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Lo que serán los próximos 200 años

¿Cuáles son las limitaciones para crecer como sociedad? ¿En qué aspectos están los principales retos y oportunidades?

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“A menudo, los problemas contemporáneos no se entienden del todo hasta que se convierten en historia y pueden verse en un contexto histórico”: Herman Kahn, William Brown y Leo Martel (1976).

Hace 45 años, Herman Kahn –físico, matemático, maestro de estrategia, futurólogo, fundador del Hudson Institute y padre de los modelos de escenarios futuros de Shell– publicó junto con William Brown  –físico enfocado en energía, recursos y estudios ambientales– y Leon Martel –politólogo con experiencia en inteligencia política y militar– el libro The Next 200 Years, en donde, con la asistencia del personal del Hudson Institute, analizaron los escenarios para Estados Unidos y el mundo al año 2176.

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El libro se publicó en el año del bicentenario de los Estados Unidos, y presenta una evaluación de lo que habían sido sus primeros dos siglos y las probabilidades para los próximos dos.

En un momento en donde los analistas del Hudson Institute identificaron que los mayores problemas en los años 70 eran el crecimiento poblacional, la limitada energía, la escasez de recursos naturales, la insatisfacción de la demanda alimentaria, la contaminación y la guerra termonuclear, el libro sobre los próximos 200 años fue escrito de cara a enfrentar la cuestión crítica de la segunda mitad del siglo XX: si la tecnología y el crecimiento económico destruirían la humanidad o si por el contrario mejorarían las perspectivas de paz y prosperidad.

A diferencia de los hallazgos y las perspectivas simultáneamente catastróficas y esperanzadoras presentadas al Club de Roma en 1972 en el reporte Los límites para crecer –donde un equipo de investigadores del Massachusetts Institute of Technology examinan el crecimiento explosivo de la población, el agotamiento de los recursos naturales, la producción agrícola, la producción industrial y la contaminación como factores que limitarían el crecimiento económico al año 2100–, Kahn y sus colaboradores identifican en sus estudios que no solamente la población mundial comenzaría a crecer a una tasa menor, sino también que universalmente se podría alcanzar prosperidad y altos estándares de condiciones de vida.  

Según los autores, las limitaciones para crecer podrían surgir con más probabilidad de aspectos psicológicos, sociales y culturales, o de la mala suerte y/o de las prácticas monopolistas que interfieran con la oferta, que de límites reales físicamente de recursos disponibles. Por ende, para los autores, las preocupaciones sobre el futuro de largo plazo, además de los temas ambientales, no deberían ser los aspectos tecnológicos, sino los asuntos en los cuales la humanidad es más factible que tome malas decisiones.

Estas malas decisiones se toman en parte porque no son entendidas, y en parte porque son realmente inciertas y/o irresolubles. Para Kahn y sus co-autores, incluso con un liderazgo extraordinario y con buena suerte, los resultados pueden variar inmensamente.

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Explican los analistas que los problemas de las sociedades modernas, especialmente los que afectan la calidad de vida, se derivan no de fracasos sociales, sino de grandes logros sociales. Por ejemplo, mencionan que, debido a la abundancia, las personas no tienen que esperar por posesiones o por la mayoría de las cosas que desean, y se tornan saciadas, aburridas y petulantes cuando lo consiguen y enfurecidas cuando no reciben lo que quieren inmediatamente.

Que el crecimiento económico continuo y los mejoramientos tecnológicos hacen que se exijan tasas crecimiento irrealistamente altas. Que la seguridad física, la salud y la longevidad traen consigo preocupaciones neuróticas por evitar el dolor y la muerte. O que el racionalismo y la eliminación de superstición desemboca en pérdida de la tradición y la fe y en que nada que no pueda ser justificado por la razón pueda justificarse.

