A sus 93 años, el artista David Manzur sigue oleando pinceles como el primer día. Este sábado 07 de enero se conmemoraron 70 años de su vida artística.

A Manzur no le gusta que lo llamen maestro, y agradece que alguien le dé el título de artista, así, sin más arandelas. En un esbozo de humildad, se reconoce a sí mismo como un simple trabajador, pero el término se queda corto frente a una vida artística de más de 70 años.

Es el último de su generación en pie. La actividad constante de su creatividad lo ha mantenido vigoroso a pesar de los años. Hoy tiene 93 y, aunque ahora lo hace a un ritmo más pausado, sigue oleando pinceles y lápices como el primer día.

La historia de David Manzur empezó en Neira, un pueblo del departamento de Caldas, por allá en diciembre de 1929. Faltando tan solo 10 días para la tradicional fiesta de Navidad, sus padres, Salomón Manzur y Cecilia Londoño, vieron nacer -sin saberlo- a uno de los artistas más representantivos de Colombia.

Si Manzur leyera estas líneas, agradecería cordialmente cada uno de los halagos de los que es merecedor, con un tono cálido, e insistiría en que no ha hecho otra cosa más que dedicarse a su trabajo, que es el mismo que su pasión, y que ese es el único mérito que se otorga a sí mismo.

Y es que desde que presentó a los 24 años su primera exposición individual, cuando corría entonces el año 1953, no ha parado de componer su obra.

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¿Qué significa para usted cumplir 70 años de trayectoria artística?

Yo siempre he sido enemigo de los homenajes personales, pero me toca agachar la cabeza y aceptar. Empecé más o menos como a los 20 o 30 años ya a ser muy formal en el arte de la pintura. Me tocó desde luego el siglo XX, con todas las posibilidades conceptuales, y buscar un puesto dentro de esta universidad siempre y cuando tuviera una meta relacionada con el realismo.

Yo me crié en el África, en la Guinea Ecuatorial, y me tocó la Guerra Mundial y muchas cosas de esas se reflejaron después y aún se reflejan con la memoria -un tanto desdibujada por el tiempo- y en mi obra, y eso es lo que va a celebrar.

¿Cómo fue esa crianza por el mundo, recorriendo tantos lugares espectaculares y en contextos tan complejos? ¿Terminó influyendo en esa expresión artística que construyó en el tiempo?

La verdad es que yo nunca viajé con un plan específicamente. Al contrario, fue la necesidad. Acuérdate que en la guerra no se viaja… Viví la Guerra Mundial e inclusive la Guerra Civil Española, tenía yo seis años y no me puedo olvidar de ver hundir un barco, eso influyó muchísimo también en el formato de mis obras. Hace unos años una de mis exposiciones fue nada menos que ‘Ciudades oxidadas’. El recuerdo de la memoria y lo que uno ha pasado con el tiempo se va mostrando en alguna forma conceptual en el arte.

Aunque no es amante de los homenajes, le hizo gran ilusión que la celebración en Barichara fuera acompañada de El coro de Cámara Voci Del Mare y Camerata Heroica de Cartagena, un concierto que se realizó el sábado 07 de enero.

“Esa parte es el mejor regalo que he podido recibir en mi vida”, dijo en la entrevista con Forbes Colombia.

Durante la conversación, le adelanta a este medio en primicia que desde la editorial italiana Skira lanzarán un libro sobre su obra.

David, ¿hay un mensaje común que articula toda su obra?

Carga una cantidad de recuerdos e impresiones. Casi siempre son de cuando me llevaron a España a un internado. Mi primer encuentro con el arte fue en España, estaba muy pobre, comíamos muy mal, pero con hambre y todo mirábamos las grandes obras de arte en Sevilla, y allí aparecían unos íconos muy extraños.

Me fui entrando en el mundo del arte cuando volví a Colombia y fui al pueblo donde yo nací. Y en esa casa comencé en realidad a hacer dibujos y darme cuenta de que mi lenguaje era lo visual; a partir de ahí, la memoria parece dibujando recuerdos y, en alguna forma, en todo lo que yo hago inclusive ahora se refleja esa especie de memoria y al mismo tiempo los acontecimientos, cada uno de ellos.

Las ‘Ciudades oxidadas’, por ejemplo. Alguna vez me tocó un bombardeo, y los barcos hundidos siempre me provocaron, o el hierro, el agua, la espuma; esas cosas que aparentemente no son importantes en la vida de la mente de uno alimentan los colores, la imagen y las formas.

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Sería bueno tener más detalles de esa historia…

De niño en África jugaba en las ruinas de un barco hundido y eso me quedó de por vida. Cuando se experimentaba algo durante la guerra siempre había algún motivo para traducirlo en formas visuales.

