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Primero, no hacer daño; Luego, regenerar

Regenerar no es lo mismo que reparar. El desafío es lograr un planeta más estable y saludable para todos reduciendo riesgos ambientales. ¿Cómo hacerlo?

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Primum non nocere, luego regenerar.

Primum non nocere (en latín) significa “primero, no hacer daño”.

El voto de “no dañar” está implícito en las conexiones humanas con el medio ambiente, con los demás y con uno mismo como máxima encarnación de la ley moral.

La mayoría de los conceptos éticos universales incluyen: hacer el bien y evitar el daño; la vida como un derecho inalienable; y el reconocimiento de que todos los seres humanos son creados iguales, libres y unidos.

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El progreso social, tecnológico y creativo de la humanidad viene avanzando a un ritmo incomparablemente acelerado. En los últimos 50 años, la humanidad ha sido testigo de un desarrollo exponencial equivalente al que antaño se demoró 500 años en alcanzar. 

La Fundación del Futuro de Dubái se refiere a este período en que estamos como la “era de giros cuánticos”. En esta era, el desafío será lograr un planeta más estable y saludable para todos reduciendo los riesgos ambientales y utilizando la capacidad de la naturaleza para restaurarse o incidiendo positivamente en los ecosistemas y hábitats críticos.

En el libro “Futuros regenerativos y sostenibles para América Latina y el Caribe“, resaltamos que las relaciones regenerativas son necesarias para la acción colectiva. Además, enfatizamos que hay que apostar por la ética, la democracia, los procesos de producción y consumo, así como los ecosistemas, los territorios y las empresas que conforman la economía.

Bien lo expresa Federico Botero Jaramillo, fundador de Ecoral y Gerente del Agroparque Biosuroeste, quien se define como empresario por la naturaleza, al referirse a las soluciones con un enfoque regenerativo: “la calidad de los resultados depende de la intención desde la que actuemos, de hacernos cargo de procurar y celebrar nuestra huella positiva y, sobre todo, de asumir la responsabilidad de transformar nuestro entorno inmediato, los diez metros de radio que tenemos alrededor”.

Detrás de esta posición está la noción de justicia o equidad, que estipula que cada uno contribuye de acuerdo con sus capacidades; y el principio de reciprocidad, que establece que uno debe devolver en proporción al beneficio recibido.

Regenerar no es lo mismo que reparar. Reparar es devolver su funcionalidad o remediar un daño. Reconstruir o restaurar se refiere a devolverlo a su estado preexistente. Por su parte, la regeneración implicar reparar a una escala mayor y renovar para mejorar el estado original.

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Para entender mejor este concepto, veamos la analogía en la biología del hígado. El hígado es uno de los órganos del cuerpo humano que desempeña un papel fundamental en la regulación de los niveles químicos de la sangre y la eliminación de toxinas. El tejido hepático puede regenerarse por completo tras la extirpación de una parte de este órgano. Hay células (hepatocitos) en el hígado que detectan la necesidad de reproducirse y, en consecuencia, hacen que las células cercanas se dividan para aumentar su propio número mediante la división (mitosis). Gracias a este esfuerzo colectivo, son capaces de regenerar el tejido extirpado y curarse por completo.

Dejar el mundo mejor de lo que lo encontramos no es gratuitamente una moda de la tercera década del siglo XXI, ni tampoco un ideal o una aspiración nueva.  “Intentar dejar este mundo un poco mejor de lo que lo encontramos” es una de las frases misionales del movimiento Scout y un legado de su fundador Robert Baden Powell (1847-1941).  El concepto también está explícito en la obra del filósofo abolicionista Ralf Waldo Emerson (1803-1882): “dejar el mundo un poco mejor, ya sea por un niño sano, una parcela de jardín o una condición social redimida; saber que aunque sea una vida ha respirado mejor porque tú has vivido. Eso es haber triunfado”.

Estos son los momentos en los que es esencial cultivar el optimismo, la tranquilidad y la amabilidad para contrarrestar la desesperación, el desánimo y el pesimismo al prever el futuro. De ahí las apuestas por ir más allá de la sostenibilidad: hacia la regeneración. Esa que solo puede lograrse con actos de bondad y serenidad y con esfuerzos mutuos para planificar el futuro juntos.

Contacto
LinkedIn: María Alejandra Gonzalez-Perez
Twitter:@alegp1
*La autora es profesora titular de la Universidad Eafit. Es expresidente para América Latina y El Caribe de la Academia de Negocios Internacionales (AIB). PhD en Negocios Internacionales y Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad Nacional de Irlanda.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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