Por otro lado, aunque, como veíamos al principio, para los autores muchos de los problemas actuales no pueden entenderse hasta que se ven en un contexto histórico, creen también que “la futurología puede proporcionarnos ese contexto ahora, al darnos un punto de vista artificial desde el que mirar hacia atrás: examinada en esta perspectiva a largo plazo, la cuestión actual parece bastante diferente y puede comprenderse mejor. Incluso si el futuro real se desvía del proyectado, el ejercicio merecerá la pena por las nuevas perspectivas que proporciona” (Herman Kahn, William Brown y Leo Martel, 1976).

Proponen Kahn y sus colaboradores que hay cuatro tareas pendientes para construir futuros de largo plazo: la primera es proyectar una imagen convincente de un futuro deseable, plausible y práctico, lo cual es extremadamente importante para asegurar altos niveles de moral, dinamismo y consenso de manera que el engranaje social fluya suavemente. La segunda es abordar los problemas del presente y del futuro inmediato. La tercera es afrontar los problemas desconocidos del largo plazo. Y la cuarta es pensar en la sociedad posindustrial (cambio en el poder para direccionar y manipular a los humanos y la naturaleza, menores diferencias entre las personas y competencia por los valores escasos).

Finalizo entonces con esta frase para la reflexión, atribuida a varios personajes y pafraseada por Kahn y sus colegas (1976): “los que descuidan el futuro se arriesgan a perderlo”.

Contacto
LinkedIn: María Alejandra Gonzalez-Perez
Twitter:@alegp1
*La autora es profesora titular de la universidad Eafit. Es presidente para América Latina y El Caribe de la Academia de Negocios Internacionales (AIB). PhD en Negocios Internacionales y Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad Nacional de Irlanda.

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Las semanas movidas del petróleo

La pandemia sentó un precedente al demostrar que pueden existir eventos lo suficientemente fuertes para crear disrupciones en la demanda mundial. ¿Qué viene ahora?

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Petróleo

En años anteriores, el mercado del petróleo siempre se ha caracterizado por un exceso de sensibilidad sobre cualquier evento que pueda afectar la oferta, bien sea por las tensiones geopolíticas en medio oriente o el aumento de producción de fracking en Estados Unidos, lo que finalmente llevaba a los inversionistas a tomar decisiones de compra o venta precisamente en función de un ajuste de expectativas.

Lo anterior se daba, debido en mayor parte a una demanda relativamente estable en el mundo, lo que hacía que el gran driver que guiará a los precios fuera precisamente la oferta. Como ha pasado con muchas cosas, la pandemia puso fin a este enfoque al demostrar que existen eventos lo suficientemente fuertes para crear disrupciones de la demanda mundial.

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El anuncio de la nueva variante Ómicron es un claro ejemplo de esto que desató una importante fluctuación en los precios en noviembre que se puede ver en el gráfico. Donde el comportamiento del petróleo de referencia Brent en octubre y parte de noviembre marcaba máximos del año sosteniéndose en un nivel por encima de 80 dólares por barril para luego registrar una caída de 15,75% entre el 25 de noviembre y el 3 de diciembre llegando a 69,27 dólares por barril.

Gráfico: Elaboración propia

¿Cuál es la lógica detrás de este movimiento? La primera movida de muchos gobiernos ante la noticia llevó a restringir los vuelos entrantes de algunos países y además a aumentar los requerimientos de entrada y salida, lo que, por supuesto lleva a pensar en una menor demanda de gasolina, al menos empezando con los aviones.

Además, existe un telón de fondo a esta noticia que exacerba la situación, ya que varios gobiernos entre ellos Estados Unidos e India, habían decidido echar mano de sus reservas estratégicas de petróleo ante los altos precios de este commodity y la reticencia de la OPEP de no aumentar sus incrementos de producción mensuales de 400.000 barriles diarios. De esta manera los inversionistas temerosos que caiga el precio venden sus futuros de crudo aprovechando el nivel actual, lo que precisamente aumenta la oferta generando una caída brusca en los precios que es el mismo efecto que estaban temiendo, es decir es una profecía autocumplida.

