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¿Qué son los TES verdes?

De acuerdo a la definición del Banco Mundial, los bonos verdes son títulos de deuda que se emiten para generar capital específicamente para respaldar proyectos ambientales o relacionados con el cambio climático.

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El pasado 6 de septiembre el Ministerio de Hacienda anunció la emisión en el mercado local de $500 billones de pesos en TES verdes buscando sin duda atraer a un segmento particular de inversionistas con interés este tipo de títulos. Frente a esta noticia me surgen dos preguntas muy relevantes y en las que basaré esta columna, ¿Que implicaciones tiene emitir bonos verdes? Y ¿cuál es el objetivo que persigue el gobierno?

En primer lugar, para aquellos que no están familiarizados con el termino, los TES son los bonos que emite el gobierno buscando financiar su gasto. En términos simples, un bono es un título de deuda en el cual el emisor se compromete a pagar un interés o cupón periódico y a su vencimiento devuelve el capital al inversionista. Ahora bien, de acuerdo a la definición del Banco Mundial, los bonos verdes son títulos de deuda que se emiten para generar capital específicamente para respaldar proyectos ambientales o relacionados con el cambio climático. Es decir, cuando se adquieren estos bonos, los inversionistas no solo evalúan sus condiciones financieras como la tasa, duración y demás, sino que también monitorean el uso final que se de a los recursos.

Esta emisión será en formato Twin Bond, es decir las características serían las mismas del bono actual con vencimiento al 2031, haciéndolos competitivos sin afectar la liquidez del mercado local al valorarse con la curva en pesos. Además, los recursos obtenidos se utilizarán en proyectos de energías renovables, control de polución, eficiencia en el uso recursos naturales entre otros. Un hecho importante es que Colombia será el primer país en Latinoamérica en realizar una emisión de estas características en su mercado local, Chile ya lo había hecho desde 2019 pero en mercados externos o offshore.

Para darnos una idea del apetito global en el grafico se puede ver el comportamiento de índice Bloomberg Barclays de bonos verdes para los últimos 5 años, que incluye títulos de este tipo tanto corporativos como públicos, denominados en diferentes monedas entre ellas el peso colombiano. El índice ha marcado un crecimiento en todo el periodo de 16.54%, pero lo que es verdaderamente impresionante es como entre su valor mínimo en marzo de 2020 hasta este año registró un aumento de 17.09%, mostrando no solo una recuperación, sino superando los niveles prepandemia.

Gráfico: Elaboración propia

Ese crecimiento y recuperación, que venía de un aumento en las inversiones sostenibles, ha cobrado un mayor impulso desde la pandemia ya que cada vez más inversionistas buscan compañías y fondos que adopten los principios ASG (Ambientales, Sociales y de Gobierno Corporativo), en especial en el mercado externo. En este contexto vale la pena notar que, de acuerdo al informe de tenedores de deuda de agosto, es precisamente la posición de extranjeros la que ha sido compradora desde marzo, lo que demuestra un interés por nuestros TES que con estos bonos verdes podría ampliar ese espectro de inversionistas.

En este contexto que ha traído la pandemia en los mercados, las reglas parecen estar reescribiéndose y los métodos de financiamiento de los gobiernos no se han quedado atrás, sino piensen en los DEG que emitió el FMI para cada uno de los países miembros. Por esta razón el Ministerio al emitir este tipo de títulos ha buscado aprovechar un cambio de enfoque que parece estar cobrando cada vez más fuerza y es el apetito por inversiones sostenibles.

Si quieren ver mi columna sobre los DEG, el Banco de la República y el Ministerio de Hacienda pueden seguir este link.

También creo que hay otra razón de fondo, concerniente a una de las características que mencioné antes sobre los bonos verdes, el seguimiento al uso de los recursos. Lo que implica que el gobierno al emitir estos bonos hace una jugada estratégica de mostrar un compromiso con la transparencia en el uso de dichos recursos, lo que envía una señal particularmente relevante a los inversionistas en un año en el que hubo una rebaja en su calificación crediticia.

Por: Gregorio Gandini*
*El autor es fundador de Gandini Análisis, plataforma donde crea contenido de análisis sobre mercados financieros y economía. También es el creador del podcast Gandini Análisis y se desempeña como profesor en diferentes universidades en temas asociados a finanzas y economía.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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Reordenar prioridades: La vacunación es esencial

La economía colombiana crece a buen ritmo. Sin embargo, los riesgos siguen muy presentes en unas economías, entre ellas Colombia, que permanece muy vulnerable.

