les aseguro que es muy probable que las del dólar sean muchas más.

Así pues, en esta columna les quiero mostrar un poco cómo abordo el análisis del dólar partiendo que lo primero es que para mí existen dos dólares, el global y el local. Así que para entender su movimiento es necesario tener en cuenta que hay diferentes fuerzas que pueden afectar su oferta o demanda, es decir hacer variar el apetito por este activo lo que finalmente repercutirá en su precio.

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En este sentido, el grafico 1 muestra algunas fuerzas que me parecen relevantes, donde las decisiones de la Reserva Federal o FED, la percepción de riesgo y en general el panorama global afectan el proceso de toma de decisión de los inversionistas mundiales, lo que al final determinará la fortaleza o debilidad del dólar en ese contexto.

Los otros cuadros corresponden a situaciones locales, guiadas por las decisiones del Banco de la República, la entrada de dólares o monetizaciones de operaciones del gobierno, el comportamiento del precio del petróleo y el flujo de inversionistas internacionales.

Gráfico 1 – Elaboración propia

Para ver en la práctica como interactúan estas fuerzas el gráfico 2 presenta el comportamiento de la tasa de cambio Peso/Dólar y el índice DXY que permite ver el comportamiento del dólar contra una canasta de monedas, dicho de otra forma, es local contra global. Si bien es claro que, a pesar de haber tenido un comportamiento similar en algunos momentos del año, en otros divergen como lo que ha pasado desde el 27 de septiembre cuando el DXY aumentó 0,69%, mientras la tasa de cambio del peso y el dólar caía 1,99% señalado por la flecha roja.

Una de las fuerzas que ha fortalecido el dólar global es el anuncio del tapering por parte de la FED que ocurrirá entre noviembre y diciembre con lo que se reducirán las compras de títulos, esto ha confirmado la expectativa de un cambio de postura en la política monetaria más rápido de lo esperado ante mayores presiones inflacionarias (el último dato anual fue de 5,4% para septiembre manteniéndose en máximos de 5 años). En el fondo, esta mayor demanda global por dólares viene impulsada por la expectativa de un eventual aumento de tasa por parte de la FED que haría más atractivo el mercado estadunidense frente a otros destinos.

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Gráfico 2 – Elaboración propia

Pero lo que vimos en Colombia para ese mismo periodo fue una caída en la tasa de cambio que pasó de $3.844 hasta $3.744 llegando inclusive a un cierre mínimo de $3.720, lo que muestra fortalecimiento del peso, contrario a lo que se esperaría de acuerdo al índice DXY.

Fueron varios los factores que contribuyeron a este comportamiento a nivel local, el primero las monetizaciones de parte de los recursos provenientes de la venta de ISA, así como del canje de reservas del Banco de la República y el Ministerio de Hacienda.

Ambos se dieron en un contexto de aumento de 25 puntos básicos en la tasa del Banco de la República y la decisión de Moody’s de mantener nuestro grado de inversión lo que refuerza una expectativa de fortaleza en el peso. Si bien el precio del crudo ha perdido relevancia como factor determinante de la tasa de cambio nuestras exportaciones siguen concentradas en él, por lo que el Brent negociándose por encima de 80 dólares el barril es una fuerza en el mismo sentido que se suma al efecto general.

Pero, no hay que olvidar que después de marcar $3.720 esa semana también cerró a $3.770 lo que muestra que cuando se analiza el dólar hay que tener en cuenta tanto el global como el local y determinar cual está marcando la tendencia, sin olvidar que muchas veces lo local puede prevalecer en un momento del tiempo, pero si va en contra de lo global es difícil que pueda ser algo más que un cambio coyuntural.

Por: Gregorio Gandini*
*El autor es fundador de Gandini Análisis, plataforma donde crea contenido de análisis sobre mercados financieros y economía. También es el creador del podcast Gandini Análisis y se desempeña como profesor en diferentes universidades en temas asociados a finanzas y economía.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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Una preocupante recuperación económica

El optimismo que hace meses caracterizaba al FMI, hoy se nubla ante una revisión a la baja que suscita muchas dudas. Las desviaciones no son drásticas, pero sí claves en el largo plazo.