Pero el impacto no solo se presenta en el crudo, sino también en el precio de las acciones de las compañías petroleras que típicamente están muy concentrada en este producto por lo que tienen una alta correlación con su precio. Por ejemplo, Exxon Mobil presentó una reducción en el precio de su acción de 9,83% entre el 9 y el 30 de noviembre y el impacto fue aún mayor en el mercado local con Ecopetrol marcando -11,47% para el mismo periodo.

Como mencionaba anteriormente este sesgo pesimista sobre el mercado del crudo estaba típicamente asociado con la oferta ya que históricamente se han vivido épocas donde la reducción en la producción llevó a aumentar los precios del crudo como el embargo petrolero llevado a cabo por los países del OPEP en 1973 y durante la revolución iraní de 1979.

Ahora, habiendo vivido un escenario histórico de contracción de la demanda global con las medidas de restricción de la pandemia, parece que el nerviosismo se duplica. Sin lugar a dudas, falta mucha información para entender el verdadero impacto de la variante Ómicron y mucho de la percepción en los mercados dependerá de cómo los gobiernos decidan afrontarla. Pero lo que sabemos hasta ahora es que el mercado del crudo será un escenario crucial para evaluar y analizar la expectativa de los inversionistas al respecto, así que por ahora continuarán las semanas movidas del petróleo.

Por: Gregorio Gandini*
*El autor es fundador de Gandini Análisis, plataforma donde crea contenido de análisis sobre mercados financieros y economía. También es el creador del podcast Gandini Análisis y se desempeña como profesor en diferentes universidades en temas asociados a finanzas y economía.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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La vacunación, como la economía, avanza en Colombia

Los datos nos dicen que la economía colombiana no ha cesado en sus esfuerzos de seguir vacunando a la población. Con casi un 60% de inmunizados, la economía colombiana respira más tranquila este final de año.

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De la misma forma que señalamos las debilidades de la economía colombiana, también hemos resaltado su gran dinamismo durante la recuperación. En cierta forma, la economía colombiana es eso, una de cal y otra de arena. Pues de la misma forma que hablamos de una economía que registra una de las mejores recuperaciones, y más rápidas, del continente, también hablamos del país que, semanas atrás, el Banco Mundial situaba como el segundo país con más desigualdades del mundo, por ejemplo.

Y es que, de inicio, esto es algo que debemos tener muy claro.

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Hoy vemos a todos los Gobiernos trabajando por recuperar sus economías, pero todos han tomado como año base el 2019. Ahora bien, ¿estaba Colombia en su situación idílica en 2019? Esto que comento es clave. La recuperación económica avanza a buen ritmo, pero, aunque la economía se recupere y llegara a su nivel previo, que lo hará más pronto que tarde, no debemos olvidar esas debilidades que comentaba y que impiden al país echar el freno al acelerador cuando todo esto no sea más que un hecho del pasado.

Colombia es una economía que ha trabajado mucho, y considero que lo ha hecho bien. Sin embargo, hablamos de una economía emergente y, como tal, presenta carencias. De acuerdo con el Banco Mundial, carencias que dificultan la recuperación y que podrían provocar que estas economías, en un escenario menos optimista, pudieran descolgarse aún más. Entre estas carencias, el organismo multilateral, así como todos los expertos, comentaron el reparto de las vacunas y el acceso de estos países a estas. Unos datos que, aun no siendo los mejores del mundo, hoy podemos festejar si analizamos la evolución.

Hace unos meses, muchos economistas se pronunciaban ante la dicotomía planteada por muchos expertos en la que hacían elegir a la sociedad entre economía o salud. Ante esto, muchos expertos en el mundo económico comenzaron a afirmar que la “mejor política económica” que podía aplicarse en estos momentos era primar la vacunación y, por ende, el virus. Como la calificaba la revista The Economist, la economía en presencia del virus es una economía parcial, por lo que dicha dicotomía no existía para los expertos en un escenario en el que el virus seguía presente.

