Tener maleza no es 'afear' los territorios, es una tarea titánica que debe reflejarse y aterrizarse en las políticas de restauración de ecosistemas del país. ¿Por qué?
Este febrero cumplí 5 años habitando el territorio amazónico. Caquetá, uno de los seis departamentos de la región, además de tener más de 3 millones de hectáreas que otrora fueron bosques y actualmente son potreros, es el lugar en el que he aprendido varias de las estrategias que transformaron mi manera de ver los paisajes y que hoy me permiten identificar un sin fin de oportunidades para restaurar sus ecosistemas.
Cuando llegué a San Vicente del Caguán le pregunté a un grupo de jóvenes sobre sus planes de vida: “¿cómo ven ustedes su futuro aquí en la región?”, y varios de ellos respondieron: “con ganas de seguir con lo que hace mi papá, tener una finca, una finca bonita”. El adjetivo de “bonita” me generó curiosidad y por ende pregunté: “¿cómo se ve una finca bonita?”, a lo cual respondieron: “con su buena casa, su buen ganadito, limpiecita y con sus buenos potreros y aguas”.
Una finca limpiecita
Recuerdo cuando mis padres me decían que los domingos eran los días para limpiar la maleza del jardín. Y es que en la mente de la mayoría de las personas, no únicamente de los habitantes de Caquetá o de los ganaderos, una finca bonita es una finca libre de maleza.
Sobran las explicaciones: la palabra maleza denota que esa hierba es mala, estorba, afecta el suelo y sobre todo la estética del lugar, ya sea el jardín de la casa de mis papás o la finca del joven de San Vicente. Se ha institucionalizado tanto esa palabra que resulta ser una obligación aniquilar esas hierbas, esas malas hierbas.
Cambiar el imaginario de mis vecinos en la vereda La Sardina, zona rural de Florencia, y de otros habitantes del campo que conozco semana tras semana en Caquetá es el reto más grande al que me enfrento en mi tarea de restaurar ecosistemas. Decirles que necesitamos que su finca se afee para que se vuelva bonita es algo que no encaja en el concepto de tenencia de la tierra de muchas personas. Explicarles que el hecho de tener maleza en la finca no significa descuido, sino más bien cuidado, es una tarea titánica que debe reflejarse y aterrizarse en las políticas de restauración de ecosistemas en el país.
“Profe, deme el contrato para limpiarle la finca”, esto me dijo Moreno, mi vecino, hace 3 años. Cuando le conté que justamente necesitaba de la “buenaza” para cumplir mi propósito, él se sorprendió. “¿Cómo así Profe, si una finca enmontada es una finca descuidada?”, a lo cual le respondí coloquialmente lo que a continuación usted va a leer.
De maleza a buenaza
En Amazonía Emprende-Escuela Bosque le llamamos a los arbustos o pequeños matorrales, como el mortiño o el azulejo, buenaza. En vez de guadañar e impedir su crecimiento, los dejamos crecer. Cuando el potrero se deja descansar este tipo de hierbas son las primeras en aparecer y permanecen poco tiempo (de ahí que se les conoce como “pioneras efímeras” – su duración es cercana a los 2 años). Ellas cumplen dos de las funciones más importantes en el proceso de restauración de los ecosistemas: 1. atraen a la fauna, por ejemplo, aves y pequeños mamíferos como el armadillo, que cuando llegan a comer los frutos de estos arbustos dejan semillas de otras especies arbustivas o de mayor porte en el lugar (pioneras intermedias), y 2. sueltan hojas constantemente, lo cual permite que el suelo degradado gane materia orgánica y empiece a regenerarse.

Una pionera efímera frente a nuestra Escuela Bosque
Cuando llegan las pioneras intermedias el proceso de regeneración del suelo se aceleran y al alcanzar aproximadamente los 3 metros podemos hablar de un rastrojo. Seguramente todos ustedes reconocen por sus viajes las especies de “rastrojo”: yarumos, balsos, lacres o pomos. Muchas personas también las consideran maleza y por eso las eliminan de sus potreros… ¡craso error! Ellas permiten que las condiciones sean idóneas para que otras especies de mayor porte, o maderables, vuelvan a surgir, ya sea porque sus semillas han sido dispersadas por la fauna o por acción del viento, o porque son sembradas luego de haber sido germinadas en viveros.
De buenaza a captura de CO2
Hablo por el ecosistema y el paisaje que conozco: el Piedemonte de la Amazonía colombiana. Aquí, restaurar una zona enrastrojada presenta una oportunidad grande para los procesos de remoción o captura de carbono y también para recuperar biodiversidad. En estos últimos 3 años en Amazonía Emprende-Escuela Bosque hemos visto cómo ha retornado la fauna. Paola, mi colega de la Fundación Yurumí, nos regaló las fotos de las aves que fotografió en una tarde de estadía en nuestro predio.

Según el Instituto SINCHI y otras fuentes, un terreno en restauración que va evolucionando hacia un bosque secundario joven e intermedio puede remover entre 2.8 toneladas de CO2/hectárea/año y 15 toneladas de CO2/hectárea/año. Ahora, si el proceso se enriquece con especies de porte alto (maderables), la tasa de remoción y fijación puede aumentar a 19-20 toneladas de CO2/hectárea/año. Lo anterior es una oportunidad a la hora de diseñar proyectos de compensación de huella de carbono.
Muchos ganaderos tienen resistencia a las especies maderables porque, en sus palabras, se quedan enanos una vez sembrados. Los entiendo y sé la razón: los sembraron a plena luz del sol y en medio del potrero. Ellos se deben sembrar en las zonas enrastrojadas en donde la buenaza y las pioneras intermedias han creado las condiciones óptimas para su crecimiento.

Un par de conclusiones
Por una parte, es importante reconocer el poder que tienen los imaginarios sociales en el proceso de crear nuevos escenarios que nos conduzcan a luchar contra el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad. Aquí nombré uno: repensar la maleza y construir una narrativa en clave positiva. Lo mismo sucede con las chuchas o zarigüeyas a las cuales se les persigue, o con los insectos que se exterminan; y así podría compartirles al menos una docena de imaginarios y mitos comunes que acentúan hábitos antiregenerativos.
Por otra parte, la pedagogía de la restauración de los ecosistemas debe evolucionar de una política pública (que aún no existe), a instrumentos de comunicación y educación que permitan llegar a la familia dueña de la finca de una manera emotiva y con enfoque de oportunidad.
Espero que esta columna le haya gustado y le motive a involucrarse más en este espectacular mundo de la conservación y restauración de nuestra naturaleza.
¡Gracias por leerme y compartir este mensaje!
Por: Julio Andrés Rozo*
*El autor es director de Amazonía Emprende, ubicada en Florencia, Caquetá. Es una Escuela Bosque que se enfoca en fortalecer las capacidades de empresas y comunidades para lograr la restauración de ecosistemas y la recuperación de la biodiversidad, por medio de la compensación de huella de carbono.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.
Lea también: Los puntos de no retorno planetarios, ¿por qué los grandes capitales no están en esta batalla?