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Pobreza

De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la recuperación sigue su curso. Y las distintas economías en el planeta, con sus más y con sus menos, siguen recuperando un producto interior bruto (PIB) que hace meses registraba desplomes históricos en casi el conjunto de economías que integra este, nuestro planeta. Sin embargo, de tener que definir la recuperación de alguna forma, atendiendo a sus características y su comportamiento, el organismo la define como “una recuperación obstaculizada por profundas fisuras”.

Desde hace meses sabíamos que la recuperación era un hecho; no era posible que, ante una pandemia que ya no azotaba con tanta intensidad y permitía la reapertura de la economía, los distintos productos agregados en el planeta no experimentasen un impulso como el vivido, máxime tras la caída registrada previamente y el efecto rebote. Sin embargo, pese a que la recuperación podía obviarse, los riesgos de los que venimos advirtiendo desde hace semanas en esta misma columna, hoy, son un problema para una recuperación que, efectivamente, presenta fisuras.

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Para ver estos problemas, basta con observar los datos que arrojan los distintos Gobiernos en lo relativo al comportamiento de sus respectivas economías. Economías que no quedarían atrás en los numerosos discursos multilaterales que, favorecidos por las facilidades que ofrecían los entornos digitales, se emitían durante la pandemia, pero que, a la luz de los datos, se han descolgado en la recuperación. Una recuperación que hoy, por determinados factores, los cuales se han mencionado al igual que esta recuperación de la que hoy hablamos, ha perdido fuelle, a la vez que sigue presentando divergencias preocupantes y que deberíamos tener en cuenta.

De acuerdo con el FMI, y en contraste con las previsiones de julio, la proyección del crecimiento mundial para 2021 se ha revisado ligeramente a la baja y se sitúa ahora en el 5,9%. Los riesgos han comenzado a hacer daño a esa recuperación frágil que hemos mencionado en otras columnas pasadas. Determinados factores clave en la recuperación económica, de los que ya advirtió el FMI, no están comportándose como deberían. Factores que condicionan, en mayor o menor medida, el comportamiento de las distintas economías. Una situación que preocupa por las consecuencias que esto tiene.

Las políticas de apoyo, las cuales el FMI consideró determinantes, siguen siendo insuficientes en América Latina y, especialmente, en economías como México o Colombia. Mientras Estados Unidos tiene recursos para combatir la pandemia con una movilización de recursos equivalente al 18% del PIB, Colombia apenas puede hacerlo, con una movilización equivalente al 2,8% del PIB.

En el caso de México, para completar el ejemplo, la situación es incluso peor, pues hablamos de un escaso 1%. Y junto a esto, debemos señalar el otro claro determinante: el ritmo de vacunación.

En lo relativo a esto, la realidad es mientras que casi el 60% de la población de las economías avanzadas ya está completamente vacunada, e incluso se están administrando dosis de refuerzo, aproximadamente el 96% de la población de los países de bajo ingreso sigue sin vacunar.

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La situación está provocando divergencias, a las que se le han sumado las presiones inflacionarias, así como una crisis laboral por escasez de trabajadores, una crisis de materias primas, así como una crisis energética que ha llevado el precio del petróleo a máximos. Pero, como señala el propio FMI, es importante señalar que estas divergencias, que se han ensanchado con la pandemia, tienen consecuencias en la economía de los países y en la propia ciudadanía.

Por esta razón y de acuerdo con el organismo, la peligrosa divergencia de las perspectivas económicas de los países sigue siendo uno de los principales motivos de preocupación. Se prevé que el producto agregado del grupo de economías avanzadas recupere la trayectoria de la tendencia previa a la pandemia en 2022 y la supere en un 0,9% en 2024. En cambio, se espera que el producto agregado del grupo de economías de mercados emergentes y en desarrollo (excluida China) se mantenga en 2024 un 5,5% por debajo de las previsiones prepandémicas, lo cual provocaría un fuerte retroceso de los logros en la mejora del nivel de vida.