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La recuperación económica en Colombia, así como en otras economías de la región, es un hecho. De acuerdo con los pronósticos, la economía colombiana prevé crecer a un gran ritmo en 2021 y 2022. Incluso el banco estadounidense JP Morgan, hace escasos días, comunicaba una revisión en la proyección de la economía colombiana para los dos próximos ejercicios, notificando un alza que impulsaría la tasa de crecimiento hasta situarse en el 9 % para el presente ejercicio, cerrando un 2022 a un ritmo del 4 %.

Sin embargo, y al igual que ocurre con el caso de México y otras economías de América Latina, que no se esperen cambios bruscos en los distintos cuadros macroeconómicos que emiten los principales organismos e instituciones no quiere decir que no existan riesgos que puedan generar leves desviaciones, las cuales modifiquen el escenario a final de año. El virus, por ejemplo, es uno de esos riesgos, y los analistas, atendiendo a la metodología utilizada por numerosos expertos, han comenzado a restar importancia a una pandemia que, meses atrás, arrasaba todas las economías en el planeta.

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En este sentido, la incidencia de la pandemia, como sabemos, es menor. Si comparamos los datos que hoy muestra ésta con los datos que mostraba el pasado ejercicio, está claro que existe un destacable descenso e, incluso, se puede decir que ya hemos atravesado la peor parte de la pandemia, no pudiendo discutirse que hoy estamos bastante mejor que ayer.

Sin embargo, de la misma forma, tampoco existen analistas que confirmen que no habrá una cuarta ola, y de la misma forma, que confirmen que la incidencia que hoy vemos, que crecía estas semanas, es una prueba preliminar, un aviso, de que otro escenario pandémico futuro es posible.

Precisamente hace dos meses, el Fondo Monetario Internacional (FMI), así como la OCDE, publicaban unas perspectivas de crecimiento que, aun siendo buenas en general, presentaban grandes divergencias que era conveniente señalar. Pues la revisión realizada por el organismo, incluso, fue al alza para las economías y los países desarrollados, pero baja para las economías en desarrollo y emergentes. De acuerdo con el organismo, la excepcional incertidumbre con la que convivimos únicamente puede combatirse reduciendo riesgos, y entre estos riesgos ocupa un papel protagonista la evolución de la pandemia y la vacunación.

Incluso hubo banqueros centrales y economistas que afirmaron que la mejor “política económica” en estos momentos era apostar por la vacuna y vacunar a toda la población en el país.

Sin embargo, la OCDE señala precisamente un detalle que es preciso destacar, y por el que escribimos este artículo que aquí nos ocupa. En este sentido, las vacunas, como afirma la OCDE, son un claro condicionante, por ejemplo, dividiendo estas la recuperación en dos bloques: los países que esperan una normalización de la actividad a finales de este año (casi todas las economías avanzadas) y aquellos que todavía se enfrentan a un rebrote de contagios y un aumento del número de víctimas de Covid (las emergentes de Asia y América Latina).

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Para que nos hagamos una idea, mientras que, de media, el 40 % de la población en las economías avanzadas ha recibido la vacunación completa, en comparación, las emergentes no cuentan ni con menos de la mitad de ese porcentaje.

Comparando entre países, mientras que España, por ejemplo, alcanza el 70 % de la población vacunada, Colombia no supera el 32 %; en el ranking de países latinoamericanos, Colombia se encontraría en el puesto 14, entre las 21 economías que integran la región. Teniendo en cuenta estos datos, no es conveniente desatender riesgos que, precisamente para estos países, son una mayor amenaza.

Además, debemos señalar que ese porcentaje del que hablamos es un promedio. Si tenemos esto en cuenta y analizamos las desigualdades locales que presenta la propia Colombia, nos topamos con poblaciones en los que el porcentaje es incluso menor al mencionado, por lo que el riesgo, en determinadas zonas del país, es mayor. Una situación a la que se suma una desaceleración en el ritmo de vacunación que venía registrando Colombia, bastante acelerado a comienzos de año, pero que viene moderándose debido a factores tanto internos como externos.

Como vemos, la situación macroeconómica que presenta Colombia, como hemos comentado en esta columna en semanas anteriores, no es una situación mala. Incluso podemos decir que la economía colombiana se recupera a un ritmo más acelerado, y de una mejor forma que otras economías de América Latina. Pero ello no debe llevarnos a obviar riesgos que siguen muy presentes en la ecuación, y que no deberíamos desatender; precisamente en economías tan vulnerables, donde el porcentaje de vacunación y los recursos hospitalarios son menores que en otras economías más desarrolladas.

