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Inversión para un futuro más verde

Aunque Colombia avanza en la transición energética, siguen los problemas para que las empresas accedan a inversionistas que financien sus proyectos.

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La transición hacia una matriz energética ambientalmente limpia y el aprovechamiento de los recursos solares, eólicos, hidráulicos y geotérmicos son dos grandes retos que cada vez toman más relevancia en la agenda pública global. No obstante, según el Foro Económico Mundial, pese a la creciente afluencia de capital para cumplir este objetivo, las brechas de financiación persisten, por lo que se debe seguir diversificando las fuentes de fondeo, así como tener un mayor compromiso desde el sector privado.

Para el caso de Colombia, aunque en el último año se destacó como el tercer país de América Latina y el Caribe con mayores avances en transición energética, ocupando el puesto 29 entre 155 en el Índice de Transición Energética del WEF, el mismo documento señaló que las empresas locales –e internacionales– del sector presentan dificultades para acceder a inversionistas, fondos y créditos que financien sus proyectos, especialmente en los mercados emergentes.

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Esta situación es una preocupación que rebasa los límites del sector energético y toca las puertas de las diversas esferas de la economía, porque no contar con recursos para modificar la matriz de energía es una amenaza al futuro de la sociedad. Sin embargo, la buena noticia es que el sector privado, y especialmente las compañías que gestionan capital, aún cuentan con margen de maniobra para ayudar a superar el desafío de la financiación y acelerar el despegue de las energías verdes.

En ese sentido, el trabajo mancomunado entre el sector público y este tipo de empresas será vital porque permitirá que la experiencia en materia de estructuración financiera de proyectos esté al servicio de las iniciativas de transición energética, las cuales exigen inversiones de alto valor. Asimismo, desde sus portafolios es posible crear sinergias para configurar flujos de recursos que soporten económicamente dichas acciones, de manera que los gobiernos sientan el respaldo y dejen de ser percibidos como los únicos responsables de generar cambios.

Lo anterior, supone el despliegue de estrategias de asesoría en inversión que tengan como propósito mitigar la escasa tolerancia al riesgo o escepticismo que todavía está presente en muchos inversionistas cuando se trata de energías renovables. Además, esto debe ir de la mano con el entendido de que la innovación no se limita a la invención de sistemas o equipos, sino que también abarca procesos de investigación que deriven en enfoques para eliminar las ineficiencias de los actuales modelos de negocio y cadenas de suministro.

Estos son ejemplos de lo que las compañías de gestión de capital pueden hacer en el corto plazo para ser catalizadoras de la transición energética, pero, asumir este rol, exige una preparación interna en lo que respecta a la adopción de principios y prácticas responsables en la visión corporativa. Por ello, un paso previo esencial es la alineación con directrices globales como, por ejemplo, los Principios de Financiación Responsable (PRI), los cuales ayudan a que las empresas diseñen nuevas herramientas de impacto desde un enfoque sustentable.

Al hacerlo, se logra la incorporación de criterios ESG en el ADN de la compañía, lo que crea las condiciones necesarias para pasar de forma progresiva y coherente de un portafolio con inversiones ineficientes en términos medioambientales, a uno ecoeficiente que esté soportado en factores que van más allá de la rentabilidad inmediata, permitiendo identificar nuevas oportunidades que no son visibles desde los análisis financieros tradicionales.

De esta manera, los gestores de capital no solo podrán blindar sus portafolios de inversión y alcanzar mayor resiliencia, sino que también pasarán a ser ejes articuladores y promotores de la transición a una economía baja en carbono, logrando actuar de forma consecuente con las expectativas de sus clientes, la realidad que vivimos y el mañana que deseamos.

Por: Juan Pablo Galán*
*El autor es Country Head de Credicorp Capital en Colombia.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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