En otras palabras, la respuesta de los expertos era clara: hay que priorizar aquellas medidas que buscan contener el virus.

Colombia, pese a ser una economía rezagada en materia de vacunas, es una economía que se ha tomado enserio esto que comento. Hoy, con datos de diciembre, el país registra una vacunación que, en el caso de primeras y únicas dosis, asciende hasta superar el 70,8 % de población, lo que equivale a una cobertura de 36.156.459 ciudadanos que ya han recibido una primera o única vacuna. Por otro lado, en el caso de segundas dosis, el país también ha registrado un avance que sitúa este dato en niveles cercanos al del 60%, o lo que equivaldría a 24’884.650 ciudadanos en el país que ya han recibido su segunda dosis.

Si observamos el ranking regional, probablemente veamos que Colombia queda atrás, con relación a otras economías de la región. Pero lo cierto es que el trabajado llevado a cabo por estos países, teniendo en cuenta esa escasez, ha sido bastante intenso, pues hoy podemos decir que estas economías se encuentran en parámetros que las sitúan al nivel de algunas economías europeas. Es el caso de Polonia o República Checa, donde la tasa de vacunación ya es muy similar a la que presenta Colombia, o de Croacia, donde incluso es inferior a la que muestra el país latinoamericano.

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Estos datos, aunque no sea la medición objetiva, nos ayudan a ponernos en perspectiva y ver el avance que ya registran economías como Colombia en materia de vacunación. Una medición más que interesante teniendo en cuenta que hablamos de “la mejor política económica” para recuperarnos, así como de un escenario en el que una nueva variante, denominada Ómicron, pretende poner contra las cuerdas a unos países que hoy deben enfrentarse a una nueva variante que se estima menos peligrosa, pero que sigue siendo tan contagiosa como las que surgían al inicio de esta pandemia.

En resumen, Colombia ha sido una economía que, pese a sus debilidades, ha seguido bien las instrucciones y hoy ya registra una tasa de vacunación bastante elevada, al menos si comparamos con meses anteriores. Estos datos son muy positivos, pues ya pueden estudiarse medidas como el pasaporte Covid para establecimientos de ocio, o permitir unas jornadas de compras sin IVA que, como las de este año, vuelvan a arrojar cifras similares a las que ofrecían otros años prepandémicos. En otras palabras, permiten una mayor liberación que, por otro lado, favorece el dinamismo económico.

Pues el hecho de que los economistas dijeran eso de la mejor “política económica” no era más que el resumen de un razonamiento que los economistas ya han interiorizado: Mientras haya virus, la recuperación no será completa.

Parece que Colombia ya ha pillado el mensaje. ¡Sigamos!

Por: Francisco Coll Morales*
*El autor es economista, Redactor jefe y jefe de análisis de Economipedia. Analista económico en más de 40 medios, nacionales e internacionales.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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El fin de la Responsabilidad Social Empresarial y el comienzo del lenguaje de la restauración

Los líderes empresariales han empezado a hablar de la restauración de los ecosistemas, más que de RSE. Esta es una buna noticia para el medioambiente. ¿Por qué?

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medioambiente

Por fortuna, ya son varios meses en los que he dejado de escuchar sobre “Responsabilidad Social Empresarial” de manera recurrente. Siento que el término cumplió su ciclo de vida y que la narrativa de hoy es otra y, lentamente, los y las líderes empresariales empiezan a hablar el lenguaje de la regeneración y/o de la restauración de ecosistemas.

Y no podría ser de otra manera, considerando la posición que tiene Colombia como uno de los once países más vulnerables al cambio climático. Sin duda, esta información es un llamado a replantear nuestras urgencias y prioridades como sociedad, incluido el papel que juega el sector privado en la adaptación de los territorios. 

