La Amazonía es una marca que por fin está de moda a nivel global. Pero además de hablar del 'pulmón del mundo' también hay que hablar de sus suelos y de la oportunidad que pueden haber en su restauración.
Bien lo dice mi colega Julie Hernández: todo el mundo, así la persona esté en China o en la reconchinchina conoce o ha escuchado las siguientes palabras: ‘Coca-Cola’, ‘Mc-Donald’s’ y ‘Amazonía’. Pues sí, la Amazonía es una marca que hoy, por fin, está de moda.
Me alegra que el discurso empiece a trascender del trillado ‘el pulmón del mundo’ a otro nivel de conocimiento de una selva que la gran mayoría conoce únicamente gracias al documental llamado ‘Colombia magia salvaje’. Así pues, hoy compartiré un poco de conocimiento sobre la Amazonía para que además de pulmones hablemos sobre los suelos también, y evidenciaré la oportunidad de negocio que existe alrededor de la conservación y restauración del 6,4% del pedazo de bioma que compartimos con 8 países más.
Mucho árbol, poco suelo
Algo que he aprendido en estos cuatro años viviendo en Caquetá (uno de los seis departamentos amazónicos) es que el sector privado y el público, tienen una fijación sobre sembrar árboles, pero no se han cuestionado en qué condiciones están los suelos en los que ellos serán sembrados. Hace unos años se habló de 180 millones de árboles, y puedo apostar que una gran cantidad de ellos no han sobrevivido debido a la baja calidad de los suelos. Seguramente, esos árboles no eran los idóneos para ser sembrados en el estado en el el suelo receptor estaba.
Hoy que he aprendido un poco sobre las especies de árboles nativos, qué bien le haría a la recuperación de los suelos enfocarnos en los grandiosos guamos o en los balsos. No obstante, esto es algo que aún pocos saben. Entonces, ¿cómo más recuperar los suelos colombianos y en especial los amazónicos?
Suelos degradados
El 90% del suelo del mundo, ecosistema que alberga cerca de ¼ de la biodiversidad del planeta, podría estar degradado para el 2050, dice la FAO. Un gramo de suelo puede albergar alrededor del 1 billón de bacterias invisibles al ojo humano y que en su mayoría no son cultivables (Torsvik y Øvreås 2002).
En la Amazonía colombiana, debido a las condiciones naturales de los suelos, el 70% de entrada ya tiene baja fertilidad, según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi; si a ello se le adiciona que, por ejemplo, en Caquetá, cerca de 3,1 millones de hectáreas de suelo cambiaron su biodiversidad por cerca de 2,5 millones de vacas, podríamos intuir que el estado de los suelos es algo más que crítico.
En el año 2016, el gobierno colombiano a través del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible generó la Política para la Gestión Sostenible del Suelo (MinAmbiente 2016). ¿Qué ha pasado con ella? Esperamos que pronto, muy pronto sea un documento vivo, con un plan de acción serio y recursos financieros asegurados. La Amazonía lo necesita: sin suelos saludables, sencillamente no hay bosques existentes sanos, ni fundamentos para desarrollar proyectos de restauración de ecosistemas, así sean hechos con especies forestales nativas.
Más que árboles, la política pública y los actores privados que ven en la Amazonía una oportunidad de descarbonización en los mercados emergentes de carbono y biodiversidad, deberían empezar a ver en las generación de proyectos de emprendimiento que se dediquen a reproducir Micorrizas (asociación entre las raíces de las plantas y los hongos que permiten que los árboles y arbustos puedan crecer).
El Instituto SINCHI ha logrado determinar que en los suelos amazónicos se reportan 156 tipos de hongos formadores de micorrizas arbusculares, que corresponden al 49 % de la diversidad mundial y al 68 % de la diversidad reportada para los trópicos (año 2022). Estamos desconociendo una gran riqueza y oportunidad para generar valor. Producir micorrizas constituye una oportunidad de emprendimiento en la región, puede ser manejado como abono orgánico o natural y permitir una producción más sostenible para proyectos agrícolas o de restauración de ecosistemas.
Ecofrut ya vio la oportunidad
La zona veredal de Florencia-Caquetá tiene cerca de 30 mil hectáreas. En una de sus veredas está ubicada la planta de abonos de Ecofrut. Es liderada por Arvey Arias, campesino, experto en hacer de la gestión de los desechos orgánicos de plantas, excrementos y micorrizas un compilado de abonos orgánicos. Ecofrut es una de las pocas organizaciones que produce y ofrece abonos.
Bueno, de hecho hablo con conocimiento sobre él y su trabajo, pues ha sido el proveedor de abonos con el que hemos contado en los últimos dos años para enriquecer los más de 20 mil árboles nativos que hemos sembrado en Amazonía Emprende-Escuela Bosque.
Ecofrut tiene el propósito de contribuir a recuperar la fertilidad de los suelos de Florencia y de toda Caquetá (más de 700 mil hectáreas con potencial de restauración al estar en zonas de alta intensidad pecuaria). No obstante, si Ecofrut trabajara a tope hoy, tendría capacidad para proveer abonos para 800-1.000 hectáreas anualmente.
Es por eso que el Programa Amazonía Mía de USAID trabaja de la mano de Ecofrut con el objetivo de potenciar su modelo de negocio, pero también, ampliar el espectro de oportunidad que tienen los abonos orgánicos y las micorrizas en el territorio. Esta es una tarea ardua que demanda generar un cambio de mentalidad en tres frentes.
El primero, que el sector privado mire hacia la Amazonía y reconozca a su vez la oportunidad que tienen negocios como el de Ecofrut; segundo, profundizar las actividades de investigación y desarrollo para comprender mejor la biodiversidad de los suelos y el potencial de las micorrizas; tercero, seguir trabajando en estrategias de asociatividad y modelo de negocio para que las comunidades de emprendedores campesinos logren escalar sus intenciones y soluciones.
Por: Julio Andrés Rozo*
*El autor es director de Amazonía Emprende, ubicada en Florencia, Caquetá. Es una Escuela Bosque que se enfoca en fortalecer las capacidades de empresas y comunidades para lograr la restauración de ecosistemas y la recuperación de la biodiversidad, por medio de la compensación de huella de carbono.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.
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