Ya hay un plan concreto para llevar a cabo la implementación de las finanzas abiertas en Colombia y lograr avances significativos en los próximos dos años. Todo indica que hay consensos mayoritariamente positivos en el sector financiero, pero el éxito de este proceso está en los detalles.
A comienzos del mes pasado, el superintendente financiero, César Ferrari, presentó oficialmente la hoja de ruta para las finanzas abiertas en Colombia. El objetivo es crear un ecosistema que facilite la apropiación tecnológica para la inclusión financiera. La institución trazó un plan de dos años que abarca las instrucciones generales para terceros receptores de datos, autorización de consumidores y revelación de información, así como los estándares para iniciación de pagos y portabilidad financiera, tanto en instituciones bancarias como mercados de capitales.
Con esto en mente, los actores del sector han calificado este avance como una gran noticia para el país, y esto se debe a que el mismo superintendente es consciente de que el proceso de Open Finance debe ir más allá, enfocándose n los datos abiertos.
Para el presidente de BBVA Colombia y de la junta directiva de Asobancaria, Mario Pardo Bayona, esto se debe a dos motivos muy sencillos: en primer lugar, los datos que tienen las empresas no les pertenecen a ellas, sino a sus clientes, por lo que un proceso de open data facilitará que estos últimos puedan tener acceso a su información y la compartan con un tercero, aspecto que calificó como jurídicamente muy positivo. En segundo lugar, detalló que el objetivo de compartir esos datos es mejorar los servicios, que puede ser ofreciendo novedades o reduciendo costos.
Además, brinda la posibilidad de conectar diferentes sectores como telecomunicaciones o seguros, pero también toda la información existente en diferentes industrias. Bajo estas condiciones “puede hablarse realmente de inclusión y digitalización, así como la forma en que esto va a apoyar la información que tenemos en las entidades financieras para seguir desarrollando productos y servicios que le funcionen a la gente”, resaltó la directora de Asuntos Corporativos de Nequi, Juliana Navas.
Curiosamente, en otros países que han implementado este modelo regulatorio en América Latina (ver gráfico “Países con marco regulatorio”), hubo reticencia, y esa es la primera barrera que se debe superar, pues todo el proceso lleva a una pregunta clave entre todos los actores ¿Por qué debo darle la información de mis clientes a un competidor mío?
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“Siempre es un tema de cumplimiento regulatorio, y es algo que siempre está en todo lo que hace una institución financiera, así como los aspectos internos. Vemos que son requeridos nuevos conocimientos que se deben adaptar a la hora de trabajar de cara a nuevos proyectos e iniciativas. En varios planos distintos, tenemos un mayor espacio de oportunidad de mejora”, dijo el vicepresidente de Servicios Financieros de Oracle para Latinoamérica, Agustín Schachmann.
De ahí que todos los involucrados, tanto bancos como billeteras digitales, neobancos y fintech tengan una participación activa en la construcción de la regulación para que esto se haga en condiciones que otorguen tranquilidad a los clientes del sistema sobre el buen manejo de sus datos. Al ser herramientas diferentes que pueden aportar de manera diferente, los actores del ecosistema financiero ven en esa comunicación interna una gran oportunidad.
La directora de la práctica de Fintech en Cuatrecasas Colombia, Camila Orrego, detalló que la circular de Open Finance debe ser el primer paso para la entrada de las finanzas abiertas al país, pero dependerá de su regulación y gobernanza si tiene o no un impacto favorable para el ecosistema.
Todo lo anterior quedó esbozado en los artículos 71 y 75 del Plan Nacional de Desarrollo, pero también debe estar acompañado de un modelo de educación financiera, según explicó el CEO de Lulo Bank, Santiago Covelli. A juicio del ejecutivo, la apuesta de los bancos debe centrarse en “cómo educamos más a nuestros usuarios y cómo enseñamos más”. De ahí que se requiera un equilibrio entre la innovación que se quiere fomentar, tanto para los miembros del sistema financiero como otros actores, y la gestión de la seguridad de los clientes.
El presidente de Davivienda, Javier Suárez, recalcó que a ese equilibrio hay que agregarle un tercer elemento centrado en la oportunidad para innovar mediante la creación de nuevas herramientas que brinden soluciones tan ágiles y sencillas que, al final del día, sean los clientes los que terminen escogiendo.
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“Nosotros dejamos disponibles las diferentes plataformas para ciertos segmentos que tienen una banca fácil del día a día, pero más que definirlo nosotros, lo van a hacer nuestros clientes. A ellos les vamos a llegar con las ofertas y ellos nos irán mostrando el camino, y será el mercado el que nos dirá cuál es la más apropiada en cada caso”, agregó.
Ante este panorama, Schachmann manifestó que los bancos se van a tener que esforzar mucho más en diseñar servicios de valor agregado muy altos, porque ahí la clave no solo va a ser la información pública y el conocimiento abierto, sino la diferenciación, cosa que ya han entendido varios jugadores.
En el caso de Nequi, Navas destacó que uno de sus objetivos será otorgar mayores créditos con mejores condiciones al contar con una información que hoy en día no tienen, beneficiando principalmente los procesos de inclusión financiera.