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Seguramente los lectores ya están al tanto del crítico panorama que enfrentará Colombia si es que, a nivel global, no cambiamos el rumbo: nuestra ubicación geográfica nos enfrentará a torrenciales aguaceros y a fuertes sequías que, entre otros, afectarán el ciclo de los cultivos y la producción agrícola. En cuanto a las ciudades, el hecho de que el desarrollo urbanístico se haya dado en la zona de las cordilleras y valles interandinos hace que la población afronte riesgos de derrumbes.

Nuestras cordilleras son jóvenes geológicamente y su estabilidad es más frágil en comparación a otras regiones de la cordillera de los Andes. Sumado a esto, la avanzada deforestación hace que la región donde vive cerca del 70% de la población nacional pueda verse afectada por derrumbes, desplazamientos climáticos, destrucción de la infraestructura o conflictos sociales derivados de la lucha por acceder a alimentos o agua, entre otros.

No son pocas las personas y organizaciones que no creen en este futuro o lo ven muy lejano. Si ese es su caso, lo invito a que converse con sus padres o abuelos sobre cómo era el clima en Bogotá, Cali, Barranquilla o cualquier ciudad del país hace 20 años. Y si tiene la oportunidad de conversar con un agricultor o empresario del campo sobre su experiencia en los últimos años, pues tanto mejor.

Para los que sí están convencidos de que esta es la realidad que nos depara, señores y señoras, es imperativo ponerse la camiseta del país con un único propósito: contribuir a la identificación, construcción y financiación de las medidas de adaptación ante el cambio climático. Para lograrlo debemos dejar atrás los pañitos de agua tibia que buscan réditos reputacionales y empezar a actuar de frente, con inversión privada, para evitar a que un porcentaje muy alto de la población, sobre todo los más vulnerables, queden completamente expuestos a las consecuencias del cambio climático.

Contaminación
Foto: Pexels

Si bien la agenda política promete la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2030, las empresas deben responder de manera más activa, acelerada y sobre todo anticipada, a los posibles incentivos que la agenda pública traerá para descarbonizar sus operaciones y compensar su huella de carbono y ecológica.

En ese orden de ideas, a continuación quiero compartirles siete enfoques que pueden empezar a considerar las compañías para refinar y replantear sus estrategias de sostenibilidad, a partir de los escenarios inminentes de riesgo climático que nos deparan los próximos años:

Empresas: estrategias para reafinar sus estrategias de sostenibilidad

  1. Empecemos por replantear el nombre “sostenibilidad” porque las palabras tienen poder. Pensar en sostenibilidad significa aceptar que lo que hoy está debe mantenerse o sostenerse. ¡Error! el reto no es mantener el status quo de degeneración y degradación de nuestros ecosistemas, sino procurar medidas de regeneración y restauración de los mismos. Así como algunas empresas ya tienen departamentos de felicidad, o de cumplimientos de sueños ¿por qué no cambiar el nombre de Líder de Sostenibilidad a Líder de Regeneración/Restauración?
  2. Si bien el mercado del carbono es la narrativa que ya empieza a calar entre las empresas y organizaciones, no puede ser la única medida de escape para sentir que estamos “haciendo la tarea por el planeta”. Las inversiones para propiciar medidas de adaptación a escala territorial es otra muy buena alternativa.  
  3. Oriente sus inversiones y programas en la restauración de ecosistemas en su entorno de operación, pero también fuera de él. En últimas, todos los sistemas ecológicos están interconectados y cualquier aporte positivo, por ejemplo, en la Amazonía, generará impactos positivos en otras partes del país.
  4. Invierta en el desarrollo de sistemas agrícolas que le den a las comunidades urbanas y rurales la posibilidad de garantizar acceso a alimentos.
  5. Empiece por educarse y educar a sus colegas. Invierta en una cultura organizacional orientada a la adaptación al cambio climático. Comprenda nuevas narrativas como la de las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) las cuales, en otras palabras, son acciones, proyectos, emprendimientos que permiten que las personas puedan adaptarse ante los riesgos del cambio climático. Póngase la tarea de entender, antes de girar el cheque, la diferencia entre reforestar y restaurar, la importancia de invertir en los suelos y en cuidar a los polinizadores.
  6. Promueva programas de educación comunitaria para que más y más personas apropien conocimiento para llegar más y mejor preparados ante los escenarios venideros. Y finalmente,
  7. Hágase escuchar ante su CEO, CFO, Vicepresident, etc. etc. etc. Usted como líder de esta área tiene la responsabilidad de mostrarle a sus pares que el riesgo del cambio climático también tiene consecuencias en la productividad y rentabilidad de su negocio.