Y es que, si bien se espera que el crecimiento del PIB mundial evolucione favorablemente el próximo año, la OCDE muestra que, a finales de 2022, el ingreso mundial todavía seguirá siendo cerca de tres billones de dólares inferior a lo previsto antes de la crisis.

Tres billones de dólares que equivalen aproximadamente al tamaño de la economía francesa, por lo que hablamos de una situación, a priori, preocupante. Pues, como vemos, no se esperan grandes desviaciones en el cuadro macroeconómico, pero esos riesgos frecuentemente mencionados sí pueden provocar leves desviaciones que, teniendo en cuenta los objetivos de convergencia e inclusividad, no solo nos frenan, sino que, como decíamos previamente, nos hacen retroceder considerablemente, alejándonos de un objetivo que va más allá de esta crisis.

Por: Francisco Coll Morales*
*El autor es economista, Redactor jefe y jefe de análisis de Economipedia. Analista económico en más de 40 medios, nacionales e internacionales.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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El enfoque: la puerta de entrada a la productividad exponencial

Es posible enfocar su energía y atención en algo específico. La clave es saber cómo moldear su propio cerebro. Acá algunas claves para hacerlo.

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Foto: Pexels

Todos los seres humanos tenemos la capacidad de decidir enfocar nuestra energía y atención a algo específico. Este proceso de enfoque  siempre lo vamos a sentir como un esfuerzo, como algo hasta cierto punto incómodo. ¿Por qué? Porque cuando hacemos cosas reflexivas nuestro sistema nervioso ya conoce los patrones y usa una mínima cantidad de energía para ejecutar esas acciones, pero cuando queremos hacer una acción deliberada (nueva) requiere de una buena cantidad de energía.

¡No solamente esto!, sino que para poder entrar en este modo de acción el cerebro segrega adrenalina, que nos hace sentir agitados y estresados. Es decir, el químico que nos mueve a la acción está diseñado para hacernos sentir estresados o agitados.

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Grabemos en piedra este principio: No existe control de mis acciones que no esté precedido por el estrés, ¡punto!

Ojalá esta verdad te haga empezar a cuestionarte algo que está muy metido en la cultura moderna: El estrés es malo. ¡Pues déjame decirte que no! El exceso de estrés es malo, pero la ausencia de estrés también es mala. 

Esto que te acabo de mencionar es extremadamente importante, porque si quieres hacer cualquier cambio en tu vida, sea aprender algo nuevo, cambiar la respuesta hacia ciertos estímulos, crear nuevos patrones de comportamiento, es decir, construir nuevos hábitos; tienes obligatoriamente que entender cómo funciona la neuroplasticidad de tu cerebro.

Esta es la capacidad que tenemos de moldear nuestro cerebro, para que aprenda y desaprenda. Además, siempre va a estar acompañada de estrés, de hecho el estrés es la puerta al cambio. La clave de la neuroplasticidad es que para alcanzarla de forma efectiva va a depender de qué tan despiertos o somnolientos estemos.

Los responsables de los cambios físicos que podemos producir de manera voluntaria en nuestro cerebro son los neurotransmisores, que son los químicos que producimos en nuestro cerebro como la adrenalina y la dopamina. Para aprender algo nuevo y entrar en un proceso creativo necesitamos enfocarnos y para esto debemos estar alertas o muy despiertos. Este estado de alerta (que comúnmente podríamos asociar con estrés) precede al enfoque y por lo tanto es la puerta de entrada para que podamos hacer cambios en nuestro cerebro.

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Es importante que entiendas que la adrenalina es la responsable de este estado de alerta. De esta manera, podemos decir que la adrenalina es el combustible que necesitamos para enfocarnos. El cambio se va a dar en cuanto mayor enfoque le puedas dar a eso nuevo que quieres aprender o a ese nuevo hábito que quieres desarrollar.

El entender esto es clave, porque entonces comprendemos que no es tan agradable la primera sensación de cuando vamos a realizar un proceso que requiere de enfoque. Asimismo, sabemos que esta es la puerta de entrada para que podamos conseguir los objetivos que queremos y que este malestar es momentáneo, pues más adelante va a rendir unos frutos tremendos.