Pues, en conclusión, la recuperación es un hecho, pero recordemos que el principal condicionante sigue siendo la pandemia, que los tiempos los sigue marcando el virus y su presencia, y que ni los bancos centrales en potencias como Estados Unidos o Europa han sido capaces de desatender al virus en sus políticas económicas. Con esto en cuenta, reordenemos prioridades.

Por: Francisco Coll Morales*
*El autor es economista, Redactor jefe y jefe de análisis de Economipedia. Analista económico en más de 40 medios, nacionales e internacionales.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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Entre la razón y la cordura

La ansiedad y la crisis se alimentan día a día con los hechos que le dan la vuelta al mundo. ¿Qué hacer frente a esa inseguridad sobre el futuro? Una corriente de personas ya viven pensando en ello.

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Foto: Pexels

Pandemias, emergencia climática, colapso de la biodiversidad, escasez de agua, advenimiento del comunismo, dictaduras de derecha radical, barbarie extrema, meteoritos impactando la tierra, entre muchas otras, están nutriendo la ansiedad y la crisis cotidiana asociada a la ausencia de futuros seguros para la humanidad.

Esto no es una novedad del siglo XXI.  Libros sagrados y narrativas seculares de diferentes sociedades en la historia de humanidad tienen en común narrativas de un cataclismo global, regeneración planetaria y la promesa de una transformación radical que nos llevaría a la creación de un paraíso terrenal (e incluso supra y extraterrenal).

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Sin duda, existen diversos mecanismos psicológicos, militares, culturales, sociales y de política pública para sobrellevar la existencia de esos (especulativos) cataclismos y escenarios fatalistas. Uno de estos mecanismos es tomar acciones en el presente para prepararse para sobrevivir a los peores escenarios.

El survivalismo es un movimiento social de ciudadanos (preppers, survivalists, superviventistas o preparacionistas) que inició en la década de los 1930 en los Estados Unidos con el propósito de anticipar y prepararse para enfrentar diferentes tipos y escalas de amenazas globales, nacionales e individuales, como las que representan los riesgos nucleares, económicos y políticos y demás eventos por fuera de su control que pudieran llevar al fin del mundo tal y como lo conocemos. Aunque el tema del survivalismo está presente en la ciencia ficción (e incluso ridiculizado), es relativamente poco estudiado.

Compartimos el entendimiento de que entre más preparadas estén las personas para enfrentar desastres, menos daño sufrirán. De hecho, estudios han demostrado que los humanos que sobreestiman su preparación, tienen poco entendimiento de los riesgos y, por ende, no están lo suficientemente bien preparados para las catástrofes.

La preparación para emergencias es una parte esencial del survivalismo. En terminología especializada, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR) define la preparación en el contexto de riesgo de desastres como “los conocimientos y las capacidades desarrollados por los gobiernos, las organizaciones profesionales de respuesta y recuperación, las comunidades y los individuos para anticipar, responder y recuperarse eficazmente de los impactos de los eventos o condiciones de peligro probables, inminentes o actuales”.

En otras palabras, la preparación puede definirse como la agilidad para obtener los recursos y organizarse para encarar circunstancias futuras inciertas pero de alguna manera anticipables. Es una forma de racionalizar amenazas y eventos catastróficos futuros inciertos (huracanes, pandemias, terremotos, meteoritos), invocarlos al presente y emprender las acciones requeridas para abordarlos.

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El survivalismo amplifica las condiciones del presente y anticipa abruptos escenarios futuros fatalistas y apocalípticos, y busca prepararse para sobrevivir a posibles cataclismos.  La mayor parte de los survivalistas comparten la creencia de que el mundo social, ambiental, económico, tecnológico y político, tal y como lo conocemos, va a colapsar.

Aunque la adquisición de habilidades, destrezas y conocimientos de supervivencia y autosuficiencia de individuos, comunidades y empresas es deseable, y ayudar a hacer frente a la incertidumbre del futuro y los imaginarios desastrosos puede ser “saludable”, paralelamente, la anticipación a riesgos físicos extremos y la preparación para futuros subjetivamente inciertos y un eventual Armagedón puede llegar a ser patológica, dependiendo de la racionalidad de las respuestas y acciones.

