Se dice que hay que celebrarlo, que es parte del viaje de los emprendedores. Me pregunto: ¿cómo deberíamos mirar el fracaso? y ¿cómo deberíamos atravesarlo hoy día? 

¿Estamos romantizando el fracaso en el ecosistema startup? Se dice que hay que celebrarlo, que es parte del viaje de los emprendedores. Me pregunto: ¿cómo deberíamos mirar el fracaso? y ¿cómo deberíamos atravesarlo hoy día? 

Pienso en generaciones anteriores, donde una quiebra era sinónimo de vergüenza y silencio. Todos cargamos con el trauma de ver a alguien cercano perderlo todo, sin que nadie celebrara su resiliencia. No me imagino a mi papá anunciando: “me quebré, pero aprendí”. 

En Silicon Valley, el fracaso se trata como una etiqueta de honor: eventos como “Fail Fast, Fail Often” o museos como el de los errores empresariales lo celebran como una incursión audaz hacia el éxito. En un estudio reciente de Kellogg Insight la psicóloga Lauren Eskreis-Winkler advierte que esa perspectiva recibe una sobredosis de romanticismo y termina siendo desmotivante. Creemos que el fracaso siempre lleva al aprendizaje, pero en muchos casos, subestimamos la magnitud del golpe emocional y económico que implica fallar sin una red de apoyo real. 

Muchos conferencistas y oradores motivacionales utilizan el fracaso como herramienta de inspiración pero la invitación es que al hablar del fracaso hay que ser más precisos, hay que abordar estas experiencias guardando las justas proporciones, no hay que exagerar en sus beneficios. 

El fracaso es desagradable, no hay duda. Según estudios, el fracaso no garantiza éxito posterior; muchos emprendedores que quiebran una vez vuelven a fallar. La razón de este fenómeno es en parte que como seres humanos nos cuesta atender nuestros propios errores, después de todo revisar lo que debemos mejorar no es un camino sencillo. 

Hay también un efecto en la comunidad, se tiende a asumir que las personas que fracasaron ya aprendieron y se les ofrece menos ayuda, pues se cree que ya tienen cierta experiencia, esto puede hacer sentir más solas a las personas que han enfrentado esta situación. 

Por supuesto, el fracaso realmente puede ser un paso hacia el éxito, yo misma lo he experimentado en Symplifica, el equipo ha sido más creativo y efectivo en situaciones de escasez y momentos de mayor incertidumbre, lo clave acá es entender que “puede” ser y no sesgarnos a los absolutos. Fracasar si puede convertirnos en una mejor versión pero no debemos sobreestimar los resultados positivos y subestimar los negativos de la experiencia. 

Aceptar que el fracaso existe no significa exaltarlo. La cultura “Fail Fast” tiene un germen útil: experimentar rápido y contener riesgos. El verdadero crecimiento viene de aprender meticulosamente, iterar desde datos reales y tener humildad para corregir. 

Existen ejemplos concretos de éxito tras el fracaso auténtico: Slack nació tras fallar con un videojuego, Twitter surgió de una plataforma de podcasts mal concebida. El éxito vino tras pivotar con conciencia y creatividad. En Colombia tenemos un caso emblemático: Simetrik. Sus fundadores empezaron con una plataforma de moda llamada Ropeo y hasta llegaron a

participar en Y Combinator, estaban cerca de quebrar cuando decidieron pivotar por completo. Reconocieron que su modelo no funcionaba y reinventaron su empresa como una plataforma de conciliación financiera B2B impulsada por inteligencia artificial. En lugar de romantizar el fracaso, Simetrik lo tomó como el punto de partida para construir algo sólido y global. 

Entonces ¿cómo deberíamos atravesar el fracaso? propongo atravesar el fracaso con la mente y el corazón bien abiertos. No hay que creer demasiado en sus beneficios pero tampoco se puede vivir temiéndole, hay que conectarse con la experiencia de manera auténtica y esto implica revisar a profundidad las razones de los fracasos y recorrer un camino de autoconocimiento, que por lo menos, es incómodo pero, que sin transitarlo es insuficiente.

Por: Salua García Fakih*
Twitter: @Saluagf
*La autora es Cofundadora de la plataforma Symplifica, que trabaja por lograr la formalización de los empleados del hogar en Latam. En su instagram @saluagarciafakih promueve el emprendimiento y comparte sobre su experiencia como emprendedora. Cuenta con un Máster en Emprendimiento e Innovación de la Universidad del Rosario, Máster en Liderazgo de EADA Barcelona y es Especialista en Marketing de EAFIT.

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