Una vez que logramos introducir un hábito positivo en nuestra vida, este entra a formar parte de los procesos reflexivos del cerebro, y por tanto, generan menos incomodidad. De hecho,  muchas veces el mismo cuerpo nos empieza a pedir que desarrollemos esa nueva acción. Por ejemplo, cuando una persona empieza a comer de forma saludable, o entra en una rutina de ejercicios diaria, va a llegar un momento en que el mismo cuerpo le pide una ensalada o ir a hacer ejercicio.

Otra cosa que tenemos que entender es que los cambios en el cerebro no se producen en el momento que estamos enfocados, es decir, no se producen mientras realizamos una tarea que queremos sea un hábito. De hecho, no se producen mientras estamos despiertos. Los cambios ocurren cuando el cerebro está en estado de descanso total, cuando estamos dormidos o en un estado de relajación profunda. Por ejemplo, grabamos en nuestro cerebro ese idioma nuevo que estamos aprendiendo o ese nuevo patrón de comportamiento cuando estamos durmiendo.

Esto significa que existe una relación muy importante entre el estado de enfoque y el de descanso. Son las dos caras de la moneda de la productividad humana. No existe la una sin la otra. Son los polos opuestos de nuestro estado de atención, pero que se complementan de una manera increíble. Entender esto es la clave principal de la productividad exponencial.

De hecho, existen estudios científicos que nos dicen que la mejor manera de aprender es estudiar durante 90 minutos e inmediatamente tomar una siesta o relajarnos profundamente durante 20 minutos. Está demostrado que esto mejora nuestra capacidad de retención de lo que estudiamos.

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Este cambio entre los estados de enfoque y descanso lo podríamos entender como una especie de marea.  Todos podemos sentir que mientras nos levantamos en la mañana vamos sintiendo un estado más general de alerta, de estar despiertos que va aumentando durante el día. De la misma manera, cuando va llegando la noche nos vamos sintiendo más relajados y somnolientos hasta que eventualmente nos dormimos.

Estos ciclos de 24 horas son los famosos ciclos circadianos. Entonces por sentido común van a existir momentos del día que van a ser óptimos para pensar, enfocarnos y aprender, en donde vamos a tener más energía, y momentos del día en los que vamos a estar cansados y va a ser muy difícil enfocarnos y concentrarnos.

Siendo así, podemos decir que para realmente sacar el máximo provecho a nuestra neuroplasticidad para ser realmente productivos, deberíamos ser capaces de dominar estos estados de alerta y descanso.

Los científicos han descubierto que todo el funcionamiento de nuestro cuerpo está regulado en ciclos de 90 minutos, que se conocen como ciclos ultradianos. Una fuerte prueba de esto es que nuestros ciclos de sueño están divididos en períodos de 90 minutos cada uno. Lo que los científicos identificaron es que cuando estamos despiertos continúan estos ciclos de 90 minutos. Esto quiere decir que, de forma natural estamos diseñados para tener períodos de enfoque óptimo de 90 minutos. 

Cuando vamos a desarrollar una actividad que requiere nuestro enfoque, como por ejemplo, una presentación de negocios o un correo importante, los primeros 5 o 10 minutos de la misma se van a sentir como forzados. Pero con el paso de los minutos vamos mejorando la capacidad de concentrarnos y entramos en un estado óptimo de fluidez hasta que se completan los 90 minutos. Sin embargo, cuando llegamos a ese límite vamos a sentir un declive de esta capacidad de concentración.  

Derivado de esto tenemos dos hacks poderosísimos. El primero es que para tu tarea más importante, esa que requiere de enfoque y concentración, debes reservar un bloque de 90 minutos para hacerla. Este bloque yo lo he denominado Sesión de Alta Concentración o SAC. A su vez, para sacarle provecho a este tiempo y que logres entrar en un estado de máxima fluidez o de máxima productividad deberías estar exclusivamente concentrado en esa actividad. Porque si te distraes te va a tomar otros 10 o 20 minutos regresar a ese estado de alta concentración, porque estarías repitiendo el proceso que viviste al comienzo.