En su libro Locura y civilización, Michel Foucault reporta su investigación sociológica, psicológica, antropológica e histórica de cómo desde la antigüedad en Occidente ha existido un tenue límite entre la razón y la locura. Probablemente, en ese límite se alza una alternativa oportuna a la hora de asumir el futuro.

Sabemos que debemos actuar, afinar los radares de riesgos, hacernos cargo del futuro de los próximos habitantes del planeta, e invertir en regenerar. Pero quizás nos esté haciendo falta moderación, una libre y sana moderación. ¿Acaso estamos arriesgando el presente y la cordura al dedicarnos a leer señales –demasiadas señales– de futuros especulados y a idear planes de contingencia y supervivencia para –hasta ahora– catastróficos escenarios?

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LinkedIn: María Alejandra Gonzalez-Perez
Twitter:@alegp1
*La autora es profesora titular de la universidad Eafit. Es presidente para América Latina y El Caribe de la Academia de Negocios Internacionales (AIB). PhD en Negocios Internacionales y Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad Nacional de Irlanda.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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El Caribe emprendedor

El economista y rector de la Universidad de Norte Adolfo Meisel presenta una mirada a la historia empresarial del Caribe colombiano como columnista invitado en Forbes. “Conocer las tradiciones de las migraciones que recibimos en esta región del país permite fortalecer la visión de futuro de una sociedad creativa, innovadora y versátil en la actividad empresarial”, dice.

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Adolfo Meisel, rector de la Universidad del Norte. Foto: Universidad del Norte.

La nueva historiografía del Caribe colombiano ha puesto de presente aspectos poco conocidos de esta región y rescatado otros que han caído en el olvido. Entre los más significativos está el volver a mirar la profunda tradición empresarial que caracterizó a esta parte del país y su aporte a la nueva historia empresarial nacional.

Sobre la base de nuevos archivos, tanto nacionales como extranjeros, ha sido posible reconstruir la presencia, desde fines de la colonia española, de una sólida comunidad empresarial de inmigrantes que dinamizó la economía regional y ayudaron a forjar un espíritu inversionista e innovador que se reflejó en múltiples iniciativas productivas. A fines del siglo XVIII en Cartagena de Indias había un grupo de grandes comerciantes dedicados a las exportaciones e importaciones, la mayoría de los cuales eran de Cádiz, España. Bastante más pequeño, pero también activo, era el grupo de comerciantes catalanes asentados en Santa Marta.

Con el advenimiento de la república empezaron a llegar a Barranquilla una gran cantidad de inmigrantes, inicialmente norteamericanos, pero sobre todo judíos sefarditas de las islas del Caribe, Saint Thomas, Curazao y Aruba. Los apellidos de esos inmigrantes se volvieron con el tiempo barranquilleros típicos: Cortissoz, Juliao, Sourdis, Heilbron, Álvarez-Correa, Salas, entre otros. Este grupo judío forjó empresarios locales emblemáticos, como Ernesto Cortissoz, uno de los fundadores de SCADTA, la segunda línea aérea comercial del mundo. También hubo una amplia corriente de inmigrantes que venían de Alemania e Italia, en su mayoría ligados al negocio de la exportación del tabaco desde los Montes de María y la navegación fluvial: Held, Lindemeyer, Geiseken.

Desde la última década del siglo XIX empezaron a llegar de Medio Oriente muchos sirio-libaneses y palestinos que huían de las persecuciones del Imperio Otomano, y por esa razón entraron con pasaportes emitidos por Turquía. Fue así como los Muvdi, Yidi, Abufhele, Maria, Dacarett, entre otros, también enriquecieron la cultura del Caribe colombiano.

Con el ascenso del Nazismo al poder en 1933 aumentó la llegada de judíos ashkenazi, es decir del norte de Europa. Apellidos como Stecklel, Schmulson, Gilinski, Mayer, Sredni, Caridi, se vincularon a la actividad industrial y comercial.

He mencionado solo algunos grupos de inmigrantes, pero hay que señalar que hubo destacados oriundos de Estados Unidos, como los Parrish, empresarios de la construcción. Karl Parrish y Karl Parrish Jr., su hijo, construyeron la nueva Barranquilla y su emblemático barrio El Prado; también lideraron la fundación de instituciones educativas, como la Universidad del Norte y el Colegio Parrish.

