¿Colombia tiene como prioridad atraer inversión extranjera directa? En materia de política pública parece que no, porque no existe una política de Estado para atraerla de manera ambiciosa, sistemática y a gran escala. ¿Qué hacer?

La Inversión Extranjera Directa (IED) siempre será importante, pues genera empleo formal, transfiere tecnología, conecta al país con cadenas globales y mejora la competitividad. No obstante, parece que para Colombia esto no es una prioridad, dado que carece de una política de Estado para atraer IED de forma ambiciosa, sistemática y a gran escala.

Y aunque el país cuenta con acuerdos internacionales, normas e instituciones que conforman un ecosistema básico para la IED, ese entorno luce disperso, sin articulación ni un enfoque estratégico. Por eso los resultados se debilitan, justo cuando atraer capital se ha vuelto más difícil porque los inversionistas afinan cada vez más sus criterios de destino.

Esa deficiencia estructural ya se refleja en las cifras, con una inversión extranjera que ha venido cayendo en los últimos años y, más grave aún, con una menor llegada de capital fresco para nuevos proyectos productivos.

Según el Banco de la República (Informe de Balanza de Pagos, de 2024), la Inversión Extranjera Directa (IED) que ingresó a Colombia en 2024 alcanzó US$14.234 millones, por debajo de los US $17.446 millones de 2023 y los US$17.048 millones de 2022. El mismo informe muestra, que el 62.5% de estos flujos correspondió a utilidades reinvertidas por empresas ya establecidas, el 8,4% a préstamos entre casas matrices y filiales, y solo el 29,1% a aportes de capital fresco, donde se incluyen los nuevos proyectos productivos. Esto significa que la mayor parte de la IED proviene de compañías que ya operan en el país y no de nuevas inversiones que amplíen la base empresarial y productiva.

Para entender las causas profundas de esta alarmante decadencia de la IED, es necesario situarla en el nuevo contexto global donde se  compite por los capitales, dado que en los últimos años el mapa internacional de la Inversión Extranjera Directa (IED) ha cambiado de manera significativa, ya que  el capital global ya no se dirige preferencialmente hacia países con bajos costos o abundancia de recursos naturales, sino que tiende a concentrarse cada vez más en destinos que ofrecen condiciones atractivas para sectores estratégicos del futuro como energías limpias, manufactura avanzada, tecnologías digitales e infraestructura sostenible, así como para procesos de relocalización industrial que fortalecen las cadenas globales de suministro y reducen riesgos geopolíticos.

Este cambio ha llevado a muchos países a adoptar políticas activas que no solo buscan capital, sino inversiones capaces de transformar sus estructuras productivas y elevar su competitividad. Colombia, sin embargo, continúa en la inercia de un receptor pasivo, con flujos dispersos y concentrados en sectores tradicionales, sin una estrategia articulada que capitalice las oportunidades del nuevo orden económico, sin una orientación sectorial clara ni una coordinación institucional efectiva, lo que lo está relegando en la competencia global por atraer inversión.

Para evaluar el rezago del país frente a la tendencia internacional basta con contrastar la composición de las inversiones globales con la del país al cierre de 2024, en las cuales salta a la vista que la inversión extranjera directa en Colombia sigue concentrada en sectores primarios y de bajo valor agregado.

De acuerdo con la UNCTAD (World Investment Report 2025), los proyectos greenfield —inversiones nuevas— anunciados globalmente ese año se distribuyeron en 3,1% para el sector primario, 44,1% para manufactura y 53,0% para servicios, y cerca del 60% del valor total correspondió a esos sectores de alto potencial transformador.