El segundo hack es que debes experimentar en poner este bloque o bloques de tiempo en diferentes horas del día, para encontrar tu punto óptimo. Para muchas personas el momento de mayor alerta podría ser las primeras horas de la mañana o al medio día. Es un tema de autoexploración. Ayuda a que reflexiones y te des cuenta en qué momento del día tiendes a sentirte más motivado, con más energía o más ansioso. Ese puede ser el momento óptimo para tu concentración.

Por: Jaime Rubiel*

*El autor es especialista latinoamericano en productividad exponencial y creador del método 4M para formar una nueva generación de Líderes Exponenciales.

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Mujeres en las organizaciones: la clave para la sostenibilidad

Desde antes de la pandemia se evidenciaban importantes brechas de género: las mujeres en la región dedicaban más del doble de horas a responsabilidades domésticas y de cuidado no remuneradas que sus pares masculinos.

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La pandemia impactó negativamente en la ocupación y en las condiciones laborales de las mujeres en América Latina y el Caribe, generando un retroceso de más de una década en los avances logrados en materia de participación laboral. Así lo confirmó el Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial 2021, de Marsh y Zurich Insurance.

Desde antes de la pandemia se evidenciaban importantes brechas de género: las mujeres en la región dedicaban más del doble de horas a responsabilidades domésticas y de cuidado no remuneradas que sus pares masculinos, lo que no solo afectó la decisión de participación laboral de las mujeres, sino también las posibilidades de ascenso profesional.

Promover el liderazgo femenino es incentivar y reconocer el talento de las mujeres con potencial para ejercer la toma de decisiones con impacto de negocio. Es común que debido a la carga familiar a ellas se les ofrezcan puestos de poco peso estratégico por el temor a que no puedan cumplir con ambas responsabilidades y que solo se les brinden entrenamientos en habilidades blandas; aunque estas son necesarias, son más importantes los conocimientos de finanzas, estrategia y negocios, poco explotados en entrenamientos de liderazgo para mujeres.

En entornos cada vez más competitivos, se torna fundamental para las compañías asegurarse de que cuentan con el talento adecuado para sostener su posicionamiento. Está validado que la diversidad organizacional y la meritocracia repercuten positivamente en la imagen corporativa y en los resultados operativos y financieros.

En Genomma Lab, el 45 % del equipo a nivel global y el 46 % de las directivas son lideradas por mujeres. Aún tenemos un largo camino por recorrer, pero seguimos avanzando y muestra de ello es nuestra participación como parte de la primera generación de la iniciativa Target Gender Equality, el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, que nos dará las herramientas y lineamientos necesarios para lograr metas más ambiciosas.

A principios de este año, en Genomma Lab presentamos la Estrategia de Sostenibilidad 2025 que busca contribuir al cuidado del planeta, mitigar el cambio climático, impulsar la economía circular y disminuir la generación de residuos mediante actividades de prevención, reducción, reciclado y reutilización. Entre los compromisos que establece nuestra estrategia alineados todos ellos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, decidimos incluir medidas para asegurar la participación plena y efectiva de la población femenina y la igualdad de oportunidades de liderazgo en todos los niveles.

Hemos entendido la importancia de promover la equidad responsable en las relaciones con nuestros colaboradores, y depositar en las mujeres la confianza para ocupar cargos claves, asumir el liderazgo de equipos de trabajo e impulsar estrategias exitosas.

Una gran ventaja competitiva de Genomma Lab es la agilidad para reaccionar ante las crisis, convirtiéndolas en oportunidades y tomar decisiones de acuerdo a necesidades del mercado. En este sentido, las inversiones por venir estarán enfocadas en fortalecer estas áreas de oportunidad detectadas durante los meses de contingencia.

Por: Diana Leal

La autora es gerente general de Genomma Lab para Colombia, Perú, Ecuador, Centroamérica y el Caribe

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El nuevo récord del petróleo

El Brent se negocia a niveles de 2018 y los futuros de gas están en máximos de 10 años. ¿Qué implicaciones tiene esto en la economía mundial?