De momento fueron siete recomendaciones, pero bien pueden ser muchas más. En la próxima columna daré un giro a la historia y los acercaré a un territorio que puede reflejar cómo la restauración de ecosistemas es un instrumento poderoso para cumplir las futuras metas del área de la empresa que usted puede ir replanteando desde ahora.

Contacto:
Por:Julio Andrés Rozo*
*El autor es director de Amazonía Emprende: Escuela Bosque, ubicada en Florencia, Caquetá. Este proyecto académico se enfoca en fortalecer las capacidades de empresas y comunidades en  restauración de ecosistemas y compensación de huella de carbono.

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Al peso lo golpea la aversión

La aparición de la variante africana de Covid-19 empeoró otro factores que ya traían al peso en jaque hacia la devaluación. Este es el panorama ahora.

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Foto: Getty Images

El pasado viernes 26 de noviembre la tasa de cambio en Colombia abrió en $4.010 pesos por dólar, rompiendo la barrera de los $4.000 empujada por la nueva variante de coronavirus descubierta en África. Sin embargo, esta no es la única responsable del aumento de la tasa de cambio, no solo en Colombia sino también en otros emergentes, siendo más vale el último factor en una serie de elementos que ya venían impulsando estas devaluaciones.

Para dar algo de contexto, en mi columna pasada “Dólar global y dólar local” hablaba sobre cómo hay fuerzas locales y globales que afectan nuestra tasa de cambio, en ese momento se notaba una divergencia con el peso y el dólar ganando fuerza al mismo tiempo. Pero el punto es que uno lo hacía de forma local, mientras el otro global y ese comportamiento particular se explicaba por eventos locales particulares que llevaron al peso a reevaluarse y acercarse a $3.700,

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Sin embargo, como es comúnmente el caso, si las fuerzas locales no van en el mismo sentido de las globales estos efectos son transitorios como puede verse en el gráfico de la izquierda donde continúa la tendencia creciente del índice DXY en noviembre que denota un fortalecimiento del dólar a nivel global y al mismo tiempo aumenta la tasa de cambio local, reflejando la devaluación del peso.

Gráfico: Elaboración propia

Ahora bien, respecto a la ruptura del nivel de $4.000 sin lugar a dudas el impacto de la nueva variante del coronavirus es determinante, ya que hasta que se entiendan sus implicaciones reales al igual que como pasó con la delta en su momento aumenta la incertidumbre en los mercados lo que lleva a mayor aversión al riesgo.

Como era de esperarse también se dio un aumento en la demanda por activos refugio donde uno de los favoritos de los inversionistas son los tesoros de 10 años que mostraron caída de 14 puntos básicos en su tasa yield entre el 23 y 26 de noviembre. Una pequeña aclaración en este punto, una caída en tasa yield en un bono refleja un aumento en su precio ya su relación es inversa lo que muestra en este caso el mencionado aumento de demanda.

Pero aquí volvemos ver una divergencia momentánea entre el índice y la tasa de cambio donde la aversión al riesgo afecta de forma diferente al dólar y al peso. Si bien en el gran escenario global la divisa estadunidense pierde fuerza, se fortalece contra otras más riesgosas como las emergentes, ya que aumenta su demanda por parte de inversionistas que buscan retirar sus posiciones en activos de esos países a cambio de inversiones que se perciban más seguras.

