En Colombia, actualmente diferentes compañías de mediano y alto impacto están trabajando decididamente para no ser las próximas víctimas de un nuevo disruptor digital.

Por: Daniel Villa, CEO de Double V Partners

En los últimos 10 años hemos visto como los disruptores digitales se aprovechan de las paquidérmicas estructuras de las compañías establecidas para darles una lección de velocidad, centricidad en el usuario y aprovechamiento de la tecnología. Con tintes de historia bíblica, las startups se han convertido en los David (rápidos y valientes) que derrotan a un Goliat (lento y confiado) con un astuto golpe a la distancia.

La diferencia entre esta historia y las disrupciones digitales, es que Goliat fue único en su especie y por ende no vio como otros Davides derrotaban a sus homólogos. No podía aprender. Hoy las grandes empresas, aunque con menos inmediatez de lo deseado, han aprendido la lección y se están preparando para contraatacar.

En Colombia, actualmente diferentes compañías de mediano y alto impacto están trabajando decididamente para no ser las próximas víctimas de un nuevo disruptor digital. Saben que cuentan con activos, tales como datos, experiencia, reputación o coberturas, que, de igualar la agilidad de las startups, serán su gran ventaja competitiva.

Y es que, a raíz de este nuevo panorama, las grandes corporaciones volvieron a las facultades de negocios para replantear la generación y captación de valor por parte de sus empresas. La agilidad en la toma decisiones; la creación de una cultura retadora, ambiciosa y visionaria; y la concepción de una metodología de diseño, desarrollo y despliegue de tecnología madura y/o avanzada, son algunas de las brechas existentes entre el viejo y el nuevo mundo empresarial.

Las grandes corporaciones alguna vez fueron disruptores que pensaron primero en el usuario y en el máximo aprovechamiento de la tecnología disponible para escalar un modelo de negocio que satisfacía las necesidades de muchas personas.

Hace falta liderazgo, un cambio cultural drástico y un buen proceso de definición y desarrollo de la tecnología adecuada para que Goliat esquive la piedra, dé la vuelta, corra a toda velocidad con sus maduros músculos, empuñe su experimentada arma y, mientras David intenta correr, adivine el camino y aseste un golpe final.

El primer paso para esto es, en mi opinión, la humildad. Necesaria para innovar ya que permite reconocer que aún queda todo por mejorar y que la mejor versión de mí está a varios esfuerzos de distancia.

La discusión no se debe centrar en la victoria o derrota de las empresas tradicionales frente a las nuevas propuestas del mercado tecnológico, se trata de aplaudir a aquellas empresas que, a pesar de su magnitud, han dado un paso hacia atrás para volver a ser emprendedores y entender tanto las necesidades de sus usuarios, como las propias en términos de innovación.

Y lejos de opacar el gran camino que están recorriendo las startups, que se seguirán adaptando y reinventando permanentemente, la invitación es para que cada día más organizaciones, de cualquier sector o tamaño, inicien su propia transformación, ya que al final serán sus colaboradores, consumidores, accionistas y el propio mercado, quienes lo agradecerán.