El país vive una revolución demográfica: la natalidad cae a mínimos históricos y la población mayor crece. Este cambio redefine el mercado laboral, el sistema pensional y abre oportunidades para la llamada economía plateada.
Las cifras son elocuentes. En 2024, Colombia registró 453.901 nacimientos, el número más bajo de la última década. La cifra representa una caída del 12 % frente a 2023 y un desplome del 31,3 % comparado con 2015, según el Dane. La tasa de fecundidad general —nacidos vivos por cada 1.000 mujeres entre 15 y 49 años— se ubicó en 28,1, casi 5 puntos menos que un año atrás y 14,2 menos que en 2008.
El cambio es sostenido: las familias son más pequeñas y el control de la reproducción es la norma, según el más reciente informe de Estadísticas Vitales del Dane.
El descenso es visible en todos los grupos etarios. Entre las mujeres de 20 a 24 años la fecundidad cayó 41,9 % desde 2015. En las adolescentes de 15 a 19 años la baja anual fue de 17,2 %. Factores como mayor acceso a educación, planificación familiar, costos de vida elevados y una economía incierta explican esta tendencia.

Las consecuencias son profundas. Para 2036, la población mayor de 60 años superará a la de menores de 15, y para 2050 uno de cada cinco colombianos tendrá más de 65. Departamentos como Quindío, Caldas y Risaralda ya superan el 19 % de adultos mayores. América Latina comparte la tendencia: el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) calcula que para 2050 más de 208 millones de personas de la región tendrán más de 60 años, el 27,5 % de la población.

César Pabón, Director de Investigaciones Económicas de Corfi, explica que la caída de la tasa de natalidad refleja una tendencia estructural influenciada por factores como la incertidumbre económica y el alto costo de vida.
La reducción de la fuerza laboral podría restar hasta 1,5 puntos al crecimiento económico, advierte y estima además que el consumo no cubierto por ingresos laborales pasará del 23,8 % al 31,6 % del PIB y que el gasto en salud podría llegar al 7,4 %.
“Ante este panorama, el envejecimiento debe entenderse no solo como un desafío, sino también como una oportunidad para transformar sectores como la salud, la vivienda y el turismo, así como para fortalecer pilares clave como la productividad, el financiamiento privado y la participación laboral”, agrega.
Para Piedad Urdinola, directora del Dane, el envejecimiento “no es un problema, sino un premio que se han ganado las sociedades modernas tras grandes inversiones en educación, salud e infraestructura”.
Pero admite que la transición no es uniforme: Vaupés, Sucre, Magdalena y Vichada encabezan las caídas de natalidad, y el 9,1 % de los bebés de 2024 fueron reconocidos como parte de un grupo étnico, con el 5,4 % identificados como indígenas.

Andrés Álvarez, profesor de la Universidad de los Andes, ve en el envejecimiento poblacional una oportunidad para cerrar tres brechas: informalidad laboral, baja productividad y desigualdad social.
Explica que la mayoría de jóvenes inicia su vida laboral en empleos precarios, lo que dificulta su paso a la formalidad. La clave, afirma, es transformar la educación terciaria: mejorar su calidad, vincularla mejor a las demandas del mercado y convertirla en un espacio de encuentro que reduzca la segregación social. Además, propone que la formación superior sea flexible y permanente, de modo que los jóvenes puedan regresar a actualizarse y sostener proyectos de vida con mejores perspectivas.
Mientras la pirámide poblacional se invierte, crece la llamada “economía plateada”: el conjunto de bienes y servicios que demandan las personas mayores. Salud, vivienda adaptada, movilidad, tecnología, cultura, ocio y bienestar forman parte de un mercado en plena expansión.