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En ese orden de ideas, vale la pena revisar como están percibiendo el riesgo de Colombia en los mercados y una forma de hacerlo es a través del comportamiento de la prima de los Credit Default Swaps o CDS, que son instrumento derivados de cobertura contra el riesgo de default de bonos emitidos por el gobierno. Así, en el gráfico de la derecha se ve el CDS sobre bonos de 5 años comparado con el aumento de la tasa de cambio mostrando un crecimiento de 55 puntos básicos desde el 27 de octubre hasta el 26 de noviembre, lo que continúa confirmando que nos han venido percibiendo más riesgosos.

Como mencioné antes, este aumento en la aversión del riesgo no se da de la noche a la mañana y si bien la nueva variante del coronavirus, ha puesto nerviosos los mercados por la posibilidad de tener que implementar nuevas medidas de aislamiento, en realidad este escenario de tensión viene alimentándose por los problemas en las cadenas de suministro, la situación del mercado inmobiliario en China y el aumento de las expectativas globales de inflación. Así que, si algo nos ha mostrado noviembre, es que al peso lo golpea la aversión y lo golpea cada vez más fuerte.

Por: Gregorio Gandini*
*El autor es fundador de Gandini Análisis, plataforma donde crea contenido de análisis sobre mercados financieros y economía. También es el creador del podcast Gandini Análisis y se desempeña como profesor en diferentes universidades en temas asociados a finanzas y economía.

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Vender o no vender a Nutresa, esa es la cuestión

Si se da el negocio de la familia Gilinsky por Nutresa, el país podría estar hablando del mayor evento del mundo de los negocios en los últimos 50 años. ¿Por qué? ¿Cómo esto afectará al GEA?

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La oferta pública de adquisición (OPA) de la familia Gilinski y el Royal Group por la mayoría de la propiedad de Nutresa podría ser el evento más importante del mundo de los negocios en Colombia en los últimos 50 años. Dos razones lo hacen así. Por un lado, es la primera muestra decidida de capitales internacionales por adquirir el control de activos en el sector de alimentos en Colombia.

Todo parece indicar que este interés será creciente y determinará profundamente el sendero de desarrollo del país. Por otro lado, la OPA de Nutresa representará una transformación profunda en los negocios del Grupo Empresarial Antioqueño (GEA), quizá el grupo económico más poderoso del país. He hablado sobre ambas cosas en otros medios antes. Sin embargo, hoy quisiera ahondar en el segundo elemento: ¿Cómo cambiará el GEA luego de esta OPA?

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Lo primero a decir es que nadie sabe qué pasará exactamente con la OPA. Todo depende de qué tantos accionistas quieran vender. A pesar de esto, para nuestro propósito, existen dos escenarios relevantes.

En el primer escenario, el GEA decide vender la mayor parte de su participación en Nutresa durante la OPA. Esto bastaría para que los Gilinski y el Royal Group controlaran Nutresa y le ofrecería al GEA una fuente extraordinaria de recursos para consolidar sus negocios alrededor de los planes estratégicos de Grupo Sura y Grupo Argos. Esto último, seguramente, se traduzca en dos estrategias puntuales.

Por un lado, el Grupo podría profundizar sus inversiones en los sectores de energía, fintech, y salud. Fuerzas de largo plazo como el crecimiento y envejecimiento de la población, las aún muy altas tasas de informalidad, y la creciente adopción tecnológica, sugieren un gran potencial de crecimiento en estos sectores a nivel regional, incluso en el marco de la desaceleración de las economías latinoamericanas que parece caracterizar esta década.