Otra cosa que me emociona tremendamente es la memoria del pasado en el arte, por ejemplo, el arte flamenco, el arte holandés, el arte español, el siglo XVII, todos siguen en mi mente y aún con ciertas variaciones, cambios y con un lenguaje contemporáneo, yo no puedo quitar de mi mente el momento del arte glorioso que fue el siglo XVII en general.

¿En qué punto siente que se graduó como artista?

Me parece bellísimo que me hayas dado mi nombre, porque nunca enseñé, nunca fui maestro. Yo tengo un gran respeto por los maestros de verdad, que son los que enseñan, desde kinder hasta la universidad, esos sí son verdaderos maestros y para ellos va toda mi admiración.

En el fondo lo que quiero explicar es que a uno le dicen maestro y eso es como decir: “bueno, entonces ya no vuelvas a trabajar”. Como soy maestro, me quedo quieto, es como ponerle un sello. Resulta que es ahora cuando más estudio, estoy descubriendo cosas y con una -no sé cómo explicarte- una especie como de alegría y de afán, porque es tiempo, al fin y al cabo tengo 93 años. Tengo que hacer todo lo que estoy pensando, y si me preguntas si he logrado algo, yo te diría que la obra ideal la tengo en la mente, pero que no existe todavía.

Y esa obra, David, ¿qué falta para que sea una realidad?

Hay otros que piensan tanto en la obra que nos van a dar y yo pertenezco a aquellos que trabajan mucho, y el trabajo me va dando respuestas, una obra se enlaza con otra. Hay un reflejo, indudablemente, como te estaba hablando del arte flamenco, español, italiano y del irlandés, ese reflejo no es tampoco una copia, es mirar el pasado para futuro y esta es -yo diría- una frase que mantengo en mi mente.

Yo trabajo como lo hace un carpintero cumpliendo con su deber. Cuando uno ve a estos grandes artistas, que hoy en día uno se inclina ante su maravilla, piensa en ellos y tenían un sentido como de labor de carpintería y trabajaban cumpliendo encargos. Yo creo en esa parte de la historia. Ya pasó, hoy en día se exige mucho la publicidad, el nombre, el estrellato; pero todo eso, en el fondo, cuando uno está trabajando, se puede.

Sobre la obra, aquí en Barichara, este pueblo de Colombia que tanto quiero y el cual me ha dado la luz, la temperatura y he podido tener el estudio ideal, aquí es donde estoy realizando la mejor obra.

Cortesía David Manzur.

A propósito de obras, ¿cuál es la historia detrás del tapiz del unicornio, un trabajo de más de dos décadas?

Yo fundé un taller en el año 1966. Venía de haber estudiado los tapices del unicornio que están en el Met de Nueva York. A mí me llamó tanto la atención que encontré que quería saber en carne propia como era trabajar ese concepto, desde luego tengo que advertir que en ningún caso es una obra personal, sino una obra de investigación, en la cual muchos elementos del taller y de las personas ayudaron. Eran 10 metros de largo por 3 de ancho, como quien dice 30 metros cuadrados

Este trabajo nos permitió hacer una cosa de oficio más que de concepto, no era un trabajo personal y mucho menos un trabajo mío, pero me sirvió mucho para sentir en carne propia como trabajaban los plásticos y fue un trabajo de mucha paciencia, tiene más de 25.000 flores clasificadas, tiene árboles, más de 14 animales y y caballos en figuras.

Además, crédito a la a la calidad de las lonas de Colombia y sobre ella teñimos. Y está divinamente.

Loa animales son una constante en sus obras, especialmente el caballo, ¿por qué es tan atractivo esa figura para usted?

La anatomía del caballo, como la anatomía del ser humano, es relativamente muy compleja y muy trabajada en la historia del arte, y en este caso hay grandes artistas que predicaron su vida al caballo. Por mi parte, partí de caballos más o menos formales y luego me puse a estudiar a fondo hasta darles un giro absolutamente fantasmagórico.

Aunque no es amante de las fiestas ni de ponerle título a las cosas, ¿cómo podría resumir en tres palabras esta trayectoria artística digna de homenaje?

Me preguntó eso a veces. El tiempo, el que me queda; trabajo, trabajo, trabajo, trabajo; y desde luego responsabilidad en cuanto al concepto de lo que estoy haciendo.

Cortesía David Manzur.

David, ¿cuál sería el último cuadro que te gustaría pintar?

Yo creo que en la mente uno tiene una obra y ve las cosas con una claridad enorme, hasta los colores y las formas, pero cuando uno realiza lo que piensa, es inferior a lo que pensó. Entonces, ante eso, esperemos saber cuál será el último pensamiento mío, que todavía no está.

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