El rápido flujo de transacciones y el hecho de que ni el metaverso ni los espacios de la criptoeconomía están todavía suficientemente regulados, han convertido este escenario en un elemento atractivo para los estafadores y los ciberdelincuentes.
El metaverso nos plantea un futuro apasionante y la posibilidad de construir un entorno interactivo multidimensional con gran potencial transformador. El concepto de este nuevo mundo, abordado recientemente por el observatorio Prosegur Research, no se desarrolla como un videojuego a gran escala, sino que se basa en la socialización virtual. El objetivo es interactuar con otras personas, representadas por avatares a través de espacios públicos, lo cual implica que las posibilidades sean prácticamente ilimitadas como en el mundo físico que nos rodea, ya que es posible trabajar, cobrar un salario, asistir a conciertos, visitar museos o incluso, estudiar una carrera. Sin embargo, los avances en el desarrollo del metaverso también implican la aparición de nuevos riesgos y desafíos.
La hiperindividualización de los contenidos y servicios, la explotación económica del metaverso, el anonimato y el traslado al ciberespacio de problemas sociales comunes —como diversos tipos de discriminación o la polarización social—, pueden favorecer la aparición de comportamientos delictivos como el comportamiento social violento, la delincuencia económico-criminal, la gamificación perversa e incluso un e-learning de intercambio de conocimiento criminal. Por eso, debemos identificar estos riesgos para anticiparnos a ellos y construir un entorno más seguro, acorde con el desarrollo tecnológico que estamos viviendo.
En este nuevo entorno veremos posibilidades de utilidad que nunca se habían imaginado; aunque esto represente una ventaja, también conlleva riesgos en varios casos. El rápido flujo de transacciones y el hecho de que ni el metaverso ni los espacios de la criptoeconomía están todavía suficientemente regulados, han convertido este escenario en un elemento atractivo para los estafadores y los ciberdelincuentes, que pueden aprovechar el desconocimiento de los usuarios y de las empresas para facilitar el éxito de sus estafas.
Además, cabe destacar los riesgos típicos que se encuentran actualmente en Internet y que están presentes en el metaverso. Por ejemplo, los ataques DDoS (denegación de servicio), los cuales buscan hacer caer los servidores al recibir más peticiones de las que pueden manejar, podrían utilizarse contra los propios servidores del metaverso para interrumpir su funcionamiento. También, la economía basada en criptomonedas apoyada por tecnología blockchain y NFT, podría significar que activos digitales valiosos como las obras de arte o la propiedad virtual, puedan comprarse y venderse convirtiéndose en un objetivo de los ataques de ransomware, que buscan desviar los datos almacenados exigiendo un rescate económico para descifrar esa información.
A todas estas amenazas hay que añadir el gran reto jurídico que supone el metaverso. La descentralización de Internet y la ausencia de un marco legal limita enormemente las posibilidades de regulación específica de muchas conductas delictivas de los usuarios, así como su lucha judicial y su prevención. Además, la protección de la privacidad y la propiedad intelectual son dos cuestiones importantes que plantea el desarrollo teórico y práctico del metaverso.
La tecnología es un medio, y el metaverso se asume como motor de cambio, innovación y convergencia. Por lo tanto, no debemos olvidar que es el factor humano el que realmente genera los riesgos, pero también tiene la capacidad de anticiparse a los mismos y construir un entorno seguro que permita potenciar este nuevo escenario al servicio del desarrollo.
Por: Carmen Jordá*
*La autora es responsable de Inteligencia y Prospectiva de Prosegur
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.