Ellos, junto a quienes migraron del interior del país y los costeños, han forjado una tierra fértil para la actividad empresarial en la costa norte. Conocer las tradiciones de las migraciones que recibimos en esta región del país permite fortalecer la visión de futuro de una sociedad creativa, innovadora y versátil en la actividad empresarial. Las nuevas generaciones de empresarios del Caribe colombiano son muestra de ello y del potencial económico que proyectan a futuro.

*El autor es rector de la Universidad del Norte.

**Esta columna de opinión apareció en la edición impresa de Forbes Colombia de septiembre 2021.

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El poder del feedback constructivo en los equipos y en las organizaciones

El feddback es un aliado para la mejora continua. Sin embargo, la clave es mantener la humildad para aceptar las cualidades de forma agradecida. Aquí algunos de los consejos para el proceso.

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Liderazgo
Foto: Pixabay

Uno de los regalos más valiosos que podemos recibir es un buen feedback, pues se convierte en un potente aliado para la mejora continua y para disfrutar del camino, ya que nos refieren lo que funciona y va bien y nos retan a conseguir objetivos que en definitiva contribuyen a nuestro  desarrollo.

Como venimos comentando en anteriores artículos, esto exige un continuo ejercicio de humidad para mantener un ego saludable que acepta sus cualidades de forma agradecida y con la misma naturalidad reconoce sus debilidades con intención de irlas mejorando según las prioridades de su proyecto de vida personal y profesional.

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Una de las formas de mejorar la confianza y el clima en nuestras organizaciones y equipos está, precisamente, en que nuestra gente sienta que hay transparencia, que saben lo que se piensa de su desempeño, en qué aportan valor y en qué podrían agregar más. No es de recibo tener que despedir a una persona y que ésta se sorprenda porque sus últimas evaluaciones de desempeño tiene la máxima calificación. Quien dio el feedback no lo ha hecho adecuadamente y eso nos reporta problemas.

Desafortunadamente, a veces se ha confundido el feedback con la crítica destructiva, motivo por el que se ha podido interiorizar como un ataque en lugar de como una oportunidad y ocasión de enriquecimiento personal y profesional.

Para ayudar al cambio de esa percepción negativa del feedback, tengamos en cuenta dos condiciones antes de facilitarlo: primero, pedir permiso al sujeto y hacerlo de forma constructiva y segundo, agradecer siempre que nos lo den, sin excusarnos, y considerarlo de forma operativa  para mejorar.

Hay formas de dar feedback que no son herramientas de desarrollo sino desahogos, exigencias o maneras de ganarse a otros por utilidad. Por eso es importante tener criterio sobre su uso para proporcionarlo o recibirlo con conciencia.

Por otra parte tengamos en cuenta  que  no siempre y no de cualquiera, tenemos  por qué tomar en cuenta el feedback, pues no todos tienen la misma autoridad o derecho sobre  mí. Decido de quién y cómo y decido también en qué momento acometer la lucha por el cambio en lo que me han indicado. Claro está que la evaluación de desempeño es importante y he de considerar lo que me dicen y si yo doy el feedback las evidencias en las que me baso y los recursos que ofrezco para no dejar sola a la persona son importantísimas.

Lea también: El poder del pensamiento creativo

En los próximos artículos iremos desgranando algunos recursos y herramientas para que el feedback sea constructivo y otros medios para utilizar en la puesta en marcha de los planes de acción para la mejora,  como el que sigue a continuación.

Herramienta SSC

La herramienta SSC es un recurso sencillo  y fácil de aplicar a nivel personal o de equipo. Hacer   un plan de acción que nos ayude a alcanzar los objetivos señalados en el feedback recibido.

Analicemos su acrónimo: “Stop” (Parar), “Start” (Empezar) y “Continue” (Continuar). Su aplicación es muy sencilla: detallamos los resultados que se han obtenido hasta el momento y se determina:

  • S: parar de hacer lo que no nos está dando resultado o está dañando al equipo. Señalar en qué hay que hacer STOP.
  • S: empezar a hacer aquello que hemos especificado y que creemos que nos beneficiará en la consecución del objetivo marcado.
  • C: continuar con aquellas acciones estratégicas que están resultando positivas dentro del plan de acción para alcanzar el objetivo, especificándolas de manera clara.

Es habitual que en una evaluación intermedia de nuestro plan de acción encontremos que hay que hacer modificaciones. Son ajustes necesarios y naturales y no hay que entenderlos como fracasos, sino como capacidad de adaptación y de proyectar diseños flexibles.

