Los analistas tienen preocupaciones sobre la dinámica de inversión este 2024, pues se ha contraído en rubros clave. ¿Qué se puede esperar en lo que queda del año?

Con la caída del PIB del año pasado y las primeras señales que no pintan muy bien de este año, ha salido a flote en últimas semanas la preocupación por parte de los analistas sobre la dinámica del componente de la inversión. Este rubro, que pesa cerca del 18% del producto, el año pasado se contrajo casi 9%, una cifra que solo se vio en la pandemia, y no tiene precedente al menos en este siglo. Pero ¿qué hay detrás de este comportamiento?, en Alianza descompusimos este componente para encontrar al culpable.

Primero, ¿de dónde venimos? La inversión total en Colombia creció 17% en 2021 y más de 11% en 2022, un avance robusto que estuvo ligado a un boom en la inversión de maquinaria (que pesa casi la mitad de toda la inversión).  Dicho dinamismo de la mano de un repunte del consumo y un entorno de bajas tasas de interés nos permitió como país diferenciarnos de la región y tener crecimientos económicos muy atípicos en aquel momento. Afrontábamos una situación en la que el consumo crecía a pasos agigantados y ante esto las empresas ampliaron su capacidad instalada con más maquinaria y equipo. La música sonaba muy duro y estábamos en lo mejor de la fiesta.

Sin embargo, después de haber alcanzado niveles pre-pandemia al cierre de 2022, la inversión total empezó a retroceder y hoy comparada con el nivel que se tenía al cierre de 2018, vemos una caída del 14%. Aquí nos encontramos que aquel impulsor para el crecimiento en el pasado, se dio la vuelta completamente. Notamos un desplome en la inversión de maquinaria (en 2023 cayó 16%) que podría estar ligada a aquella capacidad instalada que ante la desaceleración se dejó de utilizar, retornando en 2023 a niveles mucho más normales para el promedio de los últimos 5 años. Aun así, hoy dicha inversión en maquinaria se encuentra 12% por encima de los niveles pre-pandemia. Esto es, la música empezó a sonar más bajito y la fiesta se empezó a apagar.

Por otro lado, la inversión en infraestructura (que representa el 27% de la inversión total), no levanta cabeza. Desde finales de 2020 este rubro se ha mantenido estancado, lo cual nos lleva a pensar que más allá del ciclo político, la infraestructura lleva un periodo largo sin crecer sostenidamente. A la administración actual no podría señalarse por la caída de la inversión en infraestructura pues esta lleva quieta hace más de dos años, pero si pudiese tener responsabilidad en no reactivarla. Este rubro, fue un invitado que nuca llegó a la fiesta, y ante esto no podríamos culparlo de que se esté bajando el ánimo entre los asistentes.

Finalmente, la inversión en vivienda (el 21% de la inversión total), si viene moderándose en el margen. Aunque no se han alcanzado niveles pre-pandemia en este rubro, a inicios de 2023 estuvo muy cerca de tocarlos y a partir de allí, se ha venido observando una moderación. Esto puede estar ligado a ajustes que sufre el sector vivienda por cuenta de costos al productor, tasas de interés y cambios en los programas gubernamentales. Este invitado al igual que el de infraestructura si han venido aguando la fiesta, y pueden ser los culpables de que se esté bajando el ánimo inversionista.

Hacia adelante es probable que la inversión como un todo muestre un crecimiento tenue este año, dado el efecto base de comparación y el recorte de tasas de interés. Sin embargo, programas estratégicos de vivienda e infraestructura sean claves si queremos que la música deje de sonar en la fiesta y los invitados terminen por irse a sus casas a dormir.

Por: David Cubides*
*El autor es economista de la Universidad de los Andes, con formación en el ITAM de México, Maestría de la Sorbona de París y estudios de Doctorado en Economía en la Universidad de Barcelona. Ha trabajado en el equipo de análisis económico de Citibank, como economista senior del Banco Popular, consultor del Banco Interamericano de Desarrollo y como subgerente de estudios económicos de Itaú Colombia. Es profesor de cátedra de la Universidad de los Andes y actualmente se desempeña como el Director de Investigaciones Económicas de Alianza.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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