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Petróleo

Seguir el movimiento del mercado de hidrocarburos es uno de los elementos claves al analizar el comportamiento de la economía global ya que refleja en una buena medida el ritmo de la reactivación económica. Así que con la referencia Brent negociándose a niveles de 2018 y los futuros de gas natural en máximos de diez años, vale la pena revisar que está pasando y cuáles son sus implicaciones.

Creo que el mejor punto de partida de este análisis es recordar que el crudo se negocia en mercados internacionales, por lo que su precio está sujeto tanto a fuerzas de oferta como de demanda. Por el lado de la oferta, tenemos siempre un juego político entre Arabia, Rusia y Estados Unidos entre otros, el primero por ser la cabeza de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), el segundo por ser su aliado más cercano fuera del grupo y el tercero por el peso que su industria del fracking trae a la mesa.

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Ahora bien, por el lado de la demanda, dos fuerzas están marcando el ritmo, la primera es el aumento de necesidades del crudo y sus derivados originado por la reactivación económica y el mayor uso de las fábricas y en segundo lugar la llegada del invierno al hemisferio norte con las necesidades de calefacción de los hogares.

Así, este aumento de demanda se ha visto reflejado no solo en el crudo sino también en el gas natural, tal y como puede verse en el grafico del comportamiento del precio del petróleo Brent y del contrato futuro genérico de gas. Donde este último ha tenido un crecimiento de 145% desde abril de este año, llevándolo a máximos de diez años, en medio de una expectativa de mayor demanda ante la reactivación económica en especial después de haberse consumido los inventarios en el pasado invierno en Europa e Inglaterra.

Otro factor que ha empujado los precios en estas regiones es el cambio de la matriz energética que ha reemplazado en muchos casos el uso del carbón por el del gas natural, incrementando a su vez la demanda.

Este crecimiento en los precios del gas y del petróleo, tiene un efecto adicional y es el posible aumento que tengan en la inflación en los países consumidores, lo que se suma a la tendencia ya existente, poniendo aún más presión en los Bancos Centrales para tomar acción. Les dejo mi columna de hace algunas semanas al respecto.

Gráfico elaboración propia

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Pero como mencioné antes, no todo viene por el lado de la demanda, un elemento adicional en esta combinación de factores es que el pasado 4 de octubre se llevó a cabo la reunión de la OPEP+, que es el bloque de productores y sus aliados, en la cual no hubo cambios frente a su estrategia de aumento gradual de la producción en 400.000 barriles por día (bpd) en noviembre, lo que dio un impulso adicional a los precios ya que no mostró cambios drásticos en la oferta.

Aunque después de todo, ¿por qué es tan relevante la decisión de la OPEP+? En esencia es porque de todos los jugadores son los que tienen la capacidad instalada para aumentar de forma rápida su producción en caso de ser necesario, sin embargo, no hay que olvidar que parte de la producción de Irán el tercero en el grupo no está llegando a los mercados internacionales ante la ruptura de su acuerdo nuclear con Estados Unidos, lo que también refuerza la expectativa del mercado de una insuficiente oferta.

Por su parte, en Estados Unidos, el otro jugador clave en este panorama, el índice Baker Hughes de taladros activos muestra un nivel 428 al 1 de octubre, lo que, si bien es una tendencia creciente, los pone muy por debajo de los 638 que marcaba en marzo de 2020, por lo que es poco probable que en el corto plazo venga un aumento de producción significativo de ahí.

Dicho de otra forma, al menos en lo que queda de este año, de continuar dándose el aumento de demanda, la OPEP+ tiene el control y la verdad no aparece que tenga muchos incentivos para aumentar su producción dramáticamente, sino por el contrario mantener su compromiso y disfrutar los ingresos adicionales que este nivel de precios, puede traerles a sus miembros, al menos aquellos que todavía pueden vender su petróleo en los mercados internacionales.

Por: Gregorio Gandini*
*El autor es fundador de Gandini Análisis, plataforma donde crea contenido de análisis sobre mercados financieros y economía. También es el creador del podcast Gandini Análisis y se desempeña como profesor en diferentes universidades en temas asociados a finanzas y economía.

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