OpenAI restringe al acceso a su plataforma en ciertos países, incluyendo muchos países emergentes para los que esta tecnología sería clave a la hora de pensar en desarrollo. ¿Es esta una nueva brecha?

Durante un viaje reciente a un país emergente, me encontré con que no podía acceder a ChatGPT—una herramienta de inteligencia artificial que uso a diario para investigar, idear y trabajar. Al principio pensé que se trataba de un problema de conectividad local. Pero pronto quedó claro: OpenAI restringe el acceso en ciertos países, y este país emergente es uno de ellos. La única forma de acceder era a través de una VPN.

Este episodio—aparentemente menor—fue profundamente inquietante. Me recordó que mientras la IA avanza a pasos agigantados en muchas partes del mundo, enteras poblaciones están quedando atrás. Y esa brecha no es solo tecnológica. Es económica. Es social. Es geopolítica.

El acceso a la IA multiplica el crecimiento económico

La inteligencia artificial no es un lujo reservado a las élites tecnológicas. Está convirtiéndose en una capa fundamental de la productividad económica. Los países que integren la IA en sus sistemas educativos, en sus servicios gubernamentales y en sus industrias, verán beneficios exponenciales en su crecimiento del PIB:

  • Productividad mejorada en sectores como logística, salud, agricultura y servicios financieros.
  • Mejores resultados educativos a través de modelos de aprendizaje personalizados.
  • Administraciones públicas más eficientes, gracias a la automatización y el análisis de datos.
  • Ecosistemas emprendedores más dinámicos, capaces de atraer capital y talento.

Ya hemos visto esta historia antes. Los países nórdicos—como Suecia, Finlandia y Dinamarca—se convirtieron en algunas de las sociedades más avanzadas del mundo no por dominar la manufactura ni por tener vastos recursos naturales, sino por apostar temprano por la educación, la tecnología y la innovación en servicios. Invirtieron en infraestructura digital y en capital humano, sentando las bases para economías resilientes y de alto nivel de vida.

Hoy, la IA representa la siguiente gran ola de innovación. Los países que adopten y distribuyan su acceso desde ahora no solo aumentarán su eficiencia: crearán valor exponencial en todos los sectores. Los que no lo hagan, corren el riesgo de quedar irremediablemente rezagados.

El Foro Económico Mundial estima que la IA podría aportar más de 15 billones de dólares a la economía global para 2030. Pero ese potencial se materializa de forma desigual si no se garantiza el acceso.

Está emergiendo una brecha global en el acceso a la IA

Lo que viví durante este viaje no es un caso aislado. Muchos países enfrentan uno o más de los siguientes obstáculos:

  • Falta de talento en IA, debido a sistemas educativos sin fondos suficientes.
  • Infraestructura tecnológica limitada, como baja cobertura en la nube, poca capacidad de cómputo y conectividad deficiente.
  • Ausencia de hubs tecnológicos locales, que fomenten la innovación o atraigan inversión de riesgo.
  • Restricciones geopolíticas y regulatorias que limitan el acceso a modelos globales de IA.

En la práctica, el mundo se está dividiendo entre economías ricas en IA y economías pobres en IA. Los primeros se desarrollarán más rápido, exportarán más y administrarán mejor. Los segundos verán caer su productividad, perderán talento joven y se quedarán con sistemas públicos desfasados.

No se trata solo de equidad. Se trata de prosperidad futura.

Los gobiernos deben actuar — un llamado a Colombia

Latinoamérica tiene una oportunidad histórica para dar un salto cualitativo. Y en particular, Colombia tiene el potencial de convertirse en líder regional en IA, siempre y cuando su gobierno actúe con visión estratégica.

El país ha dado pasos importantes en transformación digital: innovación en fintech, cobertura móvil ampliada y un ecosistema emprendedor creciente en Bogotá y Medellín. Pero la próxima ola requiere una política pública enfocada específicamente en IA.

Para no quedarse atrás, Colombia debe:

  1. Invertir en infraestructura digital, expandiendo el acceso a la nube y la capacidad de cómputo más allá de las grandes ciudades.
  2. Reformar la educación, incorporando la alfabetización en IA y ciencia de datos desde etapas tempranas.
  3. Apoyar al emprendimiento en IA, mediante subvenciones, aceleradoras y acceso simplificado al capital.
  4. Diseñar una regulación ética y abierta, que atraiga socios internacionales pero resguarde los intereses nacionales.
  5. Forjar alianzas público-privadas, especialmente con universidades locales y actores globales del sector, en áreas como agroindustria, salud y logística.

Esto no es solo una estrategia tecnológica. Es una estrategia económica. La IA puede aumentar la competitividad del país, modernizar el Estado y generar empleos de alto valor.

La decisión es clara: Colombia puede liderar el futuro o resignarse a que otros lo definan.

La IA es la nueva electricidad

Negar el acceso a la inteligencia artificial es limitar el potencial de una nación. Los países que lideren en IA no solo alcanzarán superioridad económica: moldearán el futuro de la medicina, la educación, el transporte y la diplomacia.

Si la IA es la nueva electricidad, entonces Colombia—y todas las naciones—deben garantizar que su gente esté conectada a la red.

Por: Daniel Lloreda*
Twitter: @DanielLloreda3
*El autor es director y cofundador de HTwenty 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia

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