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El camino por pavimentar a la COP27 en Sharm El-Sheikh

Aunque no hay dudas de que hubo avances hacia la acción climática en la COP26, lo acordado sigue sin ser suficiente. Así está el panorama para la edición que viene.

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COP26
Foto: EFE

La conferencia de las partes (COP) las Naciones Unidas sobre cambio climático número 26 tuvo lugar en Glasgow entre el 31 de octubre y el 13 de noviembre del 2021, el mayor encuentro de diplomacia global de los últimos seis años.  Aunque no hay dudas de que hubo avances hacia la acción climática, lo acordado no fue suficiente. Hay que decirlo, para esta COP había grandes expectativas sobre las negociaciones y se esperaba que, en palabras de Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido, “el mundo recordara la COP26 de Glasgow como el principio del fin del cambio climático”.

El Pacto de Glasgow para muchos ambientalistas, representantes tanto de gobiernos como de la sociedad civil, significa un avance. No obstante, tuvo variaciones en asuntos importantes y un debilitamiento en la redacción de los términos de aspectos críticos que habían sido inicialmente incluidos en el borrador del acuerdo a negociar, ya que se esperaba acordar la eliminación de las emisiones de carbono y no solo la reducción progresiva. 

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Después de dos semanas de negociaciones con representantes de 197 países, en el último día China e India dejaron claro que solo renunciarán al uso del carbón cuando sus economías alcancen una prosperidad económica sostenible y que ya no lo requieran. 

La consecuencia de esto es la amenaza de no poder garantizar que se alcanzará lo acordado en la COP 21 en París en el 2015, en la que se estableció mantener el calentamiento del planeta a 1,5 grados centígrados de los niveles pre-industriales, a un nivel donde la vida en la Tierra pueda seguir siendo viable. 

Para la activista Greta Thunberg el nuevo pacto es muy vago y abundante en lagunas y, sobretodo, no es lo suficientemente fuerte en la urgencia de actuar contrarreloj.

cambio climático / EFE
Foto: EFE

Aspectos controversiales del texto final del pacto de Glasgow son las lagunas en la regulación de los mercados de compensación de emisiones de carbono (carbon offset) del artículo 6 del Acuerdo de París. La compensación de carbono es visto como una alternativa para continuar con industrias como la de combustibles fósiles, y otras altamente contaminantes.

Asimismo, en la COP26 hubo discusiones importantes en cuanto al transporte, principalmente hacia los vehículos eléctricos. En este tema, 30 países y 6 empresas de la industria automotriz se comprometen a dejar de vender vehículos de combustión al año 2040. Sin embargo, países como Japón, China, Alemania, y Estados Unidos no hicieron parte de este compromiso.

Algunos de los mayores logros del texto final del Pacto de Glasgow son asumir las evidencias científicas del cambio climático y el abordaje explícito de la justicia climática, así como las obligaciones que como humanidad tenemos con la integridad de los ecosistemas y protección de la biodiversidad, las personas y las comunidades con mayor vulnerabilidad al cambio climático.

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Para esto en el texto se promete -algo previamente acordados en la COP21- concretar al menos 100 mil millones de dólares anuales de los países ricos (y altamente emisores de gases de efecto invernadero) para que los países en vía de desarrollo asuman las pérdidas y daños causados por el clima (aumento del nivel del mar, sequías e inundaciones), con miras a la adaptación a los impactos climáticos y apoyar su transición hacia energías descarbonizadas.

Otro logro importante fue que 25 países acordaron suspender para finales del 2022 las subvenciones a los proyectos de combustibles fósiles y el uso de los recursos para la transición a energías limpias. El texto borrador del pacto aspiraba por una “eliminación progresiva”, pero documento fue modificado controversialmente por una reducción progresiva de las subvenciones ineficientes a este tipo de combustibles.

Además de lo anterior, al margen del acuerdo oficial se llevaron a cabo acuerdos no oficiales como, por ejemplo, el acuerdo de acabar con la deforestación en el 2030. Este acuerdo liderado por el Reino Unido fue firmado por 100 países, lo que representa un 85 por ciento del área forestal en la Tierra. Sumado al acuerdo de deforestación está el compromiso global con el metano liderado por Estados Unidos en el cual 80 países se comprometieron a disminuir en un 30 por ciento las emisiones de este gas.

También se dieron anuncios importantes en cuanto a planes de mitigación. Es decir, actualizaciones de metas más ambiciosas de los planes climáticos nacionales y las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC), divulgación de iniciativas de reducción de gases de efecto invernadero, “race to cero”, y de variados esquemas de descarbonización tanto para empresas, universidades y organizaciones, así como para países y municipalidades.

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De manera complementaria durante la COP26 se hicieron anuncios claves como la creación del corredor marino entre Colombia, Costa Rica, Panamá y Ecuador, que sería la reserva marina más grande en el hemisferio occidental. También el anuncio de Guillermo Lasso, presidente de Ecuador, de reducir el 22,5 por ciento de las emisiones nacionales al 2025, y la conservación adicional 60.000 kilómetros en reserva marina en las islas Galápagos en trueque por una reestructuración de deuda externa del país equivalente a 1.000 millones de dólares. 

Tenemos un largo camino por recorrer, y aunque está pavimentado con buenas intenciones y acuerdos, estamos cortos en acciones. La COP 27 será en Sharm El-Sheikh, Egipto, del 7 al 22 de noviembre 2022, y para esta se espera que los países presenten actualizaciones aún más ambiciosas de sus NDC para poder lograr el objetivo de esta década. Se prevé que enfoque de la COP27 será en financiación de la adaptación.

Contacto
LinkedIn: María Alejandra Gonzalez-Perez
Twitter:@alegp1
*La autora es profesora titular de la Universidad Eafit. Es expresidente para América Latina y El Caribe de la Academia de Negocios Internacionales (AIB). PhD en Negocios Internacionales y Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad Nacional de Irlanda.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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