Contacto:
Web:Reyes Rite*
*La autora es directora ejecutiva de la Consultora del Desarrollo del talento humano Integrando Excelencia y Presidenta de Iryde.  En la última década ha seguido el proceso de transformación y desarrollo de la resiliencia personal y organizacional aplicando la metodología GPR © con cientos de empresas y altos ejecutivos en Europa y Latinoamérica. Autora del libro ¡Aquí Mando yo! Un espectacular viaje de la Resiliencia a la Ilusión  ha recibido distinguidos premios y reconocimientos por su aportación profesional en el ámbito empresarial como la Medalla Europea aql Mérito en el Trabajo otorgada por la AEDEEC.

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Acciones por la libertad y la justicia

La situación de las mujeres en Afganistan no puede pasar desapercibida ante la sociedad mundial. ¿Por qué Estados Unidos juega un rol importante en esa historia que ahora empieza a escribirse diferente para las mujeres?

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“Yo no tengo país, solo me queda Chile”: mujer clama porque saquen a su familia de Afganistán

Muchas veces quienes gozamos de haber nacido bajo los preceptos, valores e influencia occidental -muy especialmente las mujeres- no somos conscientes de lo afortunadas que somos. Vivimos en un mundo donde las leyes y las normas han evolucionado a lo largo de los siglos, adaptándose a las nuevas realidades, derivando en un marco legal orientado a proteger y hacer valer nuestros derechos y libertades.

Tampoco somos conscientes de la importancia que tuvo en nuestro modus vivendi actual la separación entre la iglesia y el Estado, circunscribiendo a la religión solo a una dimensión espiritual. El proceso de secularización de nuestra sociedad se dio gracias a hitos históricos tan importantes como la Revolución francesa, la Independencia estadounidense y las revoluciones liberales del siglo XVIII y XIX.

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Debido a lo que está pasando hoy en Afganistán y a lo que están dolorosamente condenadas a padecer las mujeres bajo el régimen Talibán y el yugo de la Ley Sharía, luego de la retirada de EE. UU., hay un foco de atención que debemos aprovechar.

Las mujeres libres y con influencia en nuestros respectivos entornos, tenemos el deber moral de pronunciarnos y condenar abiertamente la flagrante y sistemática violación de los Derechos Humanos que viven millones de mujeres musulmanas. No olvidemos que hoy las mujeres en países como Arabia Saudita, Irán o Yemen también están viviendo un verdadero infierno debido a la interpretación radical de la ley religiosa islámica. No nos confundamos: no hacerlo se constituiría en un silencio cómplice y hacerlo tampoco es desconocer las injusticias que viven muchas mujeres en nuestras propias sociedades.

De igual manera, en ningún caso debemos confundir “diferencias culturales” con nuestro deber indoblegable de abogar por la libertad, la autodeterminación y la equidad de género en el mundo.

Es cierto que en América Latina estamos lejos de vivir en un mundo donde la ley se aplique de manera efectiva para todos, en especial las mujeres. Pero las principales razones que explican dichas ineficiencias se centran principalmente en tres ámbitos: ineficiencias del Estado, negligencia por factores culturales, o por corrupción.

“Unamos nuestras voces por la libertad y la justicia para todas las mujeres del mundo. Más allá de un derecho, es nuestra responsabilidad”

En ningún caso las leyes en nuestros países van a permitir que oficialmente se lapide, se ampute, se azote o se decapite a una mujer en público porque fue adúltera, por negarse a casarse a los 10 años, salir a la calle sola, hacer un sonidos al caminar, estudiar o por reír a carcajadas, entre otras cosas. Bajo los preceptos de la Ley Sharía, la mujer no solo es considerada un ser inferior, sino propiedad de los hombres.

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Estados Unidos se equivocó con su retirada de Afganistán. La coyuntura política, la polarización ideológica, el complejo de ser un país hegemónico y razones personales del presidente Biden fueron los principales motivos para salir del territorio afgano.

Un error histórico que pesará por siglos sobre los hombros de EE. UU. Repito, no hay que confundir la defensa de los Derechos Humanos con la impunidad implícita que enmarca la defensa de la “multiculturalidad” cuando esta atenta contra la libertad individual. Unamos nuestras voces por la libertad y la justicia para todas las mujeres en el mundo. Más allá de un derecho, es nuestra responsabilidad.

Por: Marcela Prieto*
*La autora es Politóloga y experta en política pública. Vicepresidenta de Relaciones Institucionales para Iberoamérica y EE. UU. de Visión Américas LLC, directora del Comité de Política Pública de Women in Connection.

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