Covelli destacó la utilidad de los pagos automáticos, pues a su juicio, brindar la posibilidad a los usuarios de mover recursos, independientemente de con quién están, ya sea banco u aplicación, generará mayor inclusión y capacidad de las personas para usar el sistema y su plata sin limitaciones.
No obstante, el presidente de Itaú Colombia, Baruc Sáez, subrayó que los actores del ecosistema deben pensar en los pasos iniciales y los parámetros del sistema antes de entrar en temas como el sistema de pagos inmediatos, y así lograr conocimiento y experiencia para avanzar.
Aporte tecnológico
Hay claridad en que la integración de todos los actores y el diálogo entre todos, así como la definición de la regulación, son los elementos que marcarán las reglas de juego y definirán los elementos necesarios para poder generar el marco de apertura. Sin embargo, a esa ecuación le falta un elemento vital para avanzar, al menos en términos técnicos. Ahí es donde entran las interfaces de programas de aplicación (API por sus siglas en inglés), claves para proteger al consumidor en materia de ciberseguridad.
“Lo que sucede en la práctica es que se exponen una serie de APIs con diferentes servicios y se consumen por parte de diferentes actores, entonces es un mecanismo que permite que sea seguro, que haya acceso y que se avance en unas finanzas abiertas o en unos datos abiertos de manera muy clara”, dijo el presidente de Bancolombia, Juan Carlos Mora.
Los bancos tienen que desarrollar la habilidad de crear sus propias APIs, pero también la de conectarse con las de terceros para armar un perfil más completo de los usuarios. En el caso de Bancolombia, Mora destacó que cuentan con un sitio donde esta herramienta ya está disponible tanto para sus desarrolladores y los de terceros.
Para el country manager de Sensedia para Colombia y Perú, José Gómez, ese es justo el valor que traen las Open Finance para el país. “La forma en la que este proceso logrará ser más escalable y dinámico está directamente relacionada con la definición de los estándares técnicos sobre los cuales este nuevo contexto estará regido”, comentó.
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Unido a ello, especificó que la participación de las entidades regulatorias en la fijación de estos detalles será clave, así como también la disposición de los distintos actores en modernizar su arquitectura con la mayor agilidad posible, buscando reaccionar de forma eficiente ante dichas definiciones.
Otro proceso involucrado en este esquema es de webscraping, que consiste en la extracción de contenidos y datos de sitios web mediante software. Si bien ya está disponible en Colombia y brinda la posibilidad de incorporar la información de otros bancos, Suárez aún tiene sus reservas, pues a su juicio puede tener efectos sobre la seguridad de los clientes.
“No queremos transar en la seguridad por algunas posibilidades de agilidad. Creemos que hay formas seguras de hacer open data y nuestro compromiso es total con ese camino. Es muy importante el diálogo en la construcción de la agenda regulatoria de todos los actores con el Gobierno para que la hoja de ruta que se plantee tenga ese equilibrio entre innovación y seguridad que creemos que existe en el mundo de las APIs”, resaltó.
Gómez sostuvo que las APIs se consideran la tecnología más segura para el desarrollo de las Open Finance por su capacidad de proporcionar mecanismos sólidos de autenticación y autorización, encriptación de datos, control de acceso y protección contra ataques, además de habilitar un acceso granular a la información.
Esto no solo se logra fomentando la innovación y promoviendo la estandarización, sino logrando una colaboración estable entre los sectores público y privado. Para el experto, construir un marco de Open Finance incluyente, eficiente y dinámico demanda no solo la definición de estándares y políticas, sino también la promoción y adopción de las APIs abiertas como elemento clave para el modelo, no solo en su fase de planeación y posterior implementación, sino en las fases siguientes relacionadas con la estabilización y desarrollo.
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Respecto a la evolución digital que se requiere para sacar el máximo provecho a este nuevo contexto, las entidades deben consolidar una arquitectura ágil y moderna con el fin de exponer y consumir los datos que sean necesarios. De esta forma podrán establecer integraciones sólidas con socios comerciales, desarrolladores y clientes, aportando en la consolidación de ecosistemas financieros mucho más amplios y dinámicos.
Colombia tiene todas las condiciones para que la industria permita casos de uso como los que están ocurriendo en naciones como Australia, Reino Unido, Unión Europea, India y Brasil, citadas por Ferrari como referentes globales en la materia ¿Qué es lo que nos falta? Que una regulación dé tranquilidad y ponga unas condiciones estandarizadas para ese acceso a los datos y ese manejo que empecemos de forma adecuada y segura.
Nos falta también que, como industria, no solo financiera sino todas las que forman parte del espectro económico nacional, empecemos a explorar como serían esos casos de uso. Si a eso le sumamos que el impacto económico del open finance para la próxima década será de 4% del PIB en países emergentes según estimaciones de McKinsey, la urgencia por configurar un esquema eficiente es aún mayor.
El objetivo final tiene que ver con otorgarle la propiedad de los datos a los clientes finales. Así se ha mantenido como estándar en las diferentes implementaciones. Esto plantea un mayor desafío, ya sea mejorando la experiencia, generando menos fricciones en el proceso y teniendo un contacto con la banca más interpersonal que dé un acceso en tiempo real.
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