En contraste, de acuerdo con el Banco de la República, de los US$14.234 millones la IED que llegaron a Colombia en 2024, el 31% se concentró en servicios financieros y empresariales, 25% minería y petróleo, 14% manufactura, 13% comercio y hoteles, 6% electricidad, gas, vapor y aire acondicionado, y 11% en otros sectores como agricultura, construcción, transporte, comunicaciones y servicios comunales

Es preciso resaltar que el Banco de la República no desagrega ese 6% de la categoría energética por tipo de actividad ni por fuente, de modo que no se sabe qué parte corresponde a renovables no convencionales. Aun así, en una hipótesis extrema, que todo fuera renovable, ese porcentaje seguiría muy por debajo del peso que estos sectores tienen a escala global, donde seis de cada diez dólares anunciados en nuevos proyectos se destinan a actividades modernas de alta capacidad transformadora.

Ante este nuevo mercado de capitales productivos, los países que aspiren a ser competitivos deben organizarse en torno a metas claras, identificar sectores estratégicos donde tengan ventajas y convertir esa visión en una verdadera política de Estado, traducida en un programa nacional estructurado y funcional. A partir de allí, deben afinar todas las variables que determinan su atractivo, entendiendo que los capitales internacionales buscan entornos con estabilidad económica y política, reglas claras y predecibles, cadenas de suministro eficientes, infraestructura digital avanzada, una transición energética creíble y marcos regulatorios confiables, pero ante todo andan tras países que tengan ventajas comparativas para recibir inversiones modernas.

Brasil, México, Chile, Costa Rica y Marruecos prueban que la inversión transformadora no llega sola, sino con políticas de Estado claras y coherentes. Costa Rica ha consolidado un modelo liderado por CINDE y PROCOMER, enfocado en impacto, tecnología y empleo. Marruecos reformó su marco legal con incentivos condicionados y formación técnica. Chile aplica desde 2021 una estrategia nacional con metas claras y liderazgo institucional a través de InvestChile. México convirtió el nearshoring en apuesta de pais, y Brasil articuló su agenda industrial y ambiental con apoyo de ApexBrasil y el BNDES. En 2024 captaron IED significativa, destacando Brasil (US$66.295 millones), México (US$36.168 millones) y Chile (US$21.307 millones), según la UNCTAD.

Colombia no parte de cero, pero lo que tiene es insuficiente para competir en el nuevo mapa global del capital. Ha firmado más de 30 tratados bilaterales de inversión y acuerdos comerciales con protección al capital extranjero, pero carece de una diplomacia económica activa y de una política institucional que vincule esos tratados con sectores prioritarios, metas o regiones estratégicas. No hay un CONPES vigente ni un programa nacional que articule instrumentos con liderazgo y evaluación.

ProColombia tiene mandato para atraer inversión, pero sin un marco estratégico claro, metas sectoriales ni prioridades territoriales. Actúa de forma más genérica y reactiva que estructural y las agencias regionales como Invest in Bogotá,  ACI Medellín o Invest Pacific no están coordinadas ni con el nivel nacional ni entre ellas, y operan con capacidades y recursos desiguales.

El país ofrece incentivos fiscales, zonas francas y exenciones, pero sin lógica de costo-beneficio ni condiciones de empleo, tecnología o encadenamientos. Los trámites siguen hiper fragmentados, no hay ventanilla única funcional, y la infraestructura energética, logística y digital sigue rezagada.

El Plan Nacional de Desarrollo menciona la IED, pero sin convertirla en prioridad ni proponer una política para canalizar capital hacia sectores transformadores. Hoy, la inversión llega más por inercia que por estrategia, lo que limita el potencial del país en la nueva economía global.

Lo urgente no es crear más instancias institucionales, sino alinear las existentes bajo una política de Estado con visión clara y ejecución decidida. El país tiene piezas sueltas que, bien acopladas, podrían conformar una estrategia eficaz de atracción de inversión. Pero mientras no haya una política coherente con liderazgo, foco y continuidad, el país seguirá quedando al margen de las oportunidades que hoy transforman las economías del mundo.

Por: Iván Darío Arroyave*
*El autor es consultor empresarial. Se ha desempeñado como presidente de la Bolsa Mercantil de Colombia, decano de postgrados de la Universidad EIA, director de posgrados en finanzas de la Universidad de la Sabana y consultor del Banco mundial. 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia

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