Más allá de las corrientes ideológicas o las teorías de cambio con las que nos sintamos más alineados, hay una realidad científica ineludible: vivimos en tiempos de la sexta extinción masiva de la vida. ¿Por qué?

Recientemente se publicó el Doughnut 3.0, un informe que detalla cómo se han desenvuelto las sociedades humanas en las últimas décadas, a partir de los principales indicadores sociales y ecológicos. Los datos son contundentes: ha habido mejoras significativas en la mayoría de las dimensiones sociales, como la educación, la reducción de la pobreza, la salud y la salubridad. Sin embargo, también se observa un estrepitoso declive en las condiciones ecológicas del mundo que sustentan los sistemas que mantienen la vida.

Más allá de las corrientes ideológicas o las teorías de cambio con las que nos sintamos más alineados, hay una realidad científica ineludible: vivimos en tiempos de la sexta extinción masiva de la vida, y hemos sobrepasado siete de los límites planetarios. Estos límites determinan los sistemas terrestres que deben mantenerse estables para garantizar los servicios que la humanidad necesita para mantener sus estilos de vida.

Confrontar de frente la cruda realidad de pertenecer a una especie, a una cultura y a una economía que ha generado tanta destrucción en el mundo puede llevarnos a lugares insospechados. Hace dos meses, participé en una inmersión profunda con la metodología El Trabajo que Reconecta (TQR), formulada por Joanna Macy hace varias décadas. El objetivo de esta metodología es crear espacios para reconectar con la vida y sanar el trauma colectivo de pertenecer a la sociedad del crecimiento industrial.

El TQR nos invita a ver nuestras propias sombras y a entenderlas como fractales dentro del inmenso dolor que esconde el haber nacido y crecido en una humanidad que ha construido un sistema basado en la destrucción de la vida de otras especies y la perpetuación de una cultura de jerarquía, colonialismo y agresión entre los seres humanos. Esta metodología sugiere que el gigantesco entumecimiento de la humanidad industrializada es, en realidad, un mecanismo de defensa para evitar afrontar el dolor abrumador que surge al reconocer la magnitud de nuestra destructiva huella en el planeta.

Lo que experimenté al mirar de frente ese dolor, sabiéndome parte tanto del problema como de la solución, fue una vivencia de enorme profundidad espiritual. Fue como si se abriera un canal que me llevó a un viaje donde trascendí la tristeza para alcanzar un nivel de intimidad y sensibilidad con la Tierra, y con nuestra experiencia como seres sintientes. Parte esencial del TQR es el uso del ritual, del mito y de la narrativa como herramientas para ver con nuevos ojos. La historia central de este proceso es “El Gran Giro”, una narrativa que nos invita a imaginar un futuro en el que la humanidad logre virar hacia la creación de sociedades que cultiven la vida.

Lo que hizo de esta experiencia algo transformador fue la realización de que El Gran Giro no es una narrativa basada en una positividad ingenua, que crea la ilusión de que todo se resolverá mágicamente. Al contrario, nos enfrenta directamente con la posibilidad del desmoronamiento de la sociedad del crecimiento industrial. Este giro es una metamorfosis que conlleva el dolor inherente a toda gran transformación.

El proceso de “muerte” de los patrones sociales actuales para dar paso a estados más profundos de conciencia, que necesariamente conllevan la liberación de energías reprimidas y profundos dolores, genera en mí un gran interés. Desde el primer día de la inmersión, una pregunta resonó profundamente en mi interior: “¿Qué tiene que morir en mí para permitir que la vida fluya sin bloqueos?” Todos tenemos condicionamientos que nos trauman y nos impiden fluir con el presente. Pero, ¿qué tiene que morir en la sociedad del crecimiento industrial para permitir que la vida fluya sin obstáculos? Es tiempo de que los seres conscientes de la realidad apremiante del mundo confrontemos nuestros demonios personales, sociales y planetarios para cultivar sociedades de cuidado.

La raíz etimológica de la palabra demonio proviene del griego daímōn, que en muchos contextos podría entenderse como “enviado de Dios”. Tal vez esta aventura cósmica en la que estamos inmersos, de destrucción contra la vida, sea la oportunidad perfecta para trascender la cosmovisión industrial y dar paso a expresiones del ser más elevadas. Quizás esta es la prueba máxima que la Tierra nos ha dejado para que volvamos a sabernos parte de ella.

Mi experiencia con el TQR también me conectó profundamente con la naturaleza fractal, paradójica, misteriosa y sagrada de la vida. A través de experiencias de tiempo profundo, fui invitado a reconocerme como una extensión de la vida de nuestros ancestros, y como una partícula infinita e interdependiente de todo el resto de la vida. Esta vivencia me convenció aún más de que El Gran Giro ya está sucediendo en miles de lugares en el mundo, donde la transición hacia paradigmas más regenerativos está en marcha. Este giro se da también en cada uno de nosotros, mientras embarcamos en el viaje cósmico de ser los antagonistas en la sexta extinción masiva de la vida. Comprendí que El Gran Giro también es una historia que articula mis propias luchas psicológicas y ontológicas. Al profundizar en la espiral de mis miedos e inseguridades, he encontrado un corazón lleno de sensibilidad, ternura y compasión.

El Gran Giro propone tres actividades clave para confrontar la sociedad del crecimiento industrial: a) acciones de contención, b) apoyo a las actividades regenerativas y c) contribución al cambio de paradigma. Todos tenemos un rol y un don distinto en esta gran aventura. Yo me veo como un puente entre los lenguajes y las expresiones del mundo industrial y el mundo regenerativo que nos espera. En las noches más calladas, puedo escuchar esta transformación susurrándome.

De igual manera, esta gran épica ya está sucediendo. Esta es una máxima que espero llevar conmigo toda la vida, especialmente cuando los días parezcan grises. Espero que, al leer estas palabras, te hayas sentido invitado a reflexionar sobre ¿Qué tiene que morir en tí para permitir que la vida fluya sin bloqueos?

Por: Daniel Gutiérrez Patino*
*El autor es fundador de Saving The Amazon.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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