Por otro lado, y de forma algo paradójica, los recursos de la venta de Nutresa serían la herramienta más sencilla para que el GEA consolide su control sobre el resto de filiales del Grupo. Con esto se blindarían de la influencia que los Gilinski y el Royal Group tendrían en estas filiales a través de su participación en Nutresa, pero además de cualquier posterior intento de adquisición por otros grupos en el futuro.

Ya es claro que cualquier control práctico basado en una participación menor al 50% es susceptible de ser atacada. Un programa de recompra de acciones sería quizá la forma más sencilla (y más factible, en mi opinión) de consolidar aquel control.

Así, en conjunto, aunque vender a Nutresa sería la salida del GEA de la conexión más estrecha que tiene con su tradición industrial, podría representar su consolidación como uno de los grandes conglomerados en infraestructura y servicios de Latinoamérica; lo cual, de cierta forma, ha sido el referente aspiracional del Grupo ya por años.  

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Ahora bien, a pesar de la potencialidad de estos sectores y de las eficiencias que pueden venir con creciente especialización en un mercado más amplio, pocos de los negocios restantes del GEA tienen el potencial global que tiene Nutresa ante un contexto de progresivo impacto del cambio climático y disrupción de las cadenas productivas. Esto, por no hablar de las virtudes en términos de diversificación que ofrece un sector como los alimentos, el cual es estructuralmente resistente a fluctuaciones en la demanda agregada.

Y esto último es justamente lo que hace fundamental al segundo gran escenario de la OPA, en el cual el GEA no vende su participación en Nutresa y la OPA, no obstante, es exitosa (sea parcial o totalmente), haciendo que los Gilinski y el Royal Group compartan la administración de Nutresa con el GEA.

Lo primero a decir sobre este escenario es que es problemático. La naturaleza sorpresiva de esta OPA, la narrativa agresiva en las comunicaciones entre ambos lados del negocio, y la historia de disputas legales entre los Gilinski y la élite antioqueña hacen pensar que la coordinación entre estos no será sencilla. Los frentes de lucha serán muchos; Nutresa ciertamente será uno de ellos, pero a través de la participación de Nutresa en Sura y Argos, las tensiones seguro se reflejarán en buena parte del resto de negocios del GEA.

Lo segundo a decir sobre este escenario es que, a pesar de lo problemático que parece, es bastante más factible de lo que los comentaristas y opinadores parecen sugerir. Por un lado, tal como mencioné arriba, Nutresa es un negocio con un valor estratégico que el GEA no puede sustituir fácilmente. Por otro lado, las recientes declaraciones del Grupo, las cuales incluyen la expresión de interés en buscar un socio estratégico para Sura, sugieren preparativos para una confrontación larga y costosa en un mundo post-OPA.

La forma exacta en la que esta confrontación tendría lugar es bastante incierta aún, dependerá de quién y bajo qué condiciones llegue aquel socio estratégico y qué otras fuerzas se unan a la disputa. En cualquier caso, muy seguramente, esta confrontación terminaría desviando recursos de inversiones productivas destinadas a ampliar negocios estratégicos para priorizar adquisiciones que ofrezcan mayor influencia en la toma de decisiones de las diferentes filiales en cuestión.

Así las cosas, esta es, sin lugar a dudas, la decisión más importante que los directivos del GEA han enfrentado en sus carreras. Vender hará al Grupo transitar hacia un sendero que añoraba, pero que quizá no esperaban emprender tan pronto. Mientras tanto, no vender, aunque parezca garantizar la permanencia del estatus quo, lo que hará será abrir la puerta para una confrontación que nadie sabe cuánto dure. Sea lo que sea, luego del 17 de diciembre, día en el que se cierra el plazo de la OPA, el GEA no volverá a ser el mismo.

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LinkedIn: Javier Mejía Cubillos

*El autor es Asociado Postdoctoral en el departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Stanford. Ph.D. en Economía de la Universidad de Los Andes. Ha sido investigador y profesor de la Universidad de Nueva York–Abu Dhabi e investigador visitante de la Universidad de Burdeos.

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