“El envejecimiento no es una crisis, es una enorme oportunidad económica”, sostiene María Andrea Orduz, coordinadora del fondo multilateral Región Plateada, iniciativa del BID Lab y la Fundación Arturo Sesana, que busca fortalecer y dinamizar el mercado de soluciones dirigidas a la población mayor, un segmento en constante crecimiento y con un alto potencial de impacto, promoviendo a su vez una mayor oferta de financiamiento para este sector.
El fondo cerró su segunda convocatoria en septiembre tras recibir más de 1.900 postulaciones en el Caribe y América Latina. Su objetivo: financiar y acelerar empresas que ofrezcan soluciones para personas mayores, desde servicios de cuidado hasta tecnología. En su primera edición 35 proyectos obtuvieron apoyo y visibilidad, con financiación de hasta 100.000 dólares.
La economía del cuidado —los servicios remunerados y no remunerados que atienden a personas dependientes— equivale ya a entre 15 % y 20 % del PIB regional, y recae principalmente en mujeres. Transformar ese trabajo en empleo formal y bien remunerado es uno de los grandes desafíos.
Oportunidades para el sector privado
En Colombia cerca de 7 millones de personas tienen 65 años o más, una cifra que se triplicará para 2065 según la Cepal. Este escenario está impulsando iniciativas empresariales. El fondo de pensiones y cesantías Protección se unió al programa +50 Emprende Colombia, liderado por el Centro de Ciencia y Tecnología de Antioquia (CTA), para premiar el talento de emprendedores mayores de 50 años.
“Creemos en la fuerza transformadora de la experiencia. El retiro no implica inactividad; puede ser el inicio de una nueva etapa productiva”, afirma Ángela Maya, líder de Ahorro y Retiro en Protección.
La compañía promueve el emprendimiento sénior como vía para cerrar la brecha pensional y fomentar el ahorro sostenible a través de iniciativas como Startup Friendly, alianzas con ecosistemas de innovación y el acompañamiento a emprendedores con herramientas para quienes optan por construir un futuro financiero autónomo fuera del empleo tradicional.

El Banco Popular también se está reinventando. Bajo el lema “el banco para el mejor momento de la vida”, lanzó una estrategia para atender a este segmento con productos financieros, beneficios y modelos de servicio que combinan lo humano y lo digital.
“Acompañar a las personas mayores de 50 años en su segunda etapa de vida es apostar por el futuro, dados los cambios demográficos que estamos viviendo como país”, dice su presidenta, María Fernanda Suárez.
Bajo la premisa de convertirse en “el banco para el mejor momento de la vida”, esta evolución refleja el propósito y compromiso de la entidad con un segmento históricamente ignorado, que ahora toma un lugar central en la economía y en la sociedad.
Senior living, el modelo para un país que envejece
El más reciente informe trimestral de vivienda de Asobancaria advierte que el rápido envejecimiento de la población está transformando las bases del desarrollo urbano y las dinámicas del mercado inmobiliario.
El estudio subraya que millones de adultos mayores viven solos, desean permanecer activos y conservar su autonomía, pero carecen de opciones para hacerlo. Frente a ello, el informe propone abandonar el modelo de hogares geriátricos convencionales y apostar por soluciones como el senior living, comunidades que combinan vivienda privada con servicios de alimentación, recreación, seguridad y atención básica en salud.
Estos formatos permiten a los residentes decidir cómo vivir, qué servicios utilizar y cuándo recibir apoyo, sin sacrificar privacidad ni vida social. Para el sector inmobiliario, la tendencia abre oportunidades en modelos como Build to Rent (BTR), donde los desarrolladores construyen proyectos diseñados para el arriendo a largo plazo, o el Continuing Care Retirement Community (CCRC), que garantiza desde vivienda independiente hasta cuidados especializados mediante una cuota de ingreso y pagos mensuales.
Aunque en países como Estados Unidos, Dinamarca, España y México estas alternativas ya maduraron, en Colombia su desarrollo es incipiente. Asobancaria propone cuatro pasos: incluir el envejecimiento en los planes de desarrollo, crear normas que incentiven vivienda en arriendo, habilitar marcos de inversión público-privados y cambiar la narrativa que asocia vejez con dependencia.
La entidad concluye que una persona de 60 años hoy puede tener la salud de alguien de 45 hace décadas, lo que exige repensar la vivienda y el modelo social que acompañe una longevidad cada vez más activa.
La transición demográfica no solo redefine el sistema pensional. Exige políticas públicas que impulsen la productividad, incentiven el financiamiento privado y promuevan la participación laboral de los mayores.
“El impacto de la longevidad sobre la capacidad productiva aún no está plenamente dimensionado”, advierte Pabón. Pero, bien gestionado, puede ser un motor de crecimiento: un segmento con poder adquisitivo, tiempo libre y expectativas de calidad de vida.
Colombia, como la región, enfrenta el desafío de asegurar salud, ingresos y bienestar a una población cada vez más longeva. Pero también tiene ante sí la posibilidad de convertir el envejecimiento en una fuerza de innovación económica y social. De la cuna a la cana, el país está entrando en una nueva era.
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