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‘Se puede acusar a las empresas de greenwashing, pero no creo que sea cierto’

El estratega en temas de cambio climático comentó que el presidente Gustavo Petro debe mandar señales al mercado de que no habrá un corte inmediato de hidrocarburos en Colombia.

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El arranque de la COP27, que tuvo lugar el pasado 6 de noviembre, no ha estado exento de polémica. Un ejemplo fue el anuncio de Coca Cola como sponsor de la conferencia, a pesar de ser una de las empresas que más envases plásticos produce al año. Para 2020, el total de material contaminante generado por la compañía ascendió a 2,9 millones de toneladas, según datos de Changing Markets Foundation.

Sin embargo, vale la pena preguntarse si el sector privado es realmente un enemigo en medio de la lucha hacia un mundo que busca alejarse de las emisiones de CO2, y es que si bien se les puede acusar de greenwashing, hay algunos actores que consideran estos señalamientos como injustos.

“Puedes verlo desde un punto de vista negativo a un punto de vista positivo. Yo creo que es extremadamente positivo que empresas multinacionales de los Fortune 500, como Coca Cola, estén incorporando en todo su planteamiento estratégico la diversificación de la marca y el posicionamiento. Y es que todo hoy en Coca Cola tiene un eje central y es la sustentabilidad. eso es positivo”, dijo el estratega internacional especializado en economía sostenible para el sector público y privado, Juan Verde

El analista también se ha destacado en el pasado como un asesor clave del expresidente de EE.UU. Barack Obama y el exvicepresidente Al Gore en temas climáticos. Considerando que ambos han sido figuras importantes en cada cumbre sobre el cambio climático y que sus discursos atraen masas, las figuras que los rodean y aconsejan sobre estos temas deben tener algo de razón.

Para el estratega, uno de los puntos que verdaderamente está haciendo la diferencia arrancó desde el primero de enero en Europa, momento en que entra una nueva normativa para, precisamente, acabar con el greenwashing, que consiste en obligar a todas las compañías a que hagan un reporting de su ESG y que sigan unos criterios estándares y homologados por la Unión Europea.

“Ya no es que tú puedas decir ‘Yo, Coca Cola, soy green’ No, ¿cómo que eres verde?, ¿quién lo dice? ¿quién lo certifica? ¿qué metodología? ¿cómo lo estás utilizando? Entonces eso acaba por completo con el greenwashing, por lo que las compañías van a tener que ser mucho más serias, sobre todo mucho más metódicas y con mucho más rigor, a la hora de hacer de cuadrar esas características”, explicó.

¿Y Estados Unidos?

Si bien Verde reconoce que Europa está liderando el camino hacia un futuro más sostenible, también es consciente de que Estados Unidos va por buen camino. “Hemos pasado desde un presidente que era negacionista del cambio climático y no escuchaba la aplastante evidencia científica de la comunidad mundial, a un presidente que está liderando el mundo entero”, añadió.

Lo cierto es que la labor de Joe Biden ha sido elogiada en lo que a lucha contra el cambio climático se refiere, pues analistas como Verde saben que está actuando pensando en las próximas generaciones y no en elecciones como las que tienen lgar hoy en Estados Unidos, donde pende de un hilo el control del Partido Demócrata en el Congreso.

Con este panorama en mente, no se puede ignorar el hecho que Biden está tomando decisiones que están haciendo daño al partido, pues Verde es consciente de que los demócratas van a perder el Congreso “casi con total seguridad”, pues al apuntar a largo plazo, las acciones de Biden no cuentan con mucha rentabilidad política.

No obstante, Biden está llevando a cabo la mayor inversión en transición y eficiencia energética en la historia de Estados Unidos. Para nombrar una de muchas acciones, cabe destacar la puesta en marcha de un fondo de inversión de US$21.000 millones para la digitalización del campo.

“Estamos llevando a cabo la mayor inversión en nuestra historia en investigación primaria, donde ves resultados a 15 o 20 años. No tenemos que elegir entre salvar el planeta y la riqueza económica: son los dos, y van de la mano”, sostuvo.

Más allá de las elecciones del Congreso, hay otro tema que añade mucha incertidumbre al panorama político de Estados Unidos, y es el eventual regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Y es que no se puede ignorar que, durante sus cuatro años como mandatario, fue un acérrimo negacionista del cambio climático, aunque esto podría no impactar gravemente en los avances que han tenido lugar hasta ahora.

“Un triunfo de Trump solo me diría que el tema de la sustentabilidad en Estados Unidos es un tema de velocidad, no de dirección. Eso lo único que haría sería retrasar sería frenar un poquito lo que es inevitable, porque esta revolución verde la está liderando el sector privado”, comentó Verde.

En este punto cabe destacar la gestión de actores como Blackrock, considerado el mayor fondo de inversión del mundo con $9 billones de dólares en gestión. Su mención en este contexto es clave al considerar que, hacia 2020, anunció su intención de desinvertir de todas sus participaciones y acciones en aquellas compañías que no tuviesen un impacto directo en la lucha contra el cambio climático.

A partir de ahí, son más de 40 grandes fondos mundiales de Wall Street que están incorporando criterios de sustentabilidad a sus compañías, además de los fondos de inversión europeos, donde hasta 44% de todo el dinero que se va a invertir en el viejo continente para la recuperación económica es verde.

Consecuencias de la COP26

La COP26 celebrada en Glasgoiw dejó en evidencia que los gobiernos van por detrás en el liderazgo requerido para la lucha contra el cambio climático, y que en la actualidad, el mercado es el verdadero referente hacia la carbono neutralidad. De hecho, Verde destacó que ese ha sido un aspecto en el que las administraciones mundiales han sido “cobardes”.

“Llevo mucho tiempo trabajando con gobiernos, y si algo he aprendido es que los políticos son predecibles y cobardes, porque no son valientes para tomar las riendas y adelantarse al mercado o a las empresas privadas. Si lo entiendes y sabes que eso es así, tienes que hacer algo para cambiarlo”, subrayó.

A pesar de ello, el estrategia no está de acuerdo con una afirmación que ha sido categórica en cada edición de la COP: no va a pasar nada si no ponemos a los gobiernos de acuerdo y no van al unísono. Para el experto, iremos más lentos, pero vamos a seguir caminando.

Un buen ejemplo para ilustrar esta afirmación es, precisamente, lo ocurrido al final de la COP26. Aunque el acuerdo salió “descafeinado” por la falta de acuerdo en la prohibición de nuevos proyectos de carbón, sí salieron cosas buenas, como el acuerdo al que llegaron hasta 102 países para acabar con la deforestación, y la decisión de 55 países de mejorar sus acciones frente a la transición energética.

Incluso, un país que está haciendo cosas importantes es China. No se puede negar que es el principal culpable de la contaminación global, con hasta 31% del total de emisiones globales saliendo de su territorio, pero también es la nación que más invierte en temas energéticos. Sin embargo, debemos ser conscientes de que esto no es mera filantropía.

“Los chinos lo están haciendo porque tienen una absoluta dependencia en los combustibles fósiles del resto del mundo. Si quieres ser competitivo y mejorar tu seguridad nacional, tienes que hacer todo lo posible por generar tu propia electricidad. Además, miles y millones de ciudadanos están quejándose, saliendo las calles a protestar por la calidad del aire, y es que se está muriendo la gente con los niveles de cáncer y de contaminación”, resaltó Verde.

El ejemplo de China es una muestra de que la sociedad civil va por un lado muy acelerado, llevando a cabo las mayores protestas y movilizaciones en la historia del mundo, que han ocurrido en los últimos cinco años por el tema climático. Esta hipótesis se fortalece al tener en cuenta que hasta 72% de los ciudadanos a nivel global en 39 países en los cinco continentes quieren que su gobierno haga más para protegerlos contra el cambio climático.

El discurso de Gustavo Petro

Es imposible negar que uno de los gobernantes que más ha escuchado este clamor ha sido el presidente Gustavo Petro. Tanto así, que el lema oficial de su gobierno se refiere a Colombia como “potencia mundial de la vida”. El problema con su discurso apunta a la incertidumbre que ha generado en torno al futuro económico de la nación, gracias a su postura radical en contra de los hidrocarburos.

Sobre este caso, Verde destacó que, si fuera asesor del presidente Petro, le diría que lo importante es mandarle una señal al mercado de que no va a haber un corte inmediato que ponga en peligro la estabilidad económica a largo plazo del país.

“El ejemplo que le daría es Arabia Saudí, que depende en un 100% prácticamente hoy de los combustibles fósiles, pero por otro lado es el país que más invierte en combustible fósiles proporcionalmente a su PIB ¿por qué? Porque quiere utilizar el dinero cantante y sonante para acelerar su transición y su diversificación de la economía, y lo está haciendo con muchísimo éxito, pero necesitas dinero y necesitas tiempo”, apuntó.

Para el estratega, lo que tendría que hacer el gobierno colombiano es mandar una señal inequívoca a los mercados de que la prioridad a largo plazo cambia, pero a corto plazo, debe quedar claro que hay combustibles de transición.

“Yo creo que lo importante aquí es que los países, las personas y las empresas no crean que tienes que elegir entre una cosa y la otra. No es salvar el planeta versus el desarrollo económico: son los dos, y los países que mejor lo están haciendo son los que unen esas dos prioridades en una estrategia clara, pero categóricamente irreversible, que es una transición energética”, detalló.

En medio de dicha transición, la pregunta que se hacen constantemente todos los actores involucrados en este panorama, es si el mundo ya alcanzó un pico de emisiones de CO2. A pesar de que la respuesta afirmativa llegará más tarde de lo esperado a causa de la guerra entre Rusia y Ucrania, no hay marcha atrás en ese objetivo de que la curva comience a descender.

“Aquellos países que sigan pensando en los combustibles fósiles como la única fuente de riqueza y de desarrollo económico, están mirando a un modelo obsoleto y del siglo 20. La competitividad del siglo 21 es muy distinta, pues representa los combustibles o la transición energética, y esta no existe sin tecnología, digitalización, reinvención de modelos de negocio. Eso es mucho más interesante a largo plazo”, concluyó Verde.

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