Buencafé, la productora y comercializadora de Fedecafé que ya exporta más de US$170 millones al año y produce 24 millones de tazas diarias de café premium, tiene la mirada puesta en una región donde el consumo está despegando.
Mauricio Trujillo Díaz, gerente de Buencafé, acaba de regresar de un viaje de dos semanas a China y lo que vio le gustó. Aunque el té sigue siendo la bebida por excelencia en el gigante asiático, los jóvenes cada vez toman más café, lo que se evidencia en la creciente presencia de marcas globales como Starbucks y Tim Hortons y de tiendas locales.
“Cerramos dos negocios y ya empezamos a despachar los contenedores”, dice este ingeniero de alimentos con 25 años de experiencia en multinacionales como Parmalat, Lactalis y Nestlé, que desde hace seis meses gerencia la filial de la Federación de Cafeteros que, el año pasado, registró ingresos por US$203 millones y una utilidad de US$42 millones.
Ubicado en Chinchiná, Caldas, Buencafé exporta a 60 países el 85% de las 11.500 toneladas de café liofilizado que produce: 50% a Norteamérica (EE.UU. Canadá y México), 20% a Latinoamérica (Chile, Perúm Ecuador, Perú) y el resto Europa (Alemania, Italia, Escandinavos, etc).
A pesar de su alto grado de internacionalización, Café Buendía, su marca insignia, solo se comercializa en Ecuador (donde es la marca dominante) y en Colombia. Pero el plan estratégico busca llevarla y consolidarla en Asia-Pacífico, donde el consumo está despegando y cada vez es mayor. Allí Buencafé ya genera el 10% de sus ingresos en Emiratos Árabes Unidos, Jordania, China, Japón y Corea.
“Lo que producimos equivale a 24 millones de tazas diarias de café, que son consumidas por clientes de todo el mundo”, explica Trujillo.
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La fábrica de Chinchiná, construida hace 51 años con la idea de agregarle valor al grano, tiene unos 1.000 empleados, produce 7 x 24 y nunca se detiene, ya que dada la alta complejidad de producir el café liofilizado hacerlo tomaría unos tres meses, lo mismo que reactivarla.

El primero de tres productos en los que se ha enfocado la fábrica es un café liofilizado soluble premium, que se obtiene evaporando el agua con frío en vez de calor, que equivale al 90% del total de su producción; el segundo, un extracto de café líquido y concentrado que se exporta congelado a Japón y Corea y se destina a la producción de bebidas; y el 5% restante es café tostado y molido para cafeteras bajo la marca Buendía.
Como parte del proceso, Buencafé adquiere cada año unos 600.000 sacos de café verde a las cooperativas de los 23 departamentos productores al precio del mercado a través de Almacafé, otra empresa de la Federación, que clasifica el grano y lo procesa en sus trilladoras.
“La calidad viene dada por tamaño. Almacafé hace todo el trabajo y nosotros, según las recetas definidas, usamos diferentes mezclas de café, cuyo mundo es como el del vino o el whisky. Cada consumidor tiene un perfil sensorial diferente, a los europeos les gusta el café altamente tostado, al colombiano una tostación media”, explica Trujillo.
Con un crecimiento de doble dígito en 2024, a pesar de la revaluación reciente del peso colombiano que afecta su P&G, la operación de Buencafé en Chinchiná es integrada, es decir, que desde allí salen los contenedores sellados a los puertos de destino del mundo con el logo de la Federación.
“A la fecha, también hemos cerrados negocios con EE. UU, donde la inmigración latina es fuerte y vamos a vender Café Buendía desde agosto, al igual que en España donde la colonia más grande es la ecuatoriana”, explica Trujillo, que hasta su llegada al cargo -tras un proceso de selección por una firma cazatalentos- había desarrollado su carrera en el exterior.
“Por razones personales y familiares quería regresar al país”, explica el directivo, cuyo norte estratégico es claro.
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“En China, con 1.500 millones de habitantes, el consumo es poco pero el potencial es altísimo. Ya hay dos cadenas locales tipo Juan Valdez. Una ya tiene 20.000 puntos de venta; la otra se llama Cotti y ha abierto 15.000 tiendas en apenas dos años”.
A pesar del elevado potencial del mercado, Trujillo es claro en que el proceso va a tomar tiempo y educación porque el café que más se consume sigue siendo la robusta de Vietnam, aunque -remata- “cuando descubren el colombiano -especialmente los jóvenes, que lo consumen frío- ven que hay